Najlia
Los rayos del sol de la mañana se filtraban a través de las hojas puntiagudas de los altos árboles fluviales. Hacía calor. El aire húmedo transportaba los sonidos de la infinidad de criaturas que habitaban aquel lugar, continuos e intensos. Sorteando los innumerables obstáculos del terreno inundado de vegetación, de variados tonos verdosos de gran intensidad, avanzaba lentamente y con cautela Najlia.
Najlia era una joven de la tribu de los Athabe de unos dieciocho años. Era de constitución y altura media. Tenía el pelo muy largo y negro azabache, al igual que sus vivos ojos. Su piel era morena y su atuendo, consistente en dos piezas elaboradas con piel de mamut, que le cubría el pecho y no mucho más allá de la cintura, dejaba ver sus formas desarrolladas. Era muy guapa. Sujeta a un lado de la cintura llevaba una funda vacía para la daga que llevaba en la mano en aquellos momentos…
Como era una mujer, tenía prohibido cazar, como había mandado su padre, Alstor, el jefe de la tribu. Pero ella estaba harta de ver como sus hermanos salían de caza cada día y ella se tenía que quedar mirando y quedándose con las ganas, teniendo que dedicarse a las tareas que el resto de mujeres llevaban a cabo día tras día, siempre las mismas… Pero aquel día se había hartado… y había salido ella a cazar… por su cuenta. Por supuesto, nadie sabía donde estaba ni qué era lo que estaba haciendo; debía estar de vuelta en el poblado antes de que finalizara el día si no quería preocupar más de lo necesario a las mujeres de la tribu, que en aquellos momentos ya debían estar preguntándose donde se había metido… Pero estaba dispuesta a cazar una presa, una grande, y enseñársela a su padre, para demostrarle que ella también podía ser una buena cazadora, como lo había sido su madre, la cual perdió la vida durante una cacería, y aportar alimento para la gente de su tribu; además, también estaba deseando restregarles en la cara a sus hermanos su presa (que no había cazado aún), los cuales siempre se las daban de expertos cazadores y la veían a ella como una niña que solo valía para ir a buscar agua al río…
Pero llevaba casi una hora internada en la selva y aún no había encontrado nada digno de ser cazado. Tan solo había encontrado un armadillo de considerable tamaño… pero no quería ni pensar las sonoras carcajadas que provocaría el que la vieran aparecer con bicho semejante…
A medida que avanzaba, se veía a menudo sobresaltada por algún súbito movimiento del follaje, que solía dar lugar a la breve aparición de algún ave extraña o algún gran insecto que salía corriendo asustado ante la presencia de la joven…
Al cabo de un rato encontró ante ella una gran roca en medio de un pequeño claro. Decidió subirse para otear los alrededores. Al llegar arriba se fijó en una montaña solitaria de aspecto extraño que había a no mucha distancia. Era un volcán. Había oído contar historias en su tribu acerca de la montaña que escupe fuego… pero ya hacía mucho tiempo que dormía…
El sudor le recorría la frente, la cara, el cuerpo… A menudo tenía que contorsionarse para poder atravesar determinados tramos del enrevesado terreno…
Hasta que llegó un punto en que se detuvo. Miró a su alrededor. Se había perdido. Ahora sí que la había hecho buena. En lo único que podía pensar era en la tremenda bronca con público que la esperaba si conseguía recordar como se regresaba al poblado… Aunque sentía más rabia y frustración que preocupación…
De pronto, notó como los repetitivos sonidos de los numerosos pájaros que siempre había alrededor se habían silenciado de golpe… Aquello era muy extraño… y no le gustaba nada… Durante unos largos segundos, miró a su alrededor, notando el sudor corriéndole por la espalda y respirando entrecortadamente… Seguía observando atentamente, intentando distinguir algo a través de la impenetrable vegetación… Entonces se fijó mejor en algo que le había llamado la atención… aunque en seguida supo de qué se trataba. Distinguió claramente dos ojos felinos que la observaban con atención. Y dos largos colmillos: era un tigre Dientes de Sable.
Ante la inminencia del ataque del feroz animal, Najlia no pudo controlar el impulso y salió corriendo por la espesa selva con toda la velocidad que sus pies desnudos le permitían… Escuchó de inmediato el rugido del animal que tenía detrás en el preciso momento que se lanzaba tras ella… Najlia tenía que apartar las enormes hojas que le impedían la visión y el paso, mientras corría presa de una creciente desesperación, a la vez que escuchaba a la bestia aproximarse velozmente como si fuera desgarrando todo lo que encontraba a su paso… Najlia jadeaba y tenía los ojos muy abiertos mientras intentaba encontrar una vía de escape…
Entonces se encontró ante ella con un gran árbol que parecía indicar el final del camino… Tras un rápido vistazo hacia atrás solo pudo ver los altos matorrales cayendo uno tras otro a medida que el tigre Dientes de Sable se aproximaba… Entonces oyó que algo le llamaba la atención desde arriba… Al dirigir hacia allí la mirada, vio a varios pequeños monos saltando frenéticamente en las altas ramas que parecían llamarla… Decidió que aquella era su única escapatoria. Comenzó a trepar de un salto por el alto árbol en el preciso momento que el gran animal embestía el tronco, haciendo que temblara, y provocando que Najlia estuviera a punto de caer a las fauces de la bestia… A pesar de todo, la valiente joven pudo sujetarse y continuar el ascenso, mientras el tigre le lanzaba zarpazos intentando atraparla… ascendía agarrándose con fuerza al tronco no muy rugoso en medio de los rugidos de rabia del Dientes de Sable… Finalmente consiguió llegar a la rama donde estaban situados los monos saltarines. Recorrió un par de metros gateando por la ancha rama y dirigió la vista hacia allá abajo, donde el feroz animal aún se encontraba erguido sobre el tronco buscándola con la mirada y tratando de encontrar una forma de subir…
Durante unos instantes se relajó, resoplando, y se detuvo a descansar un poco. Un par de monos, no mucho más grandes que su puño, se subieron por encima de ella, contentos y juguetones… uno se quedó en su hombro, y otro andaba por su cabeza; aquello divertía a la joven, que prácticamente ya se había olvidado de lo que hacía allí arriba… Hasta que una nueva embestida sacudió el árbol totalmente, haciendo que cayeran multitud de hojas y que los monos saltaran huyendo, “abandonando” a Najlia… La joven se asomó de nuevo hacia abajo y contempló alarmada como aquel animal se las estaba apañando para subir por el tronco, clavando sus afiladas garras en el mismo… y subía muy deprisa… Najlia se incorporó de inmediato, sintiéndose recuperada, y comenzó a avanzar por la rama, intentando mantener el equilibrio para no caer, a la vez que el Dientes de Sable llegaba a la misma y se encaramaba, no sin dificultad, a la larga y gruesa rama… Un par de veces estuvo a punto el animal de caerse… pero se recuperaba con su agilidad felina y continuaba la persecución de su tentadora presa humana… Najlia comprobaba cada vez con más temor que aquella fiera estaba a punto de darle caza… y aquello le daba mucha rabia…
Y entonces, cuando el tigre le lanzaba un zarpazo que le desgarró ligeramente la parte de abajo de su atuendo, por detrás de un lado, la rama crujió violentamente… Durante un momento, cazador y presa, se quedaron muy quietos… Pero era tarde.
La rama se resquebrajó bruscamente y ambos cayeron entre hojas y fragmentos de la misma, varios metros hasta el suelo. La abundante vegetación que imperaba en la selva sirvió para amortiguar el golpe… aunque no mucho. Najlia se dolía intentando ponerse boca arriba… tenía el pelo lleno de hojas y se había hecho daño en una rodilla… Se sobresaltó al oír un rugido lastimero demasiado cerca de ella… vio al tigre, que estaba tumbado, luchando por incorporarse lo antes posible mientras sacudía de vez en cuando la cabeza de forma brusca… Najlia sabía que no tardaría en recuperarse… Aún doliéndose de la rodilla, se consiguió levantar y emprendió la huida cojeando levemente y a trompicones, a punto de caer de nuevo en alguna ocasión…
Pero el tigre Dientes de Sable ya se había levantado también. Al principio había perdido de vista a aquella humana… Pero la vio enseguida a punto de desaparecer entre los altos matorrales…
Najlia escuchó como el animal comenzaba de nuevo su persecución… Ya más recuperada de su rodilla, comenzó a ganar velocidad, corriendo como podía, chocándose e hiriéndose con ramas y piedras del suelo… jadeaba con fuerza y sentía que los pulmones le dolían… El tigre también iba ganando velocidad, atravesando ferozmente cuanto obstáculo se interpusiera entre él y su presa… Najlia corría ya con todas sus fuerzas, casi sin mirar lo que tenía delante… el tigre sabía que estaba ya muy cerca de poder devorar a aquella deliciosa humana… ahora la joven sentía que los pulmones le estaban a punto de estallar y el corazón le latía a una velocidad exagerada…
Entonces se acabaron los árboles. Najlia salió al “exterior” de la selva… notaba que tenía los pies suspendidos en el aire… En ese instante notó como el feroz animal surgía también de la frondosa vegetación… era como si el tiempo marchara más despacio… Y en ese instante, Najlia se dio cuenta que, bajo sus pies, a bastante altura, se hallaba un río de aguas bravas, que rugía enfurecido eclipsando cualquier otro sonido… La joven, en el aire, se giró de pronto al notar que un nuevo zarpazo estaba a punto de alcanzarla… La garra del desesperado animal le arrancó un trozo de la parte de arriba de su ropa, dejando casi al descubierto uno de sus pechos… pero Najlia cayó, alejándose de la bestia, la cual se agarró como pudo al saliente para no caer y observando como se le escapaba su presa… Najlia caía mirando hacia arriba, mientras notaba su estómago encogerse, hasta caer en el agua, que la arrastró de inmediato…
Poco a poco comenzó a abrir los ojos. Se encontraba agarrada a una roca en la orilla. El agua en aquel punto era tranquila… Exhausta y dolorida hizo un esfuerzo por salir del agua; tenía la ropa empapada y el largo cabello negro pegado a la piel… el agua le corría por todo el cuerpo, deslizándose por sus contorneadas piernas hasta llegar al suelo húmedo… El sol brillaba en un cielo azul y despejado… La joven miró a su alrededor y aquel le pareció un lugar tranquilo y solitario. Se dispuso a quitarse la parte superior de su atuendo; se sentía mojada e incómoda… Pero entonces algo le llamó la atención.
Miró hacia un lado, hacia la selva que volvía a aparecer ante ella… Era como si algo la estuviera llamando para que se adentrara en su interior… Sus pies se encaminaron sobre la hierba hasta el interior de la selva, por una suerte de camino natural formado por los árboles que parecían haberse hecho sutilmente a un lado para permitirle el paso… Avanzó con paso ligero… como si hubiera urgencia por llegar a no sabía donde… El terreno comenzó a descender abruptamente, obligándola a sujetarse a lo que podía para no resbalar y caer rodando al fondo aún impenetrable para la vista… Y entonces, al llegar al fondo de una estrecha hondonada, apartando algunas ramas bajas de enormes hojas, apareció algo ante ella que la dejó asombrada.
Era una especie de templo de piedra, cubierto por la hiedra y erosionado por la acción del agua del ambiente. Najlia no entendía qué era aquello… no había visto nada igual en su vida… Pero sentía una curiosidad inmensa y se aproximó aún más…
El templo tenía una planta pero era de gran tamaño. La joven llegó ante la puerta, un orificio rectangular en la pared de piedra, como la entrada de una cueva, y se internó en la oscuridad…
Pero la luz del día, filtrada previamente por los altos árboles que rodeaban aquel edificio, se introducía por numerosos huecos y rendijas construidos para tal efecto… Aquel lugar era solitario y silencioso. Entonces se fijó en unas extrañas inscripciones que llenaban las paredes: innumerables símbolos extraños de los cuales desconocía su significado; pero también había algunas representaciones… aunque tampoco las comprendía: de unos grandes objetos lenticulares parecían descender unos seres parecidos a los de su especie, aunque vestidos de forma extraña, ante la mirada y adoración de otros, que sí parecían de la suya, que les contemplaban descender de dichos objetos… Najlia se quedó pensativa unos instantes; tras lo cual decidió continuar avanzando… Tras recorrer un largo y estrecho pasillo llegó a una amplia sala cuadrada no muy iluminada. No había nada en su interior vacío, a excepción de algo parecido a un altar situado en el centro de la estancia y que quedaba claramente iluminado por varios rayos de luz que confluían en aquel mismo punto… La joven notaba que la llamada parecía provenir de aquel punto exacto: del altar. Se acercó lo suficiente. Una vez ante el mismo, miró a su alrededor. No pasaba nada. Sin embargo, tenía la sensación de haber llegado… aunque faltaba algo por hacer… Sin saber por qué, comenzó a palpar la superficie del altar con sus manos… no sabía qué buscaba pero debía encontrar algo…
Y lo encontró.
Una piedra cedió repentinamente y comenzó a descender por acción de algún mecanismo oculto… Najlia se apartó de inmediato, asustada ante aquello que no entendía… Entonces, una figura comenzó a formarse sobre el altar, como si estuviera formada por los rayos de luz… Era un holograma.
Najlia abrió mucho los ojos al ver ante ella a una mujer, de más o menos su misma edad, con el cabello largo y azul oscuro, de ojos celestes, ataviada con un largo vestido blanco, quedando los brazos al descubierto, y varios ornamentos en su cabeza, cuello y antebrazos de oro y plata… Su expresión era solemne. Najlia la contemplaba maravillada.
-Al fin ha llegado el día. Tu destino era llegar hasta aquí. Llegar hasta mí.
Najlia se sorprendía de entender aquellas palabras que claramente pertenecían a un lenguaje diferente al suyo. La imagen continuó hablando.
-Tú eres la que guiará a tu pueblo a través de estas tierras, hacia otras nuevas que os esperan a ti y a los tuyos. Muchas dificultades encontraréis por el camino, pero habéis nacido para descubrir el mundo que os rodea. Tú les llevarás hasta ese nuevo mundo. Tú serás su reina- y al decir estas últimas palabras extendió una delicada mano hacia la joven y le dedicó una sonrisa llena de ternura.
Tras lo cual, la imagen se desvaneció como había aparecido. El silencio volvió a hacerse en aquella sala. Najlia estaba tentada de hacerse muchas preguntas en aquellos momentos…
Salió al exterior. No llegó a preguntarse nada. Bajo la luz que llegaba a través de las frondosas copas de los altos árboles que la rodeaban, y con los innumerables sonidos de la selva provenientes de todas direcciones, Najlia comprendió cual era su destino. Se veía reflejado en su mirada…
Comenzó el ascenso. Pasó bastante tiempo ascendiendo hasta encontrar un camino que ya le era conocido. Debía volver al poblado. Ya estaba atardeciendo.
Pero entonces, súbitamente, emergiendo de la vegetación, apareció el Dientes de Sable que la había estado persiguiendo… Quedaron ambos uno frente al otro durante unos segundos, muy quietos… y entonces Najlia comenzó a correr todo lo deprisa que pudo en dirección contraria, a la vez que el feroz animal se disponía a no dejar escapar por segunda vez a su presa… Corrieron con todas sus fuerzas a través de la selva… El tigre rugía y se abría paso con sus enormes y afiladas garras… Pero Najlia se sentía diferente… más segura… más fuerte y veloz…
La joven emergió de la selva y llegó a un barranco. El sol anaranjado quedaba justo frente a ella… y allá abajo, el suelo rocoso a gran distancia… El tigre salió también de la vegetación con ímpetu, pero aminoró la velocidad hasta caminar al ver la situación en la que se encontraba su presa… Ya la tenía donde quería… La joven miraba alternativamente a la bestia y al fondo del precipicio… su expresión era severa…
Najlia no estaba dispuesta a morir sin luchar. Desenfundó la daga que llevaba a la cintura y se encaró al feroz animal, que caminaba lentamente, como disfrutando de aquellos últimos instantes… La joven estaba preparada, esperando el ataque definitivo… tenía tras ella una caída mortal… Cazador y presa quedaban uno frente al otro en medio del cielo anaranjado…
Entonces la fiera atacó. Se abalanzó hacia la joven con todas sus fuerzas… Pero Najlia consiguió dejarse caer a tiempo hasta el suelo, de espaldas, teniendo el cuerpo expuesto del animal sobre ella. No se lo pensó. Le clavó la daga y apoyó un pie en el abdomen del tigre… y con todas sus fuerzas, aprovechando la inercia del ataque, le empujó, impulsando al Dientes de Sable hacia el vacío…
Najlia jadeaba, aún tendida de espaldas en el suelo. Sudaba y miraba hacia el cielo con los ojos muy abiertos… Poco a poco fue recuperándose… Se levantó y, casi a gatas, se asomó al fondo del barranco… Pudo distinguir al animal, el cual aún tenía su daga clavada. Tenía que recuperarla…
A la mañana siguiente, la gente del poblado de la tribu Athabe estaba muy alterada. Todos estaban preocupados por la ausencia de Najlia. Sobretodo su padre y sus hermanos. Estos últimos estaban preparándose para partir en su busca…
Gradualmente, los miembros de la tribu iban haciéndose a un lado, apartándose bruscamente en algunos casos, al ver, estupefactos, a alguien que avanzaba hacia el centro del poblado, donde se encontraba el jefe de la tribu… El miedo y el asombro se reflejaban en sus rostros al contemplar aquello, que no podían creer… Finalmente, llegó hasta donde se encontraba Alstor, y sus hijos… que se quedaron boquiabiertos.
Era Najlia. Y a su espalda llevaba el cuerpo sin vida del Dientes de Sable, el cual casi la cubría por completo… La joven lo dejó caer al suelo. Todos quedaron muy impresionados. Najlia ya no era la misma. Ahora aparecía orgullosa y decidida y todos la miraban con admiración y respeto.
Era el inicio de la leyenda de la reina Najlia.
FIN
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