El vigilante
Luna Zeta-02.
Año 2336.
El sargento del ejército de los Estados Unidos Bruce Hart despertaba en aquellos momentos, iluminado por la luz cegadora de aquel sol extraño que entraba por la pequeña ventana cuadrada de esquinas redondeadas. Era dos veces más grande que su sol, y no permitía la existencia de vida en el planeta cercano al que pertenecía aquella luna enana en la que se encontraba desde hacía casi un año. De hecho, se encontraba en un enorme y único desierto que ocupaba la total superficie del satélite; un lugar en el que nunca se hacía de noche, tan solo cambiaba la intensidad de la luz…
Hacía relativamente poco que el ser humano se había establecido en aquel lugar (craso error, en su opinión), y había construido una colonia, con la esperanza de hacer de aquel lugar un sitio habitable, aparte de para los microorganismos que fueron hallados antes de instalarse en aquel rincón lejano de la Vía Láctea…
Concretamente, habían construido tres mini-ciudades, visibles desde la posición en la que se encontraba. Ya que él ocupaba la torre de vigilancia situada entre los tres vértices del triángulo que formaban aquellas poblaciones de colonos. Y él era el vigilante.
Le ofrecieron el puesto en un momento de su vida en el que había considerado que no tenía nada que perder… Y así lo pensaba aún.
Bruce era un tipo medianamente corpulento de unos cuarenta años. Pelo corto y castaño claro, ahora con barba, y ojos color verde oscuro. Tras vestirse, iba ataviado con el uniforme oficial del ejército de los Estados Unidos, concretamente el destinado a operaciones en el desierto; aunque ahora, de cintura para arriba, iba con la camiseta sin mangas verde muy oscuro, que dejaba a la vista sus placas correspondientes y de las que sentía especial orgullo.
La verdad es que nadie más había aceptado aquella misión. Y no le extrañaba. Ya desde que se informó de la situación, no pintaba muy apetecible: calor extremo, soledad, disponibilidad las veinticuatro horas, posibilidad de incidencias desconocidas (o de origen desconocido)… Y, una vez allí, debía reconocer que no exageraban en absoluto. Eso sí, aún no había tenido que hacer frente a ninguna de aquellas “incidencias desconocidas”… En realidad, había sido un año tremendamente monótono; casi deseaba a veces que ocurriera algo…
Como cada mañana (aunque eso era algo relativo) subía las escaleras de caracol que le llevaban a la zona más alta de la torre de vigilancia. Llevaba los prismáticos. Se había puesto la chaqueta, preparada especialmente, al igual que el resto de su uniforme, para protegerle en gran medida de las radiaciones solares; también llevaba las gafas, ya que el casco le molestaba, más que otra cosa. De todos modos, le habían recomendado no pasar más de diez minutos seguidos expuesto…
Al llegar arriba, abrió la puerta deslizante tras pulsar un botón y salió al exterior. El cielo era blanquecino, cegador; el terreno era llano hasta donde alcanzaba la vista, un yermo. A veces se preguntaba qué demonios habían ido a hacer allí…
Y allí no muy a lo lejos, rodeándole de forma geométrica, formando un triángulo equilátero, se encontraban las tres sub-colonias que debía vigilar. Eran unas construcciones de un blanco impoluto, cubiertas por unas cúpulas invisibles que las protegían de las radiaciones. Aquí el calor no producía el efecto ondulante sobre la visión; la colonia entera se erguía intacta, como desafiando al enorme sol que parecía amenazar con tragárselo todo…
Bruce activó los prismáticos y oteó a su alrededor. Todo parecía en calma. No muy lejos de su posición una de las habituales expediciones científicas se encontraba en su labor de extracción de muestras, análisis del aire, etc. Lo que era un día normal. Uno más.
Lo cierto es que, desde que se encontraba allí, aún no había tenido contacto con nadie. Tenía órdenes estrictas de no abandonar su puesto. Bajo ningún concepto. Y tampoco nadie había ido a hacerle una visita… Pero, viendo lo ocupados que estaban aquellos hombres que habían llegado en un vehículo similar a un jeep cubierto (él también tenía uno) lo entendía. Tras una nueva oteada con los prismáticos de largo alcance, decidió volver al interior antes de acabar como un huevo frito…
En lo que restaba de día, aún subiría a la zona de observación dos veces más, una pasado el mediodía terrestre y otra antes de la noche. Allí se guiaba por los horarios de la Tierra, algo a lo que no pensaba renunciar a pesar de la insistencia de los pesados de la base en su planeta de origen. De eso ni hablar.
Era hora de desayunar. Tras una comprobación rutinaria de los sistemas de vigilancia de la torre, se dirigió a la despensa. Allí, dispuestas en estantes que iban del suelo hasta el techo y que ocupaban la totalidad de las paredes, estaban las provisiones. Todas herméticamente cerradas en bolsas de color aluminio, protegidas de posibles agentes patógenos que pudieran contaminarlas. Cada una con su etiqueta correspondiente, en la cual aparecía una fotografía del alimento o plato preparado que representaba. De todos modos, una vez pasado por el microondas especial, todas acababan siendo una papilla uniforme de diferentes colores, cuyo sabor, en el mejor de los casos, recordaba a lo que había en la foto… Era algo que tenía que mejorarse. Quizá el que le sustituyera en siguiente lugar tendría esa suerte.
Quedaban provisiones para los próximos cuatro años. La mayor parte la había transportado él mismo a su llegada a aquel inhóspito lugar. Pero su estancia terminaría en menos de seis meses, si no había ningún imprevisto, y no creía que se acabara la totalidad de aquellas “deliciosas” papillas de colores en aquel tiempo… que las “disfrutara” el siguiente…
A decir verdad, una vez pasaron algunos días tras su llegada, ya empezó a preguntarse si había sido buena idea aceptar aquella misión… Echaba cada vez más de menos la Tierra. El viaje había sido muy excitante, lo reconocía, pero… De todos modos, ya quedaba menos…
Una vez hubo desayunado (si a aquello se le podía llamar desayunar) se sentó, como hacía la mayor parte del día, ante la consola de control. Desde allí tenía acceso a todos los parámetros que median los diferentes instrumentos (colocados por él mismo) situados en los alrededores de la torre de vigilancia. Varios monitores le mostraban la actividad de los alrededores recogida por las diferentes cámaras de alta definición instaladas. Aunque aquello de “actividad” era relativo. En todo el tiempo que llevaba allí, no había habido una sola incidencia visual; tan solo una vez pareció verse algo que se movía a escasos doscientos metros de distancia de la torre… pero había resultado ser una interferencia en la cámara. Aquella vez casi se sintió decepcionado…
Se acercaba el mediodía. Volvió a ponerse la chaqueta, las gafas y, esta vez, el casco. Subió arriba. Una vez allí, volvió a otear con los prismáticos el estático horizonte. Los científicos ya habían regresado; hoy se habían dado prisa, a su parecer. ¿Quizá habían descubierto algo y habían salido disparados al laboratorio a analizarlo? Lástima que no pudiera ir a ver qué pasaba por allí… Se iría de aquella luna con las ganas de ver el interior de la colonia.
Con aquellos pensamientos frustrantes regresó al interior. Faltaba poco para la hora de comer. Más papilla. Regreso a su asiento de respaldo alto frente a la consola de control. Una vez allí, como era habitual en aquellos momentos, preso de la monotonía reinante, se perdía en sus pensamientos, en sus recuerdos… De vez en cuando, miraba con la mirada perdida hacia arriba la pequeña ventana por la que entraba la poca luz que iluminaba la estrecha estancia. Comenzaron a pasar las horas…
Y entonces, durante un momento, menos de un segundo, ocurrió algo. Fue como un parpadeo; como cuando algo pasa por delante del sol y la luz disminuye momentáneamente… Al principio, Bruce no le dio importancia. ¿Cuántas veces había visto eso?
Pero entonces cayó en la cuenta. Sí que lo había visto… Pero en la Tierra. Allí no. ¡Allí no había nada! ¡Nada podía tapar el sol! ¡Aquel sol…!
Se levantó de inmediato, casi tropezando con los diferentes manuales que tenía dispuestos en pequeñas columnas por el suelo alrededor del asiento… Se volvió a embutir en la chaqueta y nuevamente se colocó las gafas y el casco… Iba atropellado… Ascendió a toda prisa por las estrechas escaleras de caracol que llevaban a la zona de observación a la vez que preparaba los prismáticos y pulsó de forma impaciente el botón que abría la puerta al exterior…
Salió con súbita cautela, frenándose y preparándose para averiguar el motivo de aquel hecho extraño que había tenido lugar… Ahora pensaba que quizá era cosa de los científicos; o quizá hasta él se lo había imaginado por la exposición a aquel enorme sol que lo iluminaba todo permanentemente… Parecía que comenzaba a tranquilizarse ante estas posibilidades…
Pero nada de eso. Lo que vio no se lo esperaba. Casi no le hicieron falta los prismáticos para ver aquello… Faltaba uno de los vértices: una de las sub-colonias había desaparecido. Desaparecido totalmente; no quedaba ni rastro, ni ningún resto… Y él no había oído nada… ni había visto nada por ninguna cámara… Pero, ¿qué había pasado? ¿Un meteorito? No había cráter, no había habido estruendo, fuego… Se quedó largos minutos, temblando, allí arriba, sin entender nada…
Pero ahora pasaba algo más. Aquello sí que era extraño. Proveniente de uno de los dos vértices que permanecían del triángulo que formaba la colonia y en cuyo centro se encontraba él, llegaba un nuevo vehículo con un equipo científico; relativamente normal, teniendo en cuenta el suceso que había tenido lugar… Pero algo pasaba: no se dirigían al lugar anteriormente ocupado por la sub-colonia… Se dirigían a otro punto, más bien alejado y comenzaban a realizar sus labores rutinarias de recogida de muestras, como si nada… es que ni miraban hacia la dirección donde ahora no había nada…
Bruce no lo entendía. Aquello era muy extraño. Decidió que, a pesar de las claras órdenes que tenía de no abandonar su puesto, debía ir a investigar…
No había estado muchas veces en aquella estancia, tan solo para labores de mantenimiento. En la misma se encontraba un modelo similar de vehículo al utilizado por los científicos; básicamente se trataba del mismo pero de menos plazas. Desde que estaba allí, solo lo había cogido un par de jornadas para instalar las cámaras y los sensores, más que nada para no acabar achicharrado ante la larga exposición al sol… Subió de inmediato. Puso en marcha el motor y activó la apertura automática de la puerta que daba al exterior… La brutal luminosidad cegadora entró con fuerza en la estancia; afortunadamente los cristales del vehículo, el cual era de color similar al de los que utilizaba el ejército para operaciones del desierto, estaban preparados para absorber gran cantidad de radiación; por fuera eran de color oscuros y no permitían ver el interior. Cuando la puerta hubo subido del todo, Bruce pisó el acelerador y salió directo hacia donde se encontraba el equipo de científicos. Tenían algunas explicaciones que darle… quizá, incluso, ellos eran los responsables de aquel extraño suceso…
Pero cuando se aproximaba al lugar donde les acababa de ver hacía unos minutos, ya no se encontraban allí. Alcanzó a ver el vehículo alejarse hacia la sub-colonia de la que había salido para terminar desapareciendo…
-¡Mierda!- Exclamó Bruce golpeando el volante con el puño…
Detuvo el vehículo. Estaba en medio de aquella ardiente desolación, solo. Nunca antes se había aventurado tan lejos de la torre… Estaba echado sobre el volante, con los brazos cruzados y apoyados en el mismo. Necesitaba pensar…
-Claro…- Dijo incorporándose y abriendo mucho los ojos… estaba claro lo que tenía que hacer…
Decidió ir a inspeccionar la zona donde estaba situada la sub-colonia desaparecida… Arrancó y fue en esa dirección.
No estaba muy lejos de donde se encontraba. Por más que se acercaba, no veía ninguna evidencia de cuál podía haber sido el motivo de aquello… ya estaba llegando…
Entonces algo apareció a escasos metros de distancia, obligándole a dar un tremendo volantazo que amenazaba con volcar el vehículo… Y aquello, tal como había aparecido, inmediatamente, había desaparecido… El coche se había detenido.
-Pero que…- Bruce no lo comprendía… pero podría asegurar que lo que acababa de aparecer ante sus ojos (y desaparecer de inmediato)… era la sub-colonia.
Pero, eso no puede ser… ¿Qué era lo que estaba pasando allí?
De pronto vio algo reflejado en el retrovisor del lado del copiloto. Fue “reptando” de inmediato hasta situarse a escasos centímetros del mismo para comprobar lo que veían sus ojos… Era una especie de objeto que emitía un haz de luz, ahora parpadeante, como si estuviera estropeado…
-“Estropeado…”- Bruce intentaba desechar la idea que comenzaba a asomársele por la cabeza…
Bajó del vehículo y fue hasta allí, con cuidado de no hundirse en el suelo arenoso…
Pero… ¿Qué era aquello? Parecía una especie de proyector. Bruce lo examinó unos instantes y le dio unos golpecitos… De pronto, volvió a aparecer la sub-colonia ante él… para volver a desaparecer una vez más. Era un proyector holográfico. Bruce no se lo podía creer.
En ese momento, en la lejanía, vio a simple vista un nuevo equipo de científicos que bajaban de su vehículo y hacían la instalación de los instrumentos de medida… Bruce regresó corriendo a su vehículo y lo puso en marcha… aquella sería la prueba definitiva…
Arrancó con fiereza y pisó al máximo el acelerador… no estaba seguro de lo que estaba haciendo pero en aquellos momentos ya le daba igual… A medida que se aproximaba, aquel grupo de hombres no parecía percatarse de su proximidad… ni giraban la cabeza siquiera… Bruce apretó los dientes de rabia y presionó con más fuerza el pedal del acelerador a pesar de que no daba más de si… estaba a escasos metros, con el motor rugiendo, y aquellos estúpidos le ignoraban completamente…
-¡Aaaaah!- Bramó Bruce justo antes del impacto…
Pero no hubo ningún impacto. Atravesó al grupo (vehículo incluido) como si fueran fantasmas… Frenó y el coche se detuvo. Miró por el retrovisor y era como si no hubiera pasado nada… ellos seguían a lo suyo…
Ahora lo entendía todo. Regresó a la torre
Una vez allí, intentó ponerse en contacto con la base, a pesar de las indicaciones de que serían ellos los que se pondrían en contacto con él:
“No hay respuesta.”
Lo que se imaginaba. Hasta ese momento ni lo había intentado… por obedecer las malditas órdenes… ¡Le habían mentido! ¡Estaba solo en aquel infierno! Pero… ¿Por qué? Bruce le dio vueltas a esto un rato. Finalmente llegó a una conclusión: él no era un vigilante… ¡Él era un sujeto de prueba! La prueba consistía en ver cuanto podía resistir un humano en aquellas condiciones extremas…
-“Pues el experimento ha concluido”- determinó.
Se dirigió a un cajón cerrado con llave, la cual siempre llevaba encima. Abrió el cajón con la pequeña llave. De su interior extrajo una pistola. Llenó el cargador y regresó a su “puesto”…
Antes de ponerse la pistola en la sién, negó con la cabeza. Ahora tendrían que buscarse a otro para reírse de él… comenzó a pulsar el gatillo…
Entonces comenzó a escucharse un sonido. Procedía de la consola de control: un indicador luminoso parpadeaba con una luz roja. Estaba recibiendo una llamada de la base; la primera desde que estaba allí… Bruce dejó la pistola y pulsó el botón de respuesta.
-Aquí el sargento Bruce Hart, vigilante de la torre en la luna Zeta-02…- Se apresuró a informar…
Había interferencias.
-Sargento Bruce Hart… le llamamos desde la base… tenía instrucciones claras de no ponerse usted en contacto con nosotros…- Hablaba una voz femenina y aséptica.
Bruce recordó el descubrimiento que acababa de realizar y que había estado a punto de dispararse por ello…
-¡Váyanse al infierno! ¡Estoy aquí yo solo, rodeado de hologramas!- Estalló.
Al otro lado se hizo el silencio, el cual se prolongó durante varios segundos…
-Señor Hart… aquí en la Tierra hemos tenido problemas…
Bruce abrió la boca.
-¿Problemas?
Un nuevo silencio, que casi le hace perder los nervios por la impaciencia…
-Hemos sido atacados… estamos completando la evacuación… nos dirigimos a un planeta cercano a donde se encuentra usted… dentro de unas horas podemos ir a buscarle…
Bruce estaba intentando asimilar todo aquello.
-Pero… entonces… la Tierra…- Notaba como le comenzaban a asomar las lágrimas…
Las interferencias se intensificaban.
-Estamos evacuando a los civiles… pero hay gente combatiendo… estoy segura de que usted sería de gran utilidad contra las fuerzas invasoras…
Bruce, tras oír aquellas palabras, notó algo renacer en su interior…
-Estoy preparado para entrar en combate- dijo con decisión.
Al otro lado escuchó una breve risa de aprobación.
-Muy bien… permanezca a la espera… tras ser recogido, saldrá de inmediato hacia la Tierra… quizá incluso podamos vernos en persona…
Bruce se dio cuenta de que la mujer con la que hablaba seguía en la Tierra a pesar de estar siendo atacada…
-Espero que sí…- Dijo.
Nuevas interferencias.
-Espero… Esperamos su llegada, sargento Hart…
Bruce se irguió.
-Allí estaré- dijo con la mirada cambiada.
Y en ese momento se cortó la comunicación.
FIN
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