jueves, 18 de julio de 2013

La chica del mar

La chica del mar



Una nube transparente había cubierto momentáneamente el sol a aquella hora de la mañana, cuando no es ni muy temprano ni muy cerca del mediodía. Las gaviotas parecían haber sido ahuyentadas ante el descenso de luminosidad y temperatura; ahora la brisa marina se había transformado en un viento frío y amenazante, que silbaba entre las afiladas rocas. En las mismas, el agua rompía ahora con más fuerza, formándose una espuma que poseía ese sonido característico que se percibe mejor cuando se está más cerca… El mar ahora se había revuelto un poco, produciendo olas cada vez mayores.
Sobre una de estas rocas, viéndose cada vez más salpicado por las ahora más embravecidas aguas, se encontraba Jin, un joven de diecisiete años, de tez morena y cabello largo y revuelto de color negro; sus ojos eran de color castaño oscuro, y en aquellos momentos no quitaban la vista de la red que sujetaba con ambas manos y que se encontraba sumergida junto a la roca bajo sus pies descalzos… Iba ataviado con una camiseta blanca, tan vieja que casi no tenía ya mangas, y unos pantalones tejanos cortados un poco por debajo de las rodillas. En aquellos instantes toda su atención se encontraba en aquella red que sostenía con sus brazos…
-¡Lo tengo!- Exclamó al percatarse de que algo había quedado atrapado en la red.
Comenzó a hacer fuerza para sacarla del agua… pero, lo que fuera que hubiese capturado, pesaba bastante…
-¡Iaaaah!- Gritó con fuerza, como ayudándose para llevar a cabo el esfuerzo de sacar aquello
Finalmente, la red emergió bruscamente en su totalidad, mostrando un pez de gran tamaño que se encontraba enredado en su interior… Jin estaba exultante, rodeado por las gotas de agua iluminadas por el sol que regresaba, que acompañaban al impresionante pez capturado…
Pero entonces le cambió la cara cuando, para su consternación, se resbaló hacia atrás, soltando uno de los lados de la red…
-¡Oh no!- Se lamentó mientras caía hacia el suelo y veía claramente, medio cegado por el sol, como su captura se deslizaba por el aire de regreso a su elemento natural.
Jin se quedó sentado unos instantes, presa de la frustración; llevaba cerca de dos horas intentando pescar algo digno… y lo acababa de perder por un error de principiante.
Y es que él no era ningún principiante. Desde muy pequeño había ayudado a su padre, de oficio pescador, a realizar las más diversas tareas. Había aprendido muchos secretos del oficio, técnicas que no todo el mundo dominaba… y ahora le pasaba esto. La frustración comenzó a dar paso a la ira…
-¡Maldita sea!- Exclamó con rabia, controlándose por no golpear con el puño en la roca sobre la que se encontraba…
Se quedó un rato sentado, con los brazos cruzados delante de las rodillas flexionadas, mirando hacia el horizonte en aquel día ahora casi despejado… Volvía a hacer calor; y el agua se había calmado. Las gaviotas habían regresado. Un tiempo más propio del incipiente verano.
Al fin decidió que era hora de marcharse a casa. Había madrugado para nada… Emitió un sonido parecido a un “psé” y se incorporó con agilidad.
Entonces, tras introducir los pies en las sandalias, cuando estaba a punto de marcharse, al girarse, le pareció ver algo con el rabillo del ojo… algo en el agua. Se giró de nuevo para fijarse mejor. Durante un instante, ni un segundo, le pareció ver una figura humana, un poco a lo lejos… una mujer… Pero, tras escudriñar durante un rato el mar que se extendía ante él, llegó a la conclusión que debían haber sido imaginaciones suyas…
Ahora sí que se iba. Pero no pensaba rendirse. Regresaría mañana por la mañana, con la red vacía que tenía ahora entre sus manos.

Jin caminaba regreso a su casa por un camino de asfalto poco transitado. Desde allí, podía verse el mar a su derecha, a cierta altura y en la lejanía. Podía ver algunos barcos de pesca faenando a aquellas horas, cuando seguramente llevaran desde que despuntara el alba. Ahora hacía bastante calor.
Cuando llevaba un rato caminando, con los ojos entornados por la luminosidad reinante, vio más adelante a una chica montada en una bicicleta que se dirigía hacia donde se encontraba. La conocía. Se detuvo para esperar a que llegara a su altura…
-¡Hola Jin!- Exclamó la joven, utilizando un tono alegre.
-Hola Kara- contestó con entusiasmo moderado…
Kara era una joven de la misma edad de Jin. Tenía el cabello pelirrojo recogido en una cola no muy larga; sus ojos eran azul claro y su piel blanca; iba vestida con una camiseta de tirantes blanca con finas rayas rojas, unos pantalones muy cortos de color rojo y unas sandalias. Era muy guapa y la poca ropa que llevaba dejaba en evidencia sus desarrolladas curvas…
Jin la conocía desde que eran niños. Habían ido al colegio juntos. Incluso habían estado en muchas ocasiones uno en la casa del otro, para hacer deberes o jugar… hasta el último día. Habían quedado para que él le pasara unos apuntes del instituto. Jin había decidido que aquel sería el gran día. Por fin le diría lo que sentía por ella desde hacía mucho tiempo… Pero una llamada del teléfono móvil de Kara acabó con todo. La manera en que contestó y como le cambió la cara fueron prueba más que suficiente de quién había llamado… Desde entonces había procurado evitarla; la verdad era que no quería saber nada más de ella… nunca.
-Hace días que casi no te veo… ni siquiera por el instituto…- Comentó Kara, aparentemente despreocupada, mientras Jin no sabía hacia donde mirar para no verla directamente a los ojos…
-Yo… He estado… por ahí…- Se lamentó por aquella respuesta tan defectuosa…
Kara asintió, como queriendo mostrar que aquella respuesta le valía… Ella y él se quedaron en silencio, sin saber qué decir, durante unos incómodos segundos.
-Bueno… Me voy. Me alegro de verte…- Ahora el tono de la joven ya no era tan alegre…
-Bien, bien… Hasta luego- contestó Jin sin apenas mirarla, forzando una media sonrisa e intentando ser amable. Solo quería que se fuera.
A Jin le pareció que Kara había notado esto, ya que, tras dedicarle una sonrisa también forzada en una expresión de súbita seriedad, emprendió la marcha cuesta arriba sin decir nada más…
Jin se sintió fatal en aquellos momentos. Pero no era su culpa, pensó… La culpa era de ella…
Se giró para ver como se alejaba, sin mirar atrás… Se fijó en sus sinuosos movimientos sobre la bicicleta, embriagándole momentáneamente… hasta que sacudió la cabeza apartando la mirada, como intentando desprenderse de su influjo… No pensaba permitir volver a caer

El resto del camino fue horrible. Sentía como se iba desintegrando a cada paso; a cada paso que se alejaba de ella…
Entró en su casa, una construcción de dos pisos cuya forma recordaba a la de un faro; además, se encontraba a los pies de un acantilado, con el mar extendiéndose hacia el horizonte… Desde allí arriba se escuchaba el agua romper contra la pared rocosa, a pesar de la altura que había hasta abajo.
Su padre aún no había llegado de faenar, y su madre preparaba uno de sus deliciosos guisos en la cocina. Saludó al llegar y subió directamente a su habitación, situada en el piso de arriba.
Desde la ventana de su habitación se veía el mar. A veces se pasaba incluso horas mirando y observando cada detalle del paisaje, siempre cambiante, que tenía ante él, sentado ante su escritorio y dejando pasar la luz del día a través de la ventana… Pero aquel día, como le pasaba mucho últimamente, no tenía ganas de contemplar ningún paisaje. Tal como entró por la puerta de su habitación se tumbó en la cama y cerró los ojos. No tenía ganas de nada. Sabía que tenía trabajo que hacer del instituto… pero era sábado, tenía tiempo, decidió. Ahora no quería pensar en eso. Ni tampoco en ella; pero era imposible…
Tardó un rato en escuchar a su madre llamarle para comer. Como de costumbre, al mediodía comían ellos dos solos, ya que su padre normalmente no regresaba hasta que se ponía el sol. Al acabar, él se encargó de lavar los cacharros como hacía todos los días y dijo que subía a estudiar. Y esa era la intención… pero no podía…
Pasó el resto de la tarde mirando al techo de su habitación.
Cuando llegó su padre, la cena ya estaba preparada, como de costumbre; su madre se guiaba por el sol. Bajó, cenó, a pesar de que, al igual que al mediodía, no tenía demasiada hambre… y regresó a su habitación tras dar las buenas noches a sus padres. Ahora ya no volvería a bajar hasta el día siguiente.
Una vez de regreso en su habitación, se disponía a tumbarse de nuevo a dejar las horas pasar hasta que le venciera el sueño. Pero, como si algo lo atrajera de alguna forma, decidió dar un último vistazo por la ventana.
Aunque aún no era luna llena, había luz suficiente como para distinguir con bastante claridad el mar allí abajo; la misma se encontraba reflejada en unas aguas calmadas…
Y entonces vio algo. O por lo menos eso le pareció a él. Se acercó más a la ventana, apoyando las manos con los brazos estirados sobre su escritorio… Escudriñó el mar en la oscuridad nocturna… Nada. No vio nada. Pero, aquello que había visto (o le había parecido ver) le recordó lo de aquella misma mañana. Si había sido una ilusión… había sido la misma: una mujer en el agua.
No tenía intención de hacerlo, pero decidió que mañana temprano volvería a levantarse, no para pescar, sino para volver al mismo sitio que el día anterior e investigar…

A la mañana siguiente, se levantó incluso más temprano. Aún no comenzaba a salir el sol cuando salía por la puerta de su casa y giraba a la izquierda, subiendo la cuesta que formaba la vieja carretera, para más tarde emprender el descenso, casi en picado, hasta la pequeña cala donde solía ir a pescar. Ni siquiera llevaba la red.
Una vez allí oteó a su alrededor. Aquel día el agua estaba ligeramente embravecida. Hacía viento y algo de frío. Jin se quedó de pie sobre las rocas, con los pies protegidos por sus sandalias; la verdad es que no sabía qué esperaba encontrar.
Así pasaron unas dos horas. El sol había salido ya, pero hacía cada vez más viento… Pensó que estaba perdiendo el tiempo. Hacía muy mal tiempo como para que nada fuese tranquilamente por el agua, por lo menos por la superficie… Y parecía que esto también iba por las imaginaciones…
Pero entonces, cuando estaba a punto de irse, escuchó algo. No veía nada, ni a nadie, pero oía lo que le parecía cada vez con más convicción un canto… un canto femenino… No podría decir con seguridad de donde provenía, pero lo oía cada vez con más claridad, y más alto… Era un canto muy agradable. A medida que lo escuchaba, y lo identificaba mejor, le gustaba más y más, y notaba como si se sumergiera en otro mundo, del cual ya no quisiera salir nunca más…
Entonces una ola furiosa rompió en la roca que tenía a sus pies, empapándole y haciéndole “despertar”. Y aquel canto dulce y misterioso, comenzó a apagarse como había llegado…
Con cierta desesperación, se quedó muy quieto, en silencio, deseando con todas sus fuerzas volver a escuchar aquella canción… pero ya no se oía nada más que el mar rompiendo contra las olas.
Decidió volver, con sensación de frustración y atento por si comenzaba de nuevo mientras se iba alejando camino a casa…
Aquel día no se encontró a Kara. Le daba rabia reconocerlo, pero una parte de él deseaba que apareciera por alguna parte y le saludara con su dulce voz y su sonrisa… y entonces casi se obligó a recordar el canto de hacía unos instantes para quitarse aquellos pensamientos de la cabeza…
El día transcurrió como el anterior. Pero al llegar la noche, Jin cenó lo más deprisa que pudo y subió cuanto antes a su habitación, con el pretexto de que aún debía acabar algunas cosas para el día siguiente en el instituto. Y era verdad; pero no era ese el motivo de que regresara tan pronto a su habitación: recordó como, el día anterior, le había parecido ver aquella figura femenina desde su ventana; y esperaba volver a verla aquella noche… No dormiría si era necesario. Quería comprobar si aquel canto pertenecía al mismo ser extraordinario…
Y así pasó largo rato ante la ventana. El mar se había calmado respecto al resto del día; incluso hacía menos frío a aquellas horas que cuando había sol. Y lo volvió a oír. Al principio no se lo podía creer, pero era claramente el mismo canto que había escuchado aquella mañana… y parecía provenir del lugar donde había estado, viajando por el aire nocturno… Aunque era como si solo lo estuviera escuchando él… Mejor así, pensó… Miró al cielo y vio que había luna llena. No se lo pensó dos veces: bajó las escaleras en silencio y salió por la puerta sin hacer ruido, ya que sus padres permanecían en el salón…
Algún que otro coche se cruzó en su camino mientras se encontraba descendiendo la cuesta que llevaba a la cala. En uno de ellos iba Kara, sentada junto a su padre, que conducía. La chica reconoció a Jin de inmediato. ¿Qué hacía por ahí a aquellas horas un domingo por la noche?, se preguntó.
Jin llegó a la cala. No había dejado de escuchar el canto desde hacía un rato; y cada vez lo oía más alto y claro… y se sentía como atraído hacia la fuente de aquel sonido…
Se encontraba en el mismo lugar que ocupara aquella misma mañana. Oía el canto pero no sabía de donde provenía…
Y entonces se acordó. Hacía mucho tiempo que lo sabía pero casi se había olvidado: cerca había una cueva. Solía ir con Kara cuando eran más pequeños. Comenzó a pasar entre las rocas con cuidado… cada vez se acercaba más a aquella voz embriagadora…
Finalmente encontró la cueva. No se había movido de su sitio en todos aquellos años. Accedió al interior, con creciente ansiedad por la cercanía de su objeto de deseo…
Y la vio. La luz de la luna que se filtraba entre las rocas, iluminaba un estanque de agua salada que conectaba con el mar. Y, recostada sobre la pared de roca, con una mirada que lo atravesaba con unos ojos de un azul imposible de definir, se encontraba una mujer, de una belleza increíble, cuyo largo cabello ondulado, de un intenso tono anaranjado, le caía por los hombros, cubriendo sus pechos desnudos, al igual que su voluptuoso cuerpo medio sumergido en el agua…
El canto había cesado. Tan solo lo miraba con aquellos ojos llenos de intención… Como si le estuviesen diciendo “ven”, no pudo evitar aproximarse hasta entrar en el agua, la cual le llegaba por la cintura… Se fue acercando, atraído inevitablemente por aquel ser que sonreía de forma pícara, casi malvada… Entonces se encontró ante ella. Dobló las rodillas y aquella mujer fascinante comenzó a rodearle con sus brazos, comenzando a atraerle hacia su pecho… Jin estaba extasiado… Pensó que aquello debía ser la felicidad…
Pero entonces ocurrió algo. Jin tuvo una súbita mala sensación y miró a la cara de aquella mujer. Había cambiado. Sus ojos eran rojos y su boca, ahora llena de afilados dientes, estaba abierta de par en par y la dirigía hacia su hombro… Sus manos, ahora con garras, le sujetaban con fuerza hiriéndole… Estaba perdido…
Entonces algo golpeó al ser en la cabeza: una piedra húmeda que cayó en el agua. Comenzó a manarle sangre de la cabeza. Jin vio que estaba aturdida y aprovechó para alejarse deprisa…
-¡Kara!- Exclamó al verla aún en la posición de lanzamiento…
Pero la chica estaba con los ojos muy abiertos mirando a la mujer. Jin, al mirarla, giró la cabeza. No era una mujer: de cintura para abajo tenía el cuerpo de un pez, de escamas color esmeralda. Era una sirena. La sangre que le manaba de la cabeza, no exactamente de color rojo, comenzaba a cubrir la cola…
Kara ayudó a Jin a salir del agua y salieron corriendo de la cueva. Subieron por las rocas y llegaron a la carretera. Entonces escucharon un ruido, como algo cayendo en el agua y se giraron de inmediato… Fue un instante, pero ambos vieron algo pasar muy rápido en dirección al mar…
Ambos guardaron silencio durante unos instantes, mirando el agua iluminada por la luna llena.
-Kara… gracias…- Pudo decir, al final, Jin…
Kara no dijo nada; negó con la cabeza sonriéndole.
No volvieron a hablar de aquello. Ni se lo contaron a nadie. ¿Quién les iba a creer? Jin acompañó a Kara a su casa. Algo había cambiado entre ellos, ambos lo sabían… Jin se despidió de ella hasta el día siguiente.
Y en el camino a casa, en aquella noche, se dio cuenta de que había recuperado algo que había dado por perdido: su esperanza.

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