sábado, 22 de diciembre de 2012

Detective Night - Capítulo 24

DETECTIVE NIGHT

El fin del mundo…


El subalterno aún mantenía la mano sobre el botón rojo grande que acababa de pulsar. Se produjeron unos instantes de silencio. Hiro, Izo y Seitei permanecían expectantes ante lo que pudiera ocurrir a continuación… Aunque ya se lo temían…
-Atención. Evacuación inmediata. Evacuación inmediata. Evacuación inmediata…- Repetía sin cesar una voz femenina pregrabada a través de unos altavoces que no llegaron a divisar al mismo tiempo que el botón rojo se puso a parpadear…
El subalterno aprovechó que aquellos tres estaban distraídos en su desconcierto para dirigirse a la puerta doble que tenía al lado…
-¡Eh! ¡Deténgase!- Le exhortó Izo saliendo corriendo hacia el tipo que ya estaba abriendo una de las puertas mientras lo miraba con expresión seria y desafiante…
Izo saltó por encima de la mesa, tirando varios enseres… pero cuando llegó al suelo, aquel tipo cerró la puerta y despareció de su vista. Izo llegó a la misma e intentó abrirla… Cerrada.
-¡Maldito…!- Exclamó el subinspector.
En la oscuridad del fondo del foso, tan solo asomaba media cabeza de “Kroky” de debajo del agua. Era ajeno a todo el jaleo que se estaba produciendo más arriba. Entonces, algo le llamó la atención: la puerta de barrotes metálicos que siempre permanecía cerrada se abrió automáticamente hacia arriba permitiendo pasar por la obertura. “Kroky” no se lo pensó dos veces y comenzó a nadar hacia dicha puerta, perdiéndose por el negro pasillo inundado…
Al terminar de abrirse la puerta de barrotes, se produjo un fuerte sonido por el choque del metal con la piedra… y este sonido llegó a los oídos del detective, que, hasta ese momento, había intentado pensar en alguna manera de salir de ahí… Izo seguía intentando abrir la puerta por la que el subalterno había escapado, mientras que Seitei hacía lo propio con la otra del extremo de la sala, con idénticos resultados… Mientras tanto, seguía aquella repetitiva e insistente voz robótica…
-¡Creo que he encontrado una salida!- Exclamó Hiro, haciendo que Izo y Seitei parasen de inmediato de hacer lo que estaban haciendo…
Ambos se lo quedaron mirando, expectantes. Entonces, el detective volvió a hablar…
-¡Seguidme!- Dijo saltando por el foso, para asombro de Izo y Seitei.
-¡Hiro! ¡¿Qué haces?!- Se horrorizó Izo…
-¡Señor Red!- Exclamó Seitei recordando con terror los ojos amarillos y brillantes de aquel enorme cocodrilo que estaba al fondo del foso…
Se escuchó el sonido provocado por el detective cayendo sobre el agua. Ambos fueron corriendo a asomarse por la trampilla…
-¡¿A qué esperáis?! ¡Saltad ya!- Urgía el detective.
Izo miraba frenéticamente en todas direcciones sin ver ningún posible peligro… Seitei se extrañaba por no ver ni rastro de aquel cocodrilo… Tras unos segundos de duda, ambos se dirigieron una mirada y estuvieron de acuerdo… Primero saltó Izo, que cayó con estrépito en el agua salpicando totalmente a Hiro… Y luego se dispuso a hacerlo Seitei…
-Bueno… Nos tendrá que comer a los tres…- Dijo, sin que nadie pudiera escucharlo, antes de saltar al vacío…

El subalterno caminaba por la mansión con relativa tranquilidad. Llevaba las manos cruzadas a la espalda mientras miraba a su alrededor con una mezcla de resignación y sensación del deber cumplido… Llegó al fin a una estancia que parecía una especie de sala de espera. Se sentó en uno de los largos sofás y esperó.

Por una obertura que desembocaba en un río cercano salieron a la luz del exterior el detective, el subinspector y el joven agente de policía.
-¿Cuánto debe quedar para que explote…?- Preguntó Izo deteniéndose a descansar…
En ese preciso instante, la enorme mansión estalló con una enorme llamarada que se expandió en todas direcciones. Al cabo de varios minutos, apareció el lugar donde había estado la casa, vacío hasta los cimientos, mientras se volvía a llenar con los restos que no habían salido despedidos a los alrededores, los cuales no llegaron a verse muy afectados… Era como si la explosión hubiera sido “controlada” para que afectara solo a la mansión…
Hiro, Izo y Seitei habían escuchado sobrecogidos el tremendo estruendo que había, incluso, hecho temblar el suelo…
-Si antes lo digo…- No pudo evitar decir Izo con ironía…
-Pues menos mal que no lo has dicho antes…- Observó Hiro, sabiendo a lo que se “arriesgaba”…
Seitei contuvo la respiración a la espera de la reacción del subinspector… Al principio, Izo se quedó callado, con una expresión indefinida… Hiro y Seitei comenzaban a asustarse más que cuando sabían que todo iba a volar por los aires…
Pero entonces el subinspector sonrió de forma relajada y comenzó reír a carcajadas. Después de respirar aliviados, Hiro y Seitei tampoco pudieron evitar comenzar a reír sin poder parar… Entonces Hiro cayó en la cuenta de algo.
-Izo. Ahora que ya se pueden usar las comunicaciones, deberías informar que hay por aquí un cocodrilo hambriento suelto…- Advirtió con evidente preocupación.
Preocupación compartida por Izo y Seitei. Los tres se pusieron a mirar alarmados en todas direcciones.


Tres días después.

Hiro había vuelto a su “rutina”, lo cual no era precisamente una buena noticia para el detective… Todo había vuelto al punto en el que se encontraba justo antes de que Izo le avisara para que fuera a ver algo que habían encontrado en la carretera…
Hacía una hora que se había hecho de noche. Entonces sonó el teléfono. Izo le informaba de que debían reunirse con Maze para tratar el asunto de “El Gourmet”. Al colgar, el joven detective se alegró de tener que ir a la comisaría. Pero… notaba algo extraño… Algo que no le gustaba nada…

En un amplio y cuidado despacho, con amplios ventanales que daban a la iluminada ciudad de Blue City desde una altura considerable, un tipo permanecía en la penumbra de su asiento tras una mesa de excelente calidad. Solo podía distinguirse el humo del puro que estaba fumando con deleite. En silencio, en aquella estancia prácticamente iluminada con la luz del exterior, una mujer joven, de larga melena rubia y su rostro semioculto con una gorra, miraba pensativa al exterior ante uno de los ventanales…
-Parece que aquel tragaldabas ha tenido problemas con nuestro “amigo”…- Dijo, con voz muy grave, con un tono entre divertido y de fastidio, el hombre que expulsaba humo sentado en su mullida silla de amplio respaldo.
La mujer no dijo nada. El hombre continuó hablando.
-Bueno… Tarde o temprano daremos con él… Pero ahora… Hay algo de lo que y yo debemos hablar…
La mujer levantó la cabeza casi imperceptiblemente, dejando ver sus ojos que miraban al frente con una expresión muy seria… El hombre prosiguió.
-Te he preparado una extraordinaria cena en mi casa… Y otras sorpresas…- Dijo con una perturbadora sonrisa, en un tono que a ella no le gustó nada…
Se giró de inmediato hacia aquel hombre que aún sonreía en la oscuridad.
-Ya te he dicho que no tendrás todo lo que quieres de mí- dijo claramente antes de darle la espalda y dirigirse en dirección a la puerta.
Mientras se alejaba y salía por la misma, la sonrisa de aquel hombre se fue tornando en una expresión de gravedad, con el ceño fruncido. Apagó el puro en el cenicero con fuerza antes de pulsar el botón del interfono.
-Señor- contestó una voz masculina.
-Reúne a diez de tus mejores hombres y espera instrucciones- ordenó.
-Sí, señor- contestó el tipo del otro lado antes de cortarse la comunicación.
Aquel hombre temible se quedó un rato en silencio, en la oscuridad, con las manos cruzadas y una expresión de seria gravedad.
-Has elegido la opción equivocada- dijo muy serio, con la mirada furiosa dirigida hacia la puerta…

La mujer joven del largo cabello rubio recogido en una cola, ataviada con pantalones tejanos ajustados azules, chaqueta de cuero ceñida negra, guantes de motorista negros, botas del mismo color y una gorra azul marino que apenas le dejaba ver la parte inferior del rostro, mostrando una expresión seria, avanzaba por el aparcamiento subterráneo del edificio que se disponía a abandonar. Iba con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta y solo se escuchaban sus pasos resonar en aquel solitario lugar…
Pero pronto descubrió que no estaba sola.
Cerca de donde se encontraba su motocicleta, aparecieron diez individuos vestidos de negro y con gafas de sol. Todos llevaban pinganillo y comenzaban a llevarse la mano a su arma… La mujer se detuvo, sin variar su expresión ni decir nada. Sabía que esto sucedería algún día. Uno de los tipos de negro avanzó unos pasos sin sacar la mano del interior de su americana negra.
-No nos lo pongas difícil… Será peor…- Dijo sin poder ocultar un deje de preocupación en su voz…
La mujer no dijo nada; ni se movió… El tipo sacó su arma y comenzó a elevarla lentamente hacia la cabeza de aquella mujer que permanecía inmóvil… Elevaba la pistola con cautela, confiando en que aquello se resolviera rápidamente y sin resistencia…
Pero, cuando aquel tipo pareció confiarse e iba a apretar el gatillo al tiempo que alcanzaba la altura de la cara de la mujer que tenía en frente, esta, con un rápido movimiento, le aprisionó el brazo y se lo luxó hacia atrás al tiempo que lo desarmaba y se hacía con la pistola, sujetando al tipo como si fuera un escudo… Justo cuando los demás sacaban sus armas, la mujer de la gorra comenzó a dispararles certeramente, acabando con uno detrás de otro… Algunos ni les daba tiempo de sacar su arma… En pocos segundos fueron cayendo bajo los seguidos disparos que sonaban con gran estruendo en aquel lugar… Pero al último solo lo alcanzó en un brazo ya que su “presa” se revolvió y la empujó hacia atrás… El tipo sacó un cuchillo de grandes dimensiones que brilló bajo la luz del halógeno más cercano… Pero la mujer le disparó en el pecho sin piedad y aquel tipo cayó al suelo con los ojos muy abiertos antes de cerrarlos definitivamente…
La mujer vio que solo quedaba el tipo al que había alcanzado en el brazo, el cual se dolía en el suelo. Este abrió mucho los asustados ojos cuando vio aproximarse con el arma en alto, implacablemente, a aquella mujer conocida como “La Dama Cruel”…
-¡No! ¡Por favor! ¡Se lo suplico! ¡Yo… acabo de ser padre… Mi hijo…!- Suplicaba con desesperación… Las lágrimas brotaban de sus ojos…
“La Dama Cruel”, al oír aquellas palabras, supo que decía la verdad… Durante un instante, al ver a aquel hombre de rodillas en el suelo, bajó un momento el arma… Pero luego, con una casi oculta mirada furiosa, apuntó de nuevo y disparó.

Una vez en la comisaría, Hiro e Izo se reunieron con el comisario para tratar el asunto de “El Gourmet”…
-¿Estáis seguros de que se trataba de quién decís?- Preguntó Maze a ambos.
Y ambos asintieron.
-Bastante seguros, comisario- confirmó Izo.
El comisario miró a Hiro, esperando que dijera algo. El joven detective estaba como ausente…
-¿Hiro?- Intentó “despertarle”…
El detective lo miró extrañado un segundo.
-¿Eh? ¡Ah, sí, sí! Lo era, lo era…- Dijo intentando mostrar que no había perdido la atención en ningún momento…
Izo lo miraba con ciertas ganas de reprobarle.
-De acuerdo. Como de costumbre, no hay más pistas; ni ningún rastro… Al volar la casa anulaba la posibilidad de seguir indagando… Lo tienen muy bien pensado…- Se lamentaba el comisario con rabia…
Tras unos instantes en los que el comisario Kaito Maze fue de lado a lado pensando, habló una vez más.
-Bien. Seguiremos en ello- dijo a modo de conclusión dirigiéndose a Hiro e Izo.
Ambos salieron del despacho de Maze después de que Hiro se despidiera del comisario. Una vez fuera, Izo pareció recordar algo.
-Oye Hiro… Hay algo que aún no te he preguntado… ¿Se puede saber porqué pretendías enfurecer a aquel loco cuando estábamos en la mansión…?- Quiso saber.
Hiro, al principio, se sorprendió por la pregunta. Y luego sonrió, cerrando los ojos con su expresión habitual, y contestó, encantado de que se la hubiera hecho.
-Los tipos como aquel, cuanto más alterados, más errores cometen- dijo sin añadir nada más.
Izo se lo quedó mirando con cierto recelo.
-Hiro… En estos casos, no sé si es que acertaste o tuviste una suerte que ni te esperabas…- No pudo evitar decir.
El detective sonrió, aunque una parte de él también a veces se hacía aquella pregunta… Izo sonrió y se dirigió a Hiro.
-Bueno Hiro, nos vemos pronto- dio amigablemente antes de marcharse.
Ambos amigos se despidieron y Hiro se encaminó hacia la salida. Pero, antes de abandonar la gran sala común, no pudo evitar escuchar una conversación entre dos agentes que le llamó la atención.
-¿Dónde dices?-Preguntaba uno de ellos.
-En un edificio de oficinas del centro de la ciudad. Al parecer, ha habido un tiroteo en el aparcamiento subterráneo…- Decía el otro.
Hiro escuchaba atentamente.
-¿Y dices que ha habido muertos?- Preguntó el primero.
-Sí. Nueve… y un herido en un brazo- prosiguió el segundo.
-¿Y qué ha dicho el herido?
-Nada claro. Hablaba de un ataque terrorista o algo así…
Hiro sabía que ya había escuchado suficiente. Salió al exterior dándole vueltas a aquello.
Una vez fuera, recordó que había aparcado en una calle próxima y no delante de la comisaría. Había preferido hacerlo así para no llegar de inmediato al edificio… Comenzó a bajar los escalones de la entrada principal cuando algo le hizo girarse a su izquierda.
Y allí estaba. Era Aki. Estaba de pie, de espaldas a Hiro. El joven estuvo tentado de llamarla… Pero entonces… Contempló desolado como un tipo joven se acercaba sonriendo hacia ella… Hiro sabía lo que iba a suceder a continuación…
Aki y el tipo joven se abrazaron y se besaron. Ante un paralizado Hiro que solo quería que le tragase la tierra…
Hiro decidió que debía irse de allí de inmediato. Se dio la vuelta y se dirigió hacia donde tenía su coche…
Mientras se alejaba, aún abrazada a aquel al que había besado, Aki se percató de la presencia de Hiro… abriendo mucho los ojos…

“La Dama Cruel” circulaba sobre su potente motocicleta negra por un largísimo túnel. Daba vueltas por la ciudad sin saber qué hacer a continuación. Sabía que, en su situación, solo había una cosa que podía hacer. Aún recordaba perfectamente aquella noche en la que vio en aquella discoteca a aquel joven enfrentándose a “El Rastreador”…

Hiro había llegado a su casa hacía pocos minutos. Estaba destrozado… hundido… Ya nada tenía sentido…
Tras darle vueltas a la cabeza durante largo rato, tomó una determinación: dejaría de colaborar con la policía. Estaba harto de todo aquello. No quería volver a verla nunca más… Quizá incluso dejara la ciudad…
Cuando estaba sumido en estos oscuros pensamientos, alguien dio un par de suaves golpes a la puerta… Hiro, al principio, no pensaba abrir… Pero volvieron a escucharse dos nuevos golpes y Hiro, a su pesar, fue hasta la puerta…
Cuando abrió, se encontró ante él a una mujer que ya había visto antes… Rubia… Una chaqueta ceñida… Guantes de motorista… Una gorra… Hiro estaba seguro de quién se trataba. Ahora sí estaba perdido. Quizá fuera lo mejor…
-Señor Red…- Comenzó a decir aquella mujer.
Hiro no dijo nada. Estaba resignado.
Entonces, la mujer se quitó la gorra, dejando que el largo pelo suelto cayera sobre sus hombros y espalda. Hiro quedó impresionado al ver su extraordinaria belleza; y sus ojos verdes cuyas pupilas titilaban… Hiro se dio cuenta de que aquella joven le miraba con una expresión de miedo e indefensión…
-Señor Red… Necesito su ayuda…



Continuará…

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