jueves, 6 de junio de 2013

6 Warriors - Capítulo 15

6 WARRIORS

Las órdenes del Emperador.


En el presente.

Hoy hacía un día no demasiado caluroso en la ciudad de Changshia; incluso soplaba una fresca brisa que suponía un respiro para sus ajetreados habitantes. Prácticamente era mediados del verano. La actividad diaria había comenzado hacía algunas horas y no faltaba mucho para el mediodía.
Mirando a su alrededor con bastante curiosidad, Lei, el mensajero, caminaba por una de las concurridas calles de la ciudad con una mano, como de costumbre, apoyada sobre su inseparable zurrón. Tenía la misión de llevar un mensaje directo del Emperador al general de aquel distrito, al este de Changshia. Al pasar al lado de algunos puestos donde preparaban comida, se le iban los ojos al ver aquellas delicias que lo embriagaban con su aroma… Decidió que, una vez hubiera entregado el mensaje, y antes de marcharse de la ciudad, daría una vuelta por aquella misma calle para probar algunas cosas y llevarse otras para el camino…
El joven pasaba bastante desapercibido para la mayoría de la gente con la que se cruzaba. Pero, en un puesto cubierto cercano, donde preparaban platos de pescado, un individuo cubierto por una capucha se fijó en el mensajero. Había algo en aquel tipo de andar despreocupado que le llamaba la atención; aunque no sabía de lo que se trataba… De mala gana sacó su dinero para pagar al dueño del puesto el plato que no se había podido terminar; tenía que alcanzarle… Al salir a la calle se quitó la capucha, ya que podría estorbarle. Era Heshen. Una sonrisa con no muy buenas intenciones se dibujó en el rostro del joven hipnotizador. Había encontrado una nueva víctima…
Al ver que aquel tipo iba más deprisa de lo que parecía, se apresuró a seguirle con paso ligero…
Pasando con dificultad entre la riada de gente que venía en sentido contrario, y sin perderle de vista, a su izquierda, consiguió sobrepasarle. Ahora tenía que ponerse en su trayectoria y esperar a que llegara a su altura… Aún había bastante gente por en medio; si no tenía cuidado no podría llevar a cabo lo que tenía en mente…
Pero entonces se apartó el tipo que llevaba un burro y que amenazaba con mandarlo todo al traste, quedando su objetivo justo en línea… Heshen se quedó de pie, dirigido hacia él… El joven continuaba avanzando sin aparentemente percatarse de las intenciones de Heshen…
Finalmente se encontraron frente a frente; aunque el joven del zurrón tenía intención de seguir avanzando… Heshen miró fijamente a los ojos de aquel tipo, concentrándose… en el momento que sus miradas se cruzaran, le tendría a sus órdenes de inmediato…
Y entonces sus miradas se cruzaron. Heshen estaba exultante… ya lo tenía… Pero Lei, sin prestarle ninguna atención, desvió la mirada de nuevo al frente y siguió caminando, pasando al lado de Heshen.
Este, aún en la postura de concentración, se quedó perplejo…
-¿Qué… Qué ha pasado?- Se preguntaba extrañado y abriendo mucho los ojos…
Se giró de inmediato para buscar a aquel tipo con la mirada. Pero ya se había ido, engullido por la masa de transeúntes…
Y ahí se quedó Heshen, en medio de la calle y con cara de no entender absolutamente nada…

En la escuela Heilong, el grupo formado por Gavin, Yi, Yun, Huei, Bo, Xin y Han se encontraba bajo la sombra de uno de los manzanos cerca de la entrada al edificio de la escuela. Se encontraban alrededor de un mantel en el suelo en el cual había varios tipos de comida: pan, pescado, fruta, confitura… Todos comían y disfrutaban de aquel momento.
La verdad era que Han se había integrado de inmediato al grupo. Había recibido la aceptación al instante de todos los que ahora eran sus compañeros, y se sentía en deuda con ellos…
-En serio, os lo agradezco de verdad…- Solía repetir a menudo.
Yun sonrió.
-¡No hay de qué, colega!- Decía muy alegre.
Mientras Gavin daba buena cuenta de su pescado, asado en la hoguera ya apagada, Yi daba un sorbo a su té, Yun reía, Huei engullía también pescado, Xin preparaba la confitura para servirla y Bo se daba con la palma de la mano en la panza llena mientras soltaba una bocanada de aire… Han los observaba a todos y se sentía afortunado por haber sido aceptado en aquel grupo.
-Además… ¡si aceptamos a Gavin, ¿cómo no lo íbamos a hacer contigo?! ¡Ja, ja, ja!- Soltó Yun.
Gavin, con la cara manchada de pescado, frunció el ceño.
-¡¿Qué quieres decir?!- Dijo incorporándose y señalándole con el pescado…
Yun, sin dejar de sonreír, también se incorporó.
-¡¿Qué pasa?! ¡¿Quieres pelea?! ¡Ja, ja, ja!- Le “retó”…
Y ambos salieron a un lado y comenzaron a intercambiar golpes rápidos pero inofensivos…
-Ya están otra vez…- Decía Huei negando con la cabeza mientras se limpiaba la boca de forma pulcra con una servilleta.
Yi no dijo nada, dando otro sorbo a su té humeante.
-Oye, Han…- Se dirigió de pronto Xin al joven.
Este, aún distraído por el intercambio de golpes de Gavin y Yun, no se esperaba a la joven, que lo miraba con expresión de cierta preocupación…
-¿Sí? ¿Te encuentras bien?- Se interesó.
Xin volvió a echar el cuerpo atrás y se quedó sentada sobre sus rodillas, mirando al suelo, como si le costara decir lo que quería decir.
-Yo… ¿Conoces a una chica que se llama Feng?- Consiguió reunir el valor suficiente para mirarle a los ojos y hacerle aquella pregunta…
A Han le llamó la atención la mirada de la chica, que parecía a punto de llorar…
Xin le había preguntado en su momento a Yun dónde había visto a Feng, y este le dijo que la vio ataviada con armadura de soldado… Desde entonces, había temido encontrarse con algún soldado… por si se trataba de ella…
-Sí. Ha sido compañera mía todo este tiempo. ¿Tú la conoces?
Aquello no se lo esperaba.
-Entonces… ¿Está donde tú estabas?- Siguió preguntando, antes de que no pudiera seguir haciéndolo…
Han asintió.
-Sí. En el cuartel general del distrito Este. El más cercano.
Xin calló.
-Gracias- le dijo tímidamente con una reverencia que Han le devolvió de inmediato.
Este no continuó con el tema. Pero la joven ya había tomado una decisión.

Lei se encontraba ante el cuartel general del Distrito Este. La entrada estaba custodiada por dos soldados que charlaban en voz baja. A Lei comenzaron a llegarle sensaciones que no le estaban gustando nada…
-Hola. Tengo que ver al General- dijo a los dos soldados que no habían reparado en su presencia.
Aquellos interrumpieron bruscamente su conversación y miraron a  aquel tipo con cierto fastidio.
-¿Quién eres tú?- Preguntó uno de ellos sin molestarse en ocultar un tono de desdén mientras el otro lo miraba de arriba abajo…
A Lei aquellos tipos no le caían nada bien.
-Soy el mensajero. Vengo desde la capital con un mensaje del Emperador para el General de este distrito- dijo, cayendo en la cuenta que había olvidado una vez más presentarse en primer lugar…
Los soldados se fijaron en su aspecto y en su zurrón. El segundo que había hablado se acercó al joven mensajero.
-Enséñame lo que llevas ahí dentro- ordenó.
Lei aumentó su recelo hacia aquel tipo al ver que alargaba una mano hacia su zurrón… De modo que se apresuró a abrirlo y extraer el mensaje enrollado con el sello imperial… Al verlo, el soldado se detuvo y se retiró hacia atrás.
-De acuerdo. Puedes pasar- le dijo.
Sin quitarles la vista de encima, Lei volvió a guardar el mensaje en su zurrón y se lo ajustó. Los soldados se apartaron sin abandonar su actitud de superioridad y Lei, tras una leve vacilación, avanzó hacia el umbral del cuartel.

Xin avanzaba con paso acelerado por la calle llena de gente. Le daba la impresión de que todos aquellos desconocidos sabían de sus intenciones. De hacia dónde se dirigía. La joven sentía cómo le latía el corazón más deprisa a medida que se aproximaba…
-“Feng…”- No podía apartar su imagen de la cabeza…

Habían avisado a otro soldado para que acompañaran al mensajero hasta la sala de reunión del General, en la que le habían dicho que se encontraba en aquellos momentos… Lei seguía a aquel soldado, un poco más bajo que él, mientras observaba los alrededores del pasillo por el que caminaban en aquellos instantes… Las malas sensaciones que le producían aquel lugar no dejaban de aumentar a medida que se acercaba ante la presencia del General… En un tramo del camino, vislumbró a un hombre de avanzada edad que esculpía una estatua a la que claramente le faltaba la cabeza…
Salieron a un patio en el que había varios soldados desperdigados aquí y allá. Pero hubo alguien que le llamó poderosamente la atención: una joven soldado, ataviada con la armadura completa, a excepción del casco, con una larga coleta de color violeta… Se fijó en que la chica también le estaba mirando con atención. Ambos cruzaron las miradas, y las sostuvieron durante unos segundos, hasta que el soldado y Lei se internaron en un nuevo pasillo…
Se detuvieron ante una gruesa puerta cerrada. Ahora la mala sensación que tenía Lei era más intensa que nunca… El soldado golpeó tres veces con el puño. Esperaron unos instantes y la puerta se abrió. Un nuevo soldado, con espeso bigote y los ojos casi cubiertos por la visera de su casco, observó con atención al mensajero tras ver al soldado que lo guiaba. Ya había sido avisado de su llegada y estaba haciendo la pertinente comprobación.
Finalmente asintió con la cabeza y se apartó, abriendo la puerta del todo y permitiendo pasar al soldado, que se giró hacia Lei indicándole que le siguiera…
Lei lo hizo y cruzó el umbral.
Se encontraba en una sala de gran tamaño, ornamentada con armaduras y armas por las paredes; en el centro de la sala, había una gran mesa larga con muchas sillas a su alrededor. Y, más adelante, subiendo unos breves escalones, se encontraba una silla ocupada de amplio respaldo y con reposabrazos. Estaba ocupada por el General.
El General del Distrito Este era un hombre de cerca de dos metros, de casi cincuenta años, aunque aún tenía el larguísimo pelo lacio de color negro, como el largo y fino bigote y la barba, también fina y larga. Sus ojos eran negros y temibles. Su facciones tirando a delgadas desentonaban con su cuerpo en el que se adivinaba la desarrollada musculatura tras las piezas de armadura que portaba en brazos y piernas; al no ir ataviado con la protección al completo se le veía la túnica larga rojo oscuro, la faja negra, y los pantalones anchos también negros. Al entrar Lei en la sala a continuación del soldado, el General posó su grave mirada en el recién llegado y no varió un ápice su seria expresión…
-Señor, el mensajero- anunció el que había guiado a Lei a través del cuartel hasta aquella amplia estancia de grandes ventanas por las que se filtraba la luz del día.
Lei guardó silencio, mirando al General directamente a los ojos. Este, tras observarle brevemente, cerró los ojos, asintiendo.
-¿Y bien? Tienes un mensaje para mí, ¿no?- Quiso saber.
Lei comenzó a abrir su zurrón.
-Sí. Un mensaje del Emperador- comunicó el mensajero, terminando de sacar el rollo del zurrón.
El General abrió momentáneamente mucho los ojos. Aquello no se lo habían hecho saber hasta aquel momento. Miró elocuentemente al soldado que les había abierto la puerta y este reaccionó de inmediato yendo a recoger el rollo y entregándoselo al General en la mano.
Lei había cumplido su misión. Mientras el General desenrollaba el mensaje habló sin apartar la mirada del mismo.
-Muy bien, mensajero. Puedes irte. Te guiarán de nuevo a la salida.
Lei no dijo nada. El soldado que le había llevado hasta allí se encaminó hacia la puerta girando la cabeza para indicarle que debían irse. Lei lanzó una última mirada hacia el General, serio, y fue tras el soldado.

A pesar de estar dirigiéndose hacia la salida del cuartel, la mala sensación de Lei no había desaparecido en absoluto…

El General, tras la marcha del mensajero, comenzó a leer detenidamente aquel mensaje directo del Emperador. Debía ser algo muy importante. La última vez que el Emperador se había dirigido hacia él del mismo modo fue para nombrarle general del Distrito Este de Changshia…
A medida que avanzaba en el mensaje no podía evitar sentir cierto desconcierto… Pero él no cuestionaría las órdenes del Emperador…
Entonces llegó al final del mismo. Había una orden más. Debería habérselo imaginado.
-Buscad al mensajero. Que no salga vivo de aquí- ordenó.

Algo alertó a Lei en su interior. El soldado se giró al oír ruido proveniente de más atrás, por donde habían venido. Entonces se giró hacia el mensajero… pero este ya no estaba. Había desaparecido. Mientras el soldado lo buscaba frenéticamente con la mirada, tres soldados con sus armas desenvainadas llegaron corriendo. Lei observaba, oculto tras una de las vigas de madera del techo, como informaban al soldado y los cuatro emprendían su búsqueda. Sus peores temores se habían confirmado…

Consiguió salir del cuartel sin ser visto, mientras oía y veía cómo lo buscaban intensamente… pero en el interior del cuartel. No tendría problemas para desaparecer de allí sin ser atrapado. Pero su vida como mensajero había terminado… por orden del Emperador…
Sintiéndolo mucho, fue desplazándose por muros elevados y las partes altas de los árboles para mantenerse invisible… Pero algo comenzó a pasar.
Vio llegar corriendo a una joven que se dirigía sin duda hacia el cuartel… y entonces se giró, sorprendido, al ver llegar del mismo a dos soldados encabezados por un tercero: la joven soldado que había visto antes. También llegaban corriendo.
-¡Vamos! ¡Seguro que ha huido del cuartel!- Les ordenaba la joven a los otros dos, que se miraban entre ellos, dudando de lo que decía. ¿Cómo había podido huir un simple mensajero de un cuartel vigilado del ejército del Emperador?
Y entonces Feng se detuvo de golpe. Ante ella se encontraba Xin, jadeando y con los ojos muy abiertos…
-Fe… ¿Feng…?- Dudaba la joven, al verla con aquella armadura…
Feng sabía que los soldados no la habían oído. Y así debía seguir…
-¡Vete de aquí! ¡Estamos buscando a un fugitivo muy peligroso!- Le gritó Feng, como si no la conociera…
Xin no entendía qué pasaba. Los soldados llegaron y se detuvieron.
-¿Qué pasa, Feng?- Preguntó uno de ellos.
Feng sentía que se encontraba en una situación muy delicada…
-Nada, nada… Seguid buscando. Yo pondré a salvo a esta…- Pero, a pesar de su intento de que todo quedara en nada, no pudo lograrlo…
-¡No pienso irme a ninguna parte!- Exclamó Xin, ante una impactada Feng, que abrió mucho los ojos…
Entonces los soldados, ajenos a lo que estaba pasando, malinterpretaron las intenciones de Xin.
-Muy bien. Quedas arrestada- dijo uno de ellos, acercándose.
-Así aprenderás a respetar a la Autoridad- dijo el otro mientras el primero la agarraba de mala manera por un brazo…
Feng quería hacer algo… pero estaba paralizada. Lei se dio cuenta de esto. De todos modos ya nada sería igual…
-¡Alto!- Exclamó el joven bajando de un salto del árbol del que estaba oculto.
Los soldados se giraron e identificaron al fugitivo. Xin, con el brazo dolorido, también le miró.
Y Feng volvió a cruzar la mirada con la de aquel tipo, que permanecía erguido dispuesto a ayudar a Xin.

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