6 WARRIORS
El regalo de Yun.
Algunas nubes dispersas se desplazaban en el cielo de la mañana. Aún así, no hacía mucho menos calor que en días anteriores… Los rayos del sol se internaban a través del hueco dejado por la ventana entreabierta y le daban ahora de lleno en la cara a Yun.
-Uuuummm…- Se desperezaba estirándose y costándole abrir los ojos por aquella luz…- Vaya… ¿qué hora debe ser?- Se preguntaba, aún medio adormilado, erguido sobre la cama.
En ese momento, se abrió súbitamente la puerta de la habitación y apareció una temible Hui, que le lanzó sin pensárselo un barreño de madera a la cara; el cual impactó de lleno en su objetivo…
-¡Levanta! ¡Aún no has limpiado lo que te tocaba ayer a última hora!- Le dijo en tono agresivo, extrañamente más enfadada de lo habitual…
Tras lo cual cerró la puerta de un portazo. El barreño se terminó de deslizar por la cara de Yun, que apretaba los dientes y los ojos por el golpe recibido…
-Pero… ¿qué le ocurre ahora…?
Yun se vistió de inmediato y bajó, barreño en mano, por las escaleras de camino a la cocina de la fonda del señor Leng; aunque cierto era que el joven no se estaba dando precisamente prisa… Mientras bajaba, vio fugazmente a Hui pasar de una mesa a otra terminando los preparativos para abrir por aquel día. Entonces Hui le dirigió una mirada fulminante que le hizo acelerar el paso de inmediato…
Yun seguía pensando que, aunque ya estaba acostumbrado a que la joven estuviera casi permanentemente enfadada con él, aquello ya no era normal.
-“¿Se puede saber qué le pasa?”- Se preguntaba Yun, irritándose levemente, mientras fregaba los platos, vasos y demás del día anterior con las mangas arremangadas…
Al cabo de unos minutos, distraído en la monotonía de la limpieza, comenzó a escuchar unos pasos estridentes que se aproximaban por detrás… Yun se giró alarmado y vio aparecer a Hui, que dejó a un lado de forma brusca un nuevo montón de cacharros…
-¡Ni siquiera terminaste de recoger los de las mesas!- Exclamó, furibunda, y se fue girando sobre sus talones, agitándosele el cabello de un lado a otro a medida que se alejaba con paso airado…
Yun no entendía nada. Qi pasaba por su lado restregándose un ojo, aún con el camisón de verano puesto…
-Oye, Qi…- La llamó el joven en casi un susurro.
La chica se desperezó un poco más.
-¿Mm?- Se giró hacia él…
Yun puso cuidado en que Hui no estuviera cerca de ellos en aquellos instantes…
-¿Sabes qué le pasa a Hui? Hoy está más rara que de costumbre…- Le preguntó, intrigado…
Qi, que aún no había visto a su hermana, la buscó con la mirada y, al verla, aún en la distancia pudo percibir lo que pasaba en su interior… La chica sonrió.
-¿No lo sabes?- Le preguntó al joven en un tono casi cantarín y mirándolo con ojos perspicaces ante la extrañeza de Yun…
Este se dio la vuelta del todo, con las manos aún goteándole agua.
-¿El qué?- Preguntó, sinceramente sin tener ni idea de a qué se refería la chica.
Qi volvió a sonreír al escuchar cómo Hui daba un golpe en la distancia colocando una silla y ver cómo se sobresaltaba Yun al oírlo…
-Cuando termines sal fuera por la puerta de atrás. Te estaré esperando para decírtelo… por si todavía no lo sabes…- Le dijo en un tono que acabó siendo misterioso.
Como le había dicho, Qi esperaba fuera cuando Yun se pudo “escaquear”…
-Y bien… ¿Qué era lo que tenía que saber?- Yun ya estaba impaciente por conocer la respuesta…
Qi lo miró. No pudo evitar volver a sonreír una vez más.
-Está claro que lo has olvidado. Como el año pasado…
Yun se extrañó.
-¿El año pasado?
Qi, al pensar en los sentimientos de su hermana mayor, dejó de sonreír.
-Yun… Hoy es el cumpleaños de Hui. Y, al parecer, te has vuelto a olvidar…- Le dijo, muy seriamente.
Yun sintió como si se partiera en dos.
-¡Oh, no! ¡Por eso…! ¡No me acordaba en absoluto…!- Reconoció, sintiéndose culpable…
Qi observaba la reacción de Yun.
-Ella ya sabía de antemano que no tenías ni idea…- Observó la chica.
Yun comprendió. No era por nada que Hui siempre estuviera enfadada con él…
Tenía que hacer algo. Cambiar cosas.
-Qi- le dijo, súbitamente muy serio, como nunca lo había visto la chica- Necesito que me excuses esta mañana a tu padre y tu hermana… Tengo cosas que hacer.
La chica quedó impresionada al ver el cambio en el joven. Asintió.
-Descuida. Yo te cubro- le aseguró.
Ambos se sonrieron y Yun salió corriendo hacia la primera calle principal que encontrara, seguido por la mirada de Qi…
Mientras caminaba por una calle amplia, aunque no muy transitada en aquellos momentos, Yun pensaba… en todo lo que tenía que ver con Hui…
-“La he fallado. La he fallado demasiadas veces…”- Era como si toda la culpabilidad que se hubiese acumulado durante todo ese tiempo hubiera aparecido de repente…
En aquellos instantes se acercaba a un mercado que ponían exclusivamente aquel día de la semana. Confiaba en encontrar algo adecuado para regalarle a Hui…
Caminaba despacio observando los diferentes puestos. Había de todo… pero no encontraba nada. Para empezar, no tenía ni idea de qué regalarle a Hui… Nunca lo había hecho antes… con nadie. Y, además, cuando veía algo que le llamaba la atención, recordaba que su economía era casi inexistente…
-“No tengo suficiente dinero. ¿Cómo le voy a comprar algo decente en estas condiciones…?”- Se lamentaba el joven.
Entonces, se detuvo en uno de los puestos; uno regentado por una señora mayor llena de abalorios… Se fijó en una pulsera plateada con una piedra rojiza en el centro. Pero era muy cara. Aún así, era lo que le gustaría regalarle a Hui en el día de su cumpleaños.
-¿Te gusta esta?- Le preguntó de forma inesperada la anciana del puesto.
Yun no sabía qué decir.
-Eeh… Sí, mucho… Pero…- Trató de decir algo, pero la mujer ya sabía a qué se refería.
El joven, resignándose, se dispuso a marcharse.
-Espera-le dijo, otra vez inesperadamente, la señora- Pareces buen chico. Estoy segura que, si de verdad deseas esta pulsera, podrás conseguirla- dijo, muy segura de si misma…
Yun estaba perplejo.
-Pero… yo…- Trató de decir nuevamente.
La mujer negó con la cabeza, interrumpiéndole con la mano.
-Hagamos una cosa: yo te la guardo hasta que finalice el día. Si consigues el dinero, será tuya- le propuso.
Yun no se lo esperaba. Pero tenía ante si una oportunidad.
-¡Hecho!- Exclamó, jovial y contento, ante el ofrecimiento de la señora.
Esta sonreía satisfecha.
-“Ahora “solo” tengo que conseguir el dinero”- pensó Yun, comenzando a enfriársele los ánimos…
Yun vagaba ahora por las calles de Changshia. Miraba a su alrededor con atención para ver si encontraba alguna manera de conseguir el dinero suficiente para comprarle aquella pulsera a Hui…
-“Seguro que le gustaría…”- Pensaba, anhelante…
Pero, a medida que recorría lugares, se iba “desinflando”…
Estaba a punto de dar por perdido todo cuando oyó a un tipo que hablaba a voces no muy lejos de allí…
-¡Vengan! ¡No se lo pierdan! ¡Intenten derrotar al increíble “Guerrero de la Máscara”! ¡Quién lo consiga recibirá una sustanciosa cantidad de yuanes!- Exclamaba para que todos los viandantes que pasaban por allí le oyeran y prestasen atención…
Aquellas últimas palabras fueron determinantes para Yun. Rápidamente, trató de averiguar de donde provenía la voz y se aproximó casi corriendo al lugar…
Allí, observados por un gran número de curiosos, se encontraban un tipo bajito, con una túnica de colores chillones, calvo, con los ojos entrecerrados y con un casi invisible bigote dividido en dos partes, que continuaba hablando a pleno pulmón; y, a su lado, un tipo enmascarado con una máscara de color amarillo, el torso al descubierto (mostrando algunos kilos de más) y unos pantalones blancos ajustados con unas botas del mismo color que la máscara.
-¡Conocedor de extrañas técnicas del lejano y desconocido Occidente! ¡Rétenle y ganen mucho dinero!- Proseguía el hombrecillo de voz desproporcionada…
-¿Cuánto es el premio?- Los demás se apartaron al escuchar la voz de Yun y este quedó a la vista de ambos personajes…
El hombrecillo se lo quedó mirando. Luego sonrió, divertido…
-¡Bueno, bueno! ¿Qué tenemos aquí? ¡Un mozalbete valiente!- decía, sin llegar a utilizar un tono de burla, provocando la risa de condescendencia de los demás…
“El Guerrero de la Máscara” esbozó una sonrisa, muy seguro de si…
-¿Y bien? ¿Cuánto?- Insistió Yun, que comenzaba a impacientarse…
Aquel hombrecillo vio que iba en serio. Pues vale. Peor para él…
-Cincuenta yuanes. ¡Ese es el premio: cincuenta yuanes!
Al escuchar esta cifra se oyeron murmullos de asombro…
Cincuenta yuanes. Más lo que él tenía (cinco más)… ¡Ya tendría suficiente!, pensó Yun.
-¡Genial! ¡Me apunto!- Exclamó, decidido.
Aún no muy seguro de si se trataba de una broma (o estaba loco de verdad) el hombrecillo se le acercó saliendo de su papel y poniéndose algo serio…
-Oye chaval… ¿estás seguro?- Le miró con ojos penetrantes entre aquellas estrechas rendijas.
Yun parpadeó un par de veces.
-¿A qué se refiere? Claro que sí- dijo, sin ningún rastro de duda.
El hombrecillo desistió.
-Bien. Pues… ¡Tenemos un aspirante!- Exclamó dirigiéndose nuevamente al creciente y ansioso público…
Los espectadores se habían apartado lo suficiente para dejar espacio para que pudiera desarrollarse el combate entre “El Guerrero de la máscara” y aquel chaval que no tenía nada que hacer contra él…
-¡Que comience el combate!- Exclamó a voz en grito el hombrecillo con un tono acentuadamente dramático…
“El Guerrero de la máscara” adoptó una guardia extraña, pensó Yun; como un oso que se dispusiera a lanzarse contra su presa… Él aún no se había puesto en posición de combate, permaneciendo a la expectativa… El hombre enmascarado observaba la postura “normal” de Yun y se mostró indiferente.
-“Debe estar mal de la cabeza”, pensó.
Pero no pensaba tener piedad con él; le habían ordenado que diera espectáculo…
-¡Oooaaaah!- Rugió el imponente luchador ante el asombro del público impaciente… algunos cerraban los ojos al ver como se aproximaba este corriendo hacia aquel pobre insensato…
Llegó un momento en que Yun casi se vio engullido por la sombra de su rival… Pero en el último segundo, saltando ágilmente, evitó su brutal abrazo y pasó por encima de él, propinándole un golpe con el talón por detrás en la cabeza… El golpe hizo que el hombre enmascarado apretara los dientes y que los ojos casi se le salieran de las órbitas.
Yun cayó grácilmente al suelo, ante la incredulidad de los allí presentes, incluido el hombrecillo…
El enmascarado se giró: Yun estaba ahí, de pie, y tan tranquilo… Al ver que lo miraba, el joven esbozó una amplia sonrisa amistosa… Pero esto, el enmascarado se lo tomó como una afrenta… Y atacó de nuevo.
-¡A ver si te ríes ahora!- Lo amenazó bramando como una fiera…
Yun no entendía a qué se refería… Pero volvió a saltar de la misma manera y a realizar exactamente el mismo golpe… aunque esta vez más fuerte…
-¡Uy, uy!- Se llevaba el dolorido hombretón las manos detrás de la cabeza.
Al hombrecillo para el que trabajaba no se le podía caer más la boca; parecía que le llegaría al suelo… Yun aún no tenía la necesidad de adoptar postura alguna de guardia.
Entonces le llegó a este la voz de un niño que estaba no muy lejos de allí…
-¡Papá, papá! ¡Vamos, que si no van a cerrar y ya no les quedará!- Urgía a su progenitor, quedando ambos ocultos tras el atento gentío…
Entonces Yun, al oír al pequeño, cayó en la cuenta: no podía retrasarse… o la mujer cerraría el puesto. Por primera vez en el combate, se puso en guardia. Su expresión era ahora de concentración. El hombre enmascarado, ya recuperado, volvió a pensar que se estaba riendo de él…
-¡Voy a aplastarte!- Volvió a rugir lanzándose por tercera vez con el mismo ataque de brazos aprisionadores…
El público no perdía detalle del que parecía sería el ataque definitivo… El hombrecillo cruzaba los dedos…
Pero Yun no perdió la calma en ningún instante.
-¡Lo siento! ¡Pero tengo prisa!- Casi se disculpó…
Desplazándose como si flotara por el suelo, con una pierna, se aproximó al hombretón hasta estar a la distancia adecuada… Entonces, inmediatamente, y a una velocidad que nadie consiguió seguir, con la otra le dio tres patadas, seguidas y con la misma pierna, en pecho, estómago y cara… El hombretón se quedó como en el aire, paralizado y temblando, mirando con los ojos desorbitados al joven, sin entender… Finalmente se desplomó hacia atrás, seguido con la mirada mientras caía por el desolado hombrecillo, y perdió el conocimiento.
Ahora Yun tenía el dinero suficiente para comprarle el regalo a Hui. Se dio prisa en llegar al mercado y abrió la boca en una sonrisa al comprobar que la señora seguía allí…
Ya se encontraba de camino a la fonda, pasando por un callejón solitario, mientras hacía que se elevara una y otra vez, con un leve impulso de la mano, la pulsera que acababa de comprar…
-Je, je, je- Yun estaba contento y satisfecho…
Dejó volar sus pensamientos y se distrajo; por lo que no vio venir a un cuervo que se había lanzado en picado atraído por el brillo de la pulsera… Justo cuando la tenía fuera de contacto, suspendida en el aire, el ave oscura la atrapó con la pata y se elevó de inmediato…
-¡Ey!- Protestó Yun…
Pero el cuervo estaba demasiado alto para llegar con un salto… Había perdido la pulsera… y el dinero…
-Oh, no…- Se lamentaba Yun, abatido…
Se pasó el resto del día dando vueltas por los callejones cercanos. No quería regresar a la fonda… todavía no…
Llegó a un solar apartado. El sol ya apenas se veía en el cielo. Dentro de poco tendría que regresar… con las manos vacías… Se sentó sobre unos barriles abandonados y se quedó pensativo, apesadumbrado…
Entonces, Al cabo de un rato, uno de los últimos rayos del sol de la tarde iluminó algo que a Yun le llamó la atención. Bajó de inmediato de un salto de lo alto del barril donde estaba sentado y se acercó para verlo mejor: era una flor; pero, por alguna razón, esta flor le llamaba la atención… Era roja y el interior era anaranjado. Estaba casi oculta entre objetos que había tirados por allí; incluso la tierra donde estaba situada estaba algo revuelta y la propia flor algo torcida… Yun pensó que no duraría mucho allí…
Entonces, sin saber muy bien por qué, comenzó a plantearse algo: siempre que cortejaba a una mujer (normalmente casada), lo hacía delante de Hui… y ella se enfadaba…
¡Pues claro! ¡¿Cómo no se había dado cuenta antes?!
En ese instante decidió que no lo haría nunca más. Y la flor se la llevó con cuidado…
Cuando llegó a la fonda ya era de noche. Yun estaba atemorizado…
Entró con cautela y vio que aún estaba todo por recoger; probablemente ya habrían cenado… y celebrado el cumpleaños de Hui… Y él no había estado…
Entonces apareció Hui. Yun se paró en seco, sin saber qué cara poner…
-Hola, Yun. ¿Dónde has estado?- Le preguntó en un tono en el que el reproche brillaba por su ausencia…
Yun parpadeó varias veces.
-Ho… Hola, Hui…- No sabía qué decirle… ni como disculparse…
La joven se fijó en que Yun escondía algo detrás.
-¿Qué es eso?- Quiso saber, fijándose en él…
Yun no sabía qué hacer; ahora le daba vergüenza regalarle aquella birria de flor…
-Es… para ti- finalmente se la tendió, sin querer casi ni mirar…
Pero Hui se quedó callada, mirando la flor; guardó silencio durante unos instantes y la tomó de las manos de Yun, suavemente, dejando las suyas apoyadas en las mismas durante unos segundos, con dulzura…
-Gracias… Yun- al joven le pareció que su voz se quebraba… Vio que la chica apartaba la mirada justo cuando sus ojos parecían humedecérseles…
Al joven se le pasó por la cabeza que, de algún modo, ella ya sabía que él había tomado una decisión…
-¿Vienes? Te estábamos esperando para cenar…- Le dijo la joven desde la puerta que llevaba al pasillo, casi sin girarse…
Yun sintió alivio al oír aquello. Había llegado a tiempo.
Entonces el joven siguió a la chica, despareciendo ambos de la estancia, mientras Qi, que había permanecido escondida (sin pretenderlo) todo aquel rato, sonreía con satisfacción y alegrándose por su hermana.
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