viernes, 21 de junio de 2013

El Esclavo

El Esclavo



Eran más de las diez de la noche. La luna estaba menguando en un cielo parcialmente nuboso. Era una noche no muy fría del invierno a punto de finalizar. La actividad a aquellas horas había descendido considerablemente en el Hospital. Y más en su edificio adyacente: la morgue.
Aquí trabaja Stan, un joven de casi treinta años, no muy alto, de apariencia más bien débil, pelo largo revuelto y castaño, el mismo color que sus ojos; iba ataviado con su uniforme de vigilante de seguridad, azul marino con camisa blanca. Se encontraba en aquellos momentos apoyado sobre el respaldo de su silla, con los pies cruzados sobre la mesa, mirando hacia arriba, al techo, lo que la visera de su gorra le permitía, mientras sostenía distraído un boli entre la nariz y la parte superior de los labios… pensaba en lo que haría después de salir de aquel trabajo tan monótono que tenía, cuando no faltara mucho para amanecer; aunque aún tenía toda la noche por delante…
Aunque, lo que de verdad le ocupaba la mayor parte de sus pensamientos, era Tina. No se podía decir que fuera su novia; aunque daba la impresión que no faltaba mucho para ello. Lo que ocurría era que, a menudo, Tina se enfadaba con él… y Stan no tenía ni idea de cual era el motivo. Nunca. Solo sabía que, transcurrido un tiempo, a ella parecía pasársele y volvía a llamarle. Pues bien, en esas estaban; Stan no hacía más que comprobar cada dos por tres su teléfono móvil… sin resultado…
Ya hacía rato que se había hartado y decidió dejar de mirar como un desesperado su móvil para comprobar si Tina le había dejado por fin un mensaje… Mientras tanto, como siempre le ocurría en estos casos, trataba de averiguar qué era lo que habría hecho mal esta vez; y la anterior, y la otra, y la otra…
Entonces la cosa pareció moverse tras casi una hora desde que ocupara su puesto. Traían una camilla con un nuevo ingreso. La puerta doble con doble acristalamiento se abrió de par en par dejando pasar la camilla, la cual era transportada por dos miembros del equipo de ambulancias del hospital. A los dos Stan los conocía. Uno era George, un tipo bonachón de casi cincuenta años, con el pelo corto ya canoso, el cual le dirigió una sonrisa amistosa al pasar junto a él; y la otra era Julia, una chica de su edad con el pelo negro siempre recogido en una cola, y sus grandes ojos azul claro casi sin mirarle, como de costumbre, a pesar de dedicarle la habitual y cálida sonrisa… George observó a ambos jóvenes un instante.
-Julia, no te preocupes. Puedo llevarlo yo solo- le dijo.
La joven, al oírle, no lo dudó un instante.
-Gracias- le dijo, casi en un susurro, agradeciéndoselo sinceramente.
La verdad era que Stan también se lo agradecía de veras, dirigiéndole una mirada elocuente al bueno de George, que se la devolvió con una sonrisa un tanto pícara…
A aquellas horas, los turnos de Stan y Julia coincidían, aunque a ella le quedaba cerca de una hora para irse a casa. Y si se daba el caso que tenían que llevar un nuevo ingreso, ambos no dudaban en aprovechar la ocasión para charlar un rato. George ya lo sabía; notaba el cambio que se producía en la joven cada vez que se acercaban a la entrada del edificio; y como se le iluminaba la mirada al simpático Stan cuando la veía aparecer por la puerta. Lo que el veterano no entendía era porqué se lo pensaban tanto aquellos dos…
Mientras George se alejaba con la camilla, Stan no pudo evitar fijarse en el ocupante de la misma: era un hombre de raza negra, de unos cuarenta años, de facciones graves y, por lo que se adivinaba bajo la sábana de un blanco pulcro, de gran envergadura, como si llevara años haciendo pesas en el gimnasio… Hubo algo que le llamó la atención en aquel individuo… pero, al acercarse Julia, su atención se desvió por completo.
-Hola- dijo la chica sin poder ocultar del todo su timidez…
-Hola- le contestó Stan, sintiéndose inesperadamente nervioso de repente…
Durante unos segundos, ninguno de los dos supo qué más decir; miraban hacia diferentes puntos, aleatorios, con tal de no cruzarse las miradas… Lo que les pasaba siempre.
-¿Mucho trabajo?- Se animó finalmente a preguntar Stan.
Julia se alegró de que fuera él el que diera inicio a la conversación y se apresuró a contestar.
-Sí, bastante- decía mientras asentía con una sonrisa nerviosa- ¿Y tú? ¿Qué tal por aquí?
Stan estuvo a punto de bloquearse y no poder contestar…
-Ahí…- Se lamentó de no haber encontrado una respuesta mejor…
Entonces, Stan advirtió que Julia parecía a punto de decirle algo; la joven estaba reuniendo valor…
Pero justo cuando la chica iba a hablar, sonó el móvil de Stan. Un mensaje. El joven casi maldijo por aquella inoportuna interrupción… pero tenía que mirar quién era. Julia se sintió decepcionada y se preguntaba cuando sería capaz de intentarlo de nuevo… Stan cogió su teléfono, que se encontraba sobre la mesa, y miró de quién se trataba: era Tina. Al ver su cara, Julia comprendió. Precisamente en ese instante llegaba George sin la camilla.
-Adiós- le dijo Julia a Stan, agitando la mano, con una sonrisa forzada y la decepción contenida aún reflejada en el rostro…
-Hasta luego- le devolvió la despedida de inmediato, intentando minimizar la desagradable sensación que se había producido en los últimos instantes entre los dos…
George pasó ante él sonriéndole con su afabilidad acostumbrada, a lo que Stan le hizo un gesto con la mano a modo de despedida. Este se quedó mirando como la joven se marchaba, sin girarse, a la vez que comenzaba a sentirse cada vez peor por como había terminado aquella situación con ella…
Como si quisiera consolarse cuanto antes, recordó el mensaje. Lo abrió:

Holaaa. Esta noche iré a hacerte una visita. Espero que tengas tiempo para mí…

Y ya está. El mensaje no decía más. ¿Que iba a venir allí? ¿A la morgue? Él estaba trabajando y ella lo sabía… ¿Por qué no podían quedar en otro momento en que él sí que podía? No entendía nada.

El tiempo pasaba muy despacio. Cuando miró el reloj por enésima vez apenas había pasado una hora. Y Tina aún no había llegado. Aunque la verdad era que no le hacía demasiada ilusión verla… De todos modos, seguramente ya no vendría. No era la primera vez que hacía algo así…

En el interior de la sala 4 de la morgue, los distintos cuerpos estaban debidamente cubiertos y dispuestos en dos filas a lo largo de la estancia rectangular. Las luces estaban apagadas. De pronto, la sábana del cuerpo del hombre que habían traído George y Julia pareció moverse… Al cabo de unos instantes ya no lo pareció: algo se movía ahí debajo. Una mano, lenta y torpe, surgió de la cobertura blanca y agarró la sábana; comenzó a tirar hasta que la fue apartando poco a poco… Y a medida que aquel cuerpo, que se suponía que estaba muerto, se incorporaba, la sábana caía al suelo. Aquel ser abrió los ojos… totalmente blancos…
Stan escuchó un ruido. Era proveniente de alguna sala del pasillo. Estaba desconcertado; era la primera vez que le ocurría algo así en los tres años que llevaba trabajando de vigilante de seguridad en aquel lugar… Al principio dudó. Pero era su obligación ir a averiguar que había sido eso

Julia había terminado su turno. Ya se había despedido de George y se había cambiado. Estaba a punto de irse. Pero no había dejado de pensar en algo desde que se había despedido de Stan: aún se sentía capaz de decirle lo que había estado a punto de decirle antes de que quien-fuera le mandara un mensajito…
Decidió que volvería a intentarlo.

Stan se dirigía con su linterna en mano hacia el pasillo que había tras la pequeña sala continua a la de recepción, donde él tenía su puesto. Decidió no encender ninguna luz para no alertar a ningún posible intruso… Avanzaba con cautela. La verdad era que no se había visto aún en una situación similar… pero para eso le habían preparado en la academia… Todo parecía despejado… iba pasando por delante de las puertas y no escuchaba nada. Continuaba camino del final del pasillo sin detectar nada extraño… Entonces pasó junto a la puerta de la sala 4, pasando de largo… en el preciso momento que la cara del cadáver que se había levantado se aplastó contra uno de los cristales, mirándole con sus ojos blancos y furiosos… Pero Stan ni se había enterado.
Llegados a este punto hay que decir que Stan tiene un “problema”: no sabe distinguir bien de donde llegan los sonidos. A lo mejor llega de la derecha y él cree que viene de la izquierda… o ni lo sabe… Demasiado que haya ido hacia el pasillo y no hacia la puerta de salida del edificio…
El ser intentaba abrir la puerta con sus torpes manos que se chocaban con las manillas… Stan comenzaba a escuchar algo… Pero debido a su “problema”, no hizo más que irse más lejos porque realmente pensaba que los ruidos procedían de más adelante…
El ser consiguió abrir una de las puertas, la cual lo golpeó varias veces mientras trataba de salir… era evidente que su cerebro no transmitía muy bien las órdenes al resto de su cuerpo… Con paso torpe y lento comenzó a dirigirse hacia donde se encontraba aquel tipo que había pasado ante sus ojos…
Stan había llegado a la cafetería. Nada de nada. Hacía rato que hubiese vuelto a su mesa si no fuera porque se sentía raro… algo no andaba bien…
Tras un buen rato, el cuerpo andante estaba a punto de entrar en la cafetería, donde se encontraba Stan… a medida que se acercaba emitió una especie de sonidos guturales, como gruñidos lastimeros… Stan se detuvo justo cuando estaba abriendo la puerta por la que había venido; había decidido volver a su puesto al ver que todo estaba en orden… pero, cuando había abierto la puerta, al escuchar aquellos gruñidos, se detuvo en seco y miró hacia el otro extremo de la sala, donde había otra puerta de acceso a la cafetería, quedando con la manilla sujeta… Aunque el joven vigilante no se estaba dando cuenta, el ser le había visto y había acelerado el irregular paso dirigiéndose hacia él… pero cuanto más se acercaba, y más sonidos guturales emitía, más estaba Stan convencido de que aquellos sonidos extraños provenían del otro lado… Así que cerró la puerta de un portazo justo cuando el cuerpo andante estaba a punto de entrar, estampándosela en las narices… A Stan le supo mal no haber controlado la fuerza… Pero había oído algo raro y se dispuso a averiguar de una vez de lo que se trataba…
El ser estaba aturdido… y enfurecido. Comenzó a tantear la manilla… y, no sin esfuerzo, consiguió abrirla entre gruñidos más rabiosos…
En ese momento, Stan ya se encontraba en la puerta del otro extremo de la cafetería vacía, cruzándola y apuntando a la oscuridad con su linterna… Al verle, el ser aceleró el paso una vez más y se dirigió derecho a aquel maldito que le había puesto tan furioso… Pero, en el momento que iba a alcanzarle con una de sus grandes manos, el joven vigilante cerró, pillándosela… Stan se extrañó. Pensó que la puerta no cerraba bien… de modo que volvió a intentarlo pero más fuerte… lo que pasa es que el cuerpo andante aún no había sacado del todo la mano, y esta quedó bruscamente pillada una vez más… Stan ya se estaba hartando. ¡A ver si arreglaban aquellas puertas de una vez por todas! Se dispuso a cerrar aquella puerta “pesada” y seguir con su inspección… así que cerró más fuerte que antes, justo cuando el ser iba a pasar, cegado por la furia, y llevándose un tremendo golpe en la cara… pero Stan no iba a dejar de insistir… así que comenzó a dar fuertes portazos, golpeando brutalmente al ser hasta que este fue hacia atrás, “mareado”, emitiendo gruñidos casi imperceptibles, y la puerta se cerró al fin. Stan resopló y se dispuso a seguir su marcha.

Julia entró en el edificio donde trabajaba Stan, por segunda vez aquella noche, y se extrañó de no encontrarle en su puesto; pensó que habría ido al baño o a comer algo. Pero no podía esperar más y fue a buscarle…

El ser pareció recuperarse y se dispuso a tirar aquella maldita puerta abajo para hacer pedazos a aquel desgraciado… Y entonces oyó pasos provenientes de más atrás…
-Stan… ¿Estás aquí?- Llamaba la joven antes de cruzar la puerta que llevaba a la cafetería…
Stan la oyó. Se quedó parado de golpe. No se lo podía creer… Dio la vuelta de inmediato y se dirigió casi corriendo hacia la puerta opuesta de la cafetería…
Julia cruzó el umbral y se quedó de piedra al ver lo que tenía ante ella: era el cuerpo que habían traído George y ella hacía un rato… y estaba ahí, de pie, mirándola con gesto indescriptible y tambaleándose ligeramente… No sabía si gritar o salir corriendo…
Entonces la puerta que quedaba tras el cuerpo andante se abrió de golpe y lo golpeó con tal fuerza que salió despedido, casi aullando, contra la pared, donde había una mesa metálica con una cafetera y tazas, cucharillas, azucarillos… todo lo cual cayó con gran estrépito al caer el enorme cuerpo del ser encima… Al tiempo aparecía Stan por la puerta, que parecía no haberse dado cuenta del jaleo (o pensaba que provenía de “allá a lo lejos”…) Vio a Julia, que tenía los ojos muy abiertos y estaba muy quieta…
-¡Julia! ¿Qué haces aquí?- Preguntó con una mezcla de sorpresa y alegría contenida, con cierta preocupación por el origen desconocido de aquellos insistentes ruidos…
Pero la joven no acertaba a decir nada; tan solo pudo levantar un dedo tembloroso y señalar hacia donde se encontraba el ser, el cual tenía una taza de café puesta sobre la cabeza como si fuera un sombrero…
Stan no entendía lo que la chica, temblando, le intentaba decir… Y entonces la cabeza del cuerpo andante atravesó inesperadamente el cristal de la puerta que sostenía Stan, emitiendo un fuerte y amenazador gruñido al joven vigilante…
-¡Uaaah!- Exclamó Stan apartándose de inmediato y llevándose la mano a la porra, el único arma que le permitían llevar…
Entonces el joven se fijó mejor. ¡Pero si era el cadáver que habían traído hacía algo más de una hora Julia y George! Pero entonces… ¿No estaba muerto? ¿Por eso estaba enfadado? Aquel tipo no dejaba de gruñir y de intentar avanzar a través de la puerta… sin éxito. Stan se dirigió a Julia.
-¡Regresa a la salida! ¡Yo me ocupo de este loco! ¡Mira que hacerse el muerto…!- Y dirigió su atención hacia aquel tipo tan torpe…
Pero Julia estaba paralizada. El ser entonces desvió su atención hacia ella y pareció recordarla… Decidió empezar por ella… Sacó la cabeza del espacio donde antes había habido un cristal y se encaminó hacia una aterrorizada Julia… Stan sabía que debía actuar de inmediato.
-¡Oye tú! ¡Detente!- Le exhortó dirigiéndose hacia él con la porra en alto…
Pero el cuerpo andante se giró y, de un manotazo, le lanzó al suelo y la porra voló por los aires…
-¡Augh!- Se dolió al caer- ¡No!- Exclamó al ver que iba a alcanzar a la joven…
Stan se incorporó de inmediato y se lanzó hacia donde estaba Julia, logrando apartarla a tiempo justo cuando aquel tipo enorme estaba a punto de cogerla, cayendo ambos al suelo… Julia parecía recobrarse de su parálisis…
-¿Estás bien?- le preguntó Stan con preocupación…
Julia se lo quedó mirando. Ambos se encontraban en el suelo, muy cerca el uno del otro… Pero algo desvió la atención de la joven hacia la puerta por donde había llegado…
-¡¿Pero qué pasa aquí?! ¡Stan!- Exclamó una voz indignada de mujer joven…
-¡Tina!- Exclamó Stan al ver a su pseudo-novia…
La recién llegada contempló la escena: Stan y aquella niñata en el suelo, juntitos, y… ¡¿Qué demonios era eso?! ¡Un monstruo!
-¡Stan! ¡Estoy harta de ti y de tu trabajo! ¡Eres un bicho raro y con ellos debes estar!- Dijo, en alusión directa hacia la joven, a la que automáticamente consideró de su calaña… Y se fue, indignada, dando un portazo.
Incluso el ser parecía haberse quedado mirando la escena protagonizada por aquella chica tan altiva… Julia observó a Stan, para comprobar su reacción. Estaba con la mirada ausente…
-¿Era tu novia?- Le preguntó, comenzando a sentir que ya no pintaba nada allí…
Stan volvió en si. Entonces se dio cuenta de algo.
-Para nada. La verdad es que no era nadie- dijo, con una sincera sonrisa, que consiguió tranquilizar a la joven…
Ambos parecían haberse olvidado que compartían estancia con un tipo que había ingresado cadáver y que ahora intentaba acabar con ellos… hasta que comenzó a gruñir con furia…
-¡Vámonos!- Exclamó Stan ayudando a levantarse a Julia, al tiempo que se dirigían hacia la puerta, camino de la salida de la morgue…
Pero aquel ser parecía haberle cogido el tranquillo a aquello de desplazarse deprisa y casi corría… De todos modos, los dos jóvenes eran más rápidos y podrían salir de allí a tiempo…
Entonces Julia notó un pinchazo en el tobillo y tuvo que detenerse súbitamente… Al caer antes se había hecho daño…
-¡Julia! ¡¿Estás bien?!- Le preguntó Stan, imaginándose lo que pasaba y sintiéndose culpable…
La joven quería decirle que no se preocupara… e intentaba levantarse deprisa… el ser estaba a punto de darles caza… Pero, ni siquiera siendo ayudada por Stan, que ahora estaba desarmado, estarían a tiempo de huir…
-¡Detente!- Exclamó una voz femenina proveniente de la entrada del edificio, a pocos metros de distancia…
El ser se detuvo de inmediato. Y se quedó quieto, con la cabeza gacha y mirando al suelo, sumiso. Stan y Julia lo miraban sorprendidos; no sabían qué estaba ocurriendo… Entonces oyeron aproximarse pasos de zapatos de tacón grueso. Los dos abrieron la boca al ver a la recién llegada.
Se trataba de una mujer más bien baja y con evidente sobrepeso, negra, de unos cincuenta años, vestida de forma extraña, como si acabara de llegar de algún país exótico, llena de abalorios y joyas de imitación… Tenía una expresión de mal humor bajo una especie de turbante que le cubría la cabeza… Se acercó al ser.
-¡¿Dónde te habías metido?! ¡Llevo tres días buscándote!- Gritaba a aquel cuerpo andante como si fuera una madre que regaña a un niño… aunque con muy mal genio…
La mujer dirigió la mirada a ambos jóvenes. Durante unos segundos, pareció pensar lo que les iba a decir…
-Y vosotros… No habéis visto nada… ¡Nada!- Y tras esto, le hizo un gesto de autoridad al ser y se dio bruscamente la vuelta, dirigiéndose hacia la salida… Este, sin dejar de mirar al suelo, como si estuviera avergonzado y arrepentido, comenzó a caminar tras la mujer, desapareciendo ambos de la vista de los dos jóvenes al cabo de unos momentos.
Stan y Julia no sabían qué decir. Se levantaron y se dirigieron al exterior. Y allí los vieron: en la parada del autobús; precisamente en aquellos instantes llegaba el de la línea del Hospital… Ambos subieron; el ser delante, por orden de la mujer, que se quedó ante el conductor para pagar los billetes…
-Parece que es un zombi. Esa mujer le debe haber convertido en su esclavo por el rito del vudú…- dijo Julia.
Stan repitió mentalmente aquellas palabras, costándole creer aquello… Entonces se le ocurrió algo.
-Hablando de zombis. ¿Ya has visto la película que estrenaron el viernes pasado? ¡Dicen que es genial!- Decía con entusiasmo…
Julia se lo quedó mirando. Allá en el autobús, aquellos dos se dirigían a sentarse mientras el conductor cerraba la puerta.
-No…- Solo pudo decir la joven. Por ahí iba lo que le quería proponer; aunque la verdad era que no había pensado precisamente en ir a ver aquella película…
-Oye… pues… si quieres…- Trataba de decir Stan…
El autobús se puso en marcha. Julia asintió.
-Vale- dijo, con tono dulce y una sonrisa…
Stan estaba a punto de saltar de alegría.
-¡Genial!
Y ambos se quedaron mirándose, sonriendo, muy contentos, antes de dirigir una última mirada al autobús que se alejaba y, desde el cual, aún en la distancia, pudieron distinguir claramente la mirada sin vida de aquel ser que les miraba por última vez a través de la ventanilla…

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