6 WARRIORS
Kein y Lin.
Los intensos rayos del sol de la mañana no podían alcanzarla en aquella parte cubierta del patio central del cuartel. Recostada en una de las columnas, se encontraba Feng, con los brazos cruzados y la mirada perdida hacia el cielo azul y despejado… Llevaba así mucho rato. Pero es que le duraba desde hacía días; desde que vio a Xin…
En ese momento, al otro extremo del patio, apareciendo y desapareciendo entre las columnas, caminaba Wai, con su acostumbrado paso ligero y su expresión de autosuficiencia. Feng lo seguía con la mirada mientras iba de un extremo a otro; durante un breve instante, a Feng le dio la impresión que Wai se había percatado de que estaba siendo observado por ella… pero aquel no llegó a desviar la vista y se perdió tras una puerta al final de la línea recta que había seguido…
Feng no dejaba de preguntarse, desde aquel día, cuanto tiempo habría permanecido Wai allí, observando… y cuánto habría oído…
Por una de las transitadas calles de Changshia, en las cuales costaba ver por la luminosidad del sol, el calor sofocante y el continuo polvo levantado por los transeúntes, avanzaba lentamente y no sin dificultad un hombre obeso, de pelo un poco largo y con algunas canas, al igual que el espeso bigote; llevaba un saco de maíz a la espalda, acabado de recoger, y se disponía a venderlo en el mercado. Ya había conseguido vender uno un rato antes; y llevaba lo recaudado en una bolsita atada a un lado de la cintura.
Desde unos metros de distancia, confundido en la multitud, un tipo de no más de veinte años se había fijado en el hombre… y en su bolsa. Aquel tonto sería una presa fácil, pensó. Poco a poco, sibilinamente, fue aproximándose, escondiéndose de vez en cuando tras algún viandante que pasaba cerca… De todos modos, aquel hombre no se daba cuenta de nada; solo estaba concentrado en llegar al mercado con su valiosa carga…
Finalmente, y a pesar de que casi lo arrolla un viejo que pasaba tirando de una mula, el tipo consiguió estar lo suficientemente cerca de aquel hombre… Y le cogió la bolsa sin problemas. El hombre, ajeno a todo, e imaginando las cosas que podría comprar con lo que ya tenía, y lo que podría conseguir por aquel saco que cargaba fatigosamente, seguía su camino sin variar el ritmo…
El ladrón le dio la espalda a aquel hombre, que se alejaba, mientras contemplaba con una amplia sonrisa, no carente de malicia, la bolsa que había conseguido…
-Eso que has hecho no ha estado bien- lo reprendió una voz de un tipo joven que no sabía de donde provenía…
El ladrón miraba a todas partes y no veía de donde podía haber venido aquella voz que había oído tan claramente a pesar del bullicio reinante en aquel lugar… Entonces notó algo raro. Se miró las manos y… ¡la bolsa que sostenía con ambas ya no estaba!
Inmediatamente se puso a mirar frenéticamente en todas direcciones… ¡¿Quién había sido?! ¡¿Dónde estaba ese maldito…?!
Entonces, como si estuviera destacado sobre todos los demás, lo vio. A unos metros de distancia, un tipo con un zurrón, de lado pero con la cabeza girada, lo miraba con una mirada que, sin ser grave, lo tenía paralizado… No sabía por qué pero sentía miedo…
No pudo más que salir corriendo.
Habiendo comprobado que aquel ladronzuelo se perdía de vista, sin ganas de intentar en breve volver a robar a nadie, Lei sonrió levemente y se giró de nuevo para continuar su camino, mientras que, no muy lejos de allí, y sin tener ni idea de nada de lo que había pasado, el hombre que cargaba el saco volvía a tener la bolsita sujeta a su cintura.
En la escuela Heilong, Gavin se había quedado solo. Yun estaba en la fonda. Yi había ido con Xin al mercado y Bo las acompañaba. Han había decidido dar una ronda por la ciudad. Y Huei se había ido a pescar.
-Aquel tonto… Ya podía haber dicho antes que se le daba bien la pesca…- Decía mientras se encontraba sentado con la espalda apoyada en uno de los manzanos con las manos cruzadas detrás de la cabeza, disfrutando de la sombra del árbol y de una ligera brisa que se había levantado…
No muy lejos de allí, una pareja joven observaba la escuela desde el exterior…
-¿Qué te parece? Aquí puede que encontremos cosas interesantes…- Le decía un joven de diecisiete años a una chica de la misma edad, señalando hacia la escuela con una expresión y sonrisa que no denotaban muy buenas intenciones…
-No lo sé- dijo simplemente la chica, girando la cara a un lado, como si no quisiera saber nada de aquella “buena idea” que él había tenido.
El joven tenía el pelo corto y del color de la paja, al igual que los ojos. Vestía con una camisa ajustada gris claro sin mangas y abotonada con dos pequeños botones, faja blanca, pantalones verde oscuro y botas grises. Tanto él como ella eran de altura y constitución media. Ella tenía el pelo largo recogido en una cola de color rosa, el mismo color que sus ojos. Era muy atractiva y vestía con una blusa de cortas y ajustadas mangas de color rojo, pantalones muy cortos negros y sandalias rojas. Tanto él como ella tenían la ropa gastada y algo sucia, y su aspecto mostraba que estaban hambrientos…
-¿Qué pasa? ¿No te parece bien?- Le recriminaba él, sin poder entender por qué reaccionaba así…
Ella se giró de inmediato hacia él, fulminándolo con la mirada.
-¡Estoy harta de todo esto! ¡Yo no soy una ladrona!- Exclamó, furiosa…
Él estaba sorprendido.
-¡Yo tampoco soy ningún ladrón! Tan solo estamos equilibrando las cosas: los que tienen más deben compartir con los que tienen menos…- Decía, convencido…
Ella desistió; siempre era lo mismo… Cuando él se dijo a si mismo que ella estaba convencida, se dispuso a explicarle su plan…
-Vale. Lo haremos como siempre: tú llamas a la puerta; ellos te abren porque les caerás bien; les pides un poco de comida y bebida y compruebas cuántos son, qué poseen… Luego vienes aquí y me lo dices. Y esta noche les asaltamos.
Ella se sabía aquel “plan” de memoria. En eso consistía equilibrar las cosas para él, pensó con hastío… Pero no podía hacer nada. Se lo debía. Al fin y al cabo, se había ocupado de ella durante todo aquel tiempo…
-Está bien- accedió.
Esto hizo que él dibujara una amplia sonrisa de satisfacción en su rostro.
-Ya sabía que no me fallarías- dijo con una voz melosa, rodeándola con los brazos.
Ella no dijo nada, mirando hacia otro lado…
Gavin no podía creérselo cuando escuchó los golpes en la puerta principal. Estaba claro que no podía ser ninguno de ellos: todos utilizaban la entrada secreta, precisamente, para diferenciar a los que llegaban a la escuela. Pero aquello era la primera vez que pasaba… Sin pensárselo, fue directo hacia la puerta de entrada.
-¿Quién es?- Preguntó alzando la voz para ser escuchado desde el otro lado.
Al principio nadie contestó. La chica estaba al otro lado, mirando hacia arriba, por donde le había llegado la voz, dudando… El joven, que estaba oculto no muy lejos de allí, maldecía preguntándose qué rayos le pasaba…
-Soy viajera. ¿Podéis darme algo de comer y de beber, por favor…?- Dijo, con toda la naturalidad de la que fue capaz, como tantas otras veces…
Pero era verdad lo de que tenía hambre… notaba que había comenzado a adelgazar…
Gavin no dudó de su palabra y retiró el tablón que bloqueaba la puerta doble de madera. Abrió una de las dos y contempló a la chica que tenía delante.
Ambos se quedaron mirándose durante un buen rato, embobados.
-Ho… Hola- consiguió decir Gavin, al fin.
La chica reaccionó.
-Hola- dijo de inmediato, forzando una sonrisa que ocultara sus nervios…
El joven observaba la escena. Desde donde se encontraba no podía ver claramente al tipo que le había abierto la puerta; ni la cara que tenía ella en aquellos momentos…
La chica se recordó a si misma para qué estaba allí…
-Te pido perdón por molestarte, pero… ¿tendríais algo para comer, aunque fuera poco?- Le pidió bajando la vista por la vergüenza.
Pero Gavin no entendía por qué la chica se comportaba así.
-¡Claro! ¿Te gustan las manzanas?- Le dijo con absoluta naturalidad.
Esta reacción sorprendió a la joven. Normalmente o no accedían o lo hacían mostrando sus reservas; claro que, en realidad acertaban de pleno al hacerlo… Muy pocos le ofrecían comida amablemente. Y desde luego nadie como él… Gavin, que se había dado la vuelta para acompañarla al interior de la escuela, se detuvo al ver que la chica permanecía quieta, mirando al suelo a un lado, pensativa…
-¿No vienes?- Le preguntó, extrañado.
Aquello terminó de sorprender a la joven, que lo miraba con los ojos abiertos de par en par. El joven que la acompañaba tampoco se lo había esperado.
-Muy bien…- Celebraba con satisfacción desde su posición apretando el puño…
La chica asintió. Y cruzó el umbral sin dirigir ni una mirada de reojo hacia atrás. Aquello ya no le gustó tanto al joven…
La chica seguía a aquel muchacho jovial que caminaba ante ella, mientras miraba a su alrededor. Muy rara vez la habían invitado a pasar a ninguna casa…
-¿Y vives aquí solo?- Le preguntó, esforzándose por ceñirse al “plan”…
Gavin se giró hacia ella sin dejar de caminar.
-No. Somos varios que vivimos aquí. Lo que pasa es que todos están fuera ahora mismo- hablaba sin dejar de sonreír.
La verdad es que la chica hubiera preferido que no fuera tan amable con ella… No hacía más que aumentar su sentido de culpa. Pero había algo más y esto la estaba asustando…
-Ah- se limitó a decir.
-¿Y tú? ¿De donde vienes? Dijiste que eras viajera.
Durante un instante, a la chica se le pasó por la cabeza explicarle lo que hacía ella en realidad; lo que hacía allí ahora mismo…
-Yo…- Pero se vio interrumpida súbitamente.
-¡Muchas gracias por tu hospitalidad!- Exclamó una voz masculina que llegaba desde cerca del muro lateral.
Gavin dirigió su atención de inmediato hacia aquel punto. Por algún motivo, no había notado que alguien se colaba al interior… y no lo entendía… La chica se lamentaba para sus adentros por la irrupción (esperada) de su compañero…
-¿Qué haces aquí?- Le preguntó en tono serio Gavin.
Aquel tipo sonreía lleno de confianza al tiempo que se aproximaba caminando tranquilamente hacia donde se encontraban él y la joven. Esta miraba a un lado, con la culpabilidad dibujada en su rostro…
-Venimos a poner un poco de orden… Danos toda la comida que podamos llevarnos y monedas; y si tienes algún objeto de valor también nos irá bien…
Gavin se extrañó.
-¿A quién más te refieres?- Le preguntó, al ver que no venía con nadie más.
Pero entonces se dio cuenta de que miraba a la chica que tenía al lado; y que esta parecía haberse alejado un poco… Entonces comprendió.
-¿Tú… vienes con él? Me habías engañado…- Le dijo, sin utilizar un tono acusador…
Y aquello hizo que la chica no pudiese más. Levantó la mirada y le miró con ojos suplicantes, como si quisiera decirle algo pero no pudiera… El joven que acababa de llegar se percató de esta reacción en ella. Y no le gustó nada…
-¡Venga! ¡Ahora! ¡Si no quieres morir…!- Le exigió sin ocultar su enojo…
Pero Gavin, serio, permanecía impasible. Aquel estúpido no le daba ningún miedo.
-¿Quiénes sois vosotros? ¿Ladrones?- Quiso saber.
Entonces aquello hizo estallar al joven.
-¡Cállate!- Vociferó al tiempo que se lanzó a atacar a aquel insolente…
-¡Kein, no!- Exclamó la chica.
Gavin ni se movía, mientras aquel joven estaba a punto de descargar toda su furia contra él…
-¡Ahora verás!- Anunció Kein preparando el puño…
Pero Gavin lo detuvo con la mano en el último momento, justo cuando estaba a punto de impactarle en el rostro… Así y todo, Gavin se vio desplazado unos centímetros sobre la grava… Aquel tipo era más peligroso de lo que se esperaba.
También Kein estaba sorprendido. Y la chica… Kein reaccionó.
-¡Uaaah!- Exclamó lanzando una patada a Gavin…
Este la evitó saltando hacia atrás. Entonces fue él el que hizo amago de atacar con el puño… Kein se apartó de inmediato al ver que podría haberle alcanzado… Ahora el sorprendido era el recién llegado, que apretaba los dientes…
-Veo que sabes luchar…- Le dijo esbozando una sonrisa en su rostro ceñudo…
Pero Gavin no sonrió.
-Tu tampoco lo haces mal… ¿Quién te ha enseñado?- Se interesó.
Kein sonrió más ampliamente.
-¡Nadie! ¡Lo que sé lo he aprendido por mi mismo!- Exclamó, orgulloso, al tiempo que se lanzaba nuevamente al ataque…
Gavin se preparó para contener el ataque… La chica no quería que aquello continuara…
Entonces Kein se detuvo. Se oían voces aproximarse. Los demás estaban llegando. Muy a su pesar, sabía lo que tenían que hacer…
-¡Vámonos!- Le dijo a la joven, que también oía las voces.
Gavin fue el último en enterarse de que sus amigos regresaban. Entonces vio cómo la chica seguía a aquel tipo que le dirigía una última y desafiante mirada antes de encaminarse al mismo punto por el que había entrado…
Y ella se detuvo para girarse hacia Gavin, el cual no se lo esperaba…
-Me llamo Lin- dijo, mirándolo de una forma extraña…
-Yo soy Gavin-dijo él, mirándola bien, como si fuera la última vez que lo fuera a hacer.
Kein se dio cuenta de que Lin se había parado… y para hablar con aquel.
-¡Lin! ¡Tenemos que irnos!- La urgió, realmente con la intención de alejarla de él…
Gavin vio claramente en sus ojos que no quería, pero que tenía que hacerlo… Así que se fue tras aquel tipo, desapareciendo ambos tras escalar ágilmente el muro…
Entonces llegaron Yi, Xin, Bo y Yun, que se los había encontrado de camino, atravesando la puerta, que no estaba bloqueada. Se encontraron a Gavin de pie, con la mirada perdida hacia el muro. Yi se fijó en el joven.
-¿Gavin? ¿Te encuentras bien?- Le preguntó.
Gavin no contestó.
Aquella noche Gavin no podía dormir. No podía quitársela de la cabeza…
Entonces, tumbado en su cama a ras de suelo, le pareció oír algo.
-Gavin…- Le llegó una voz femenina que le llamaba en voz baja desde fuera…
Gavin no se lo podía creer. Se levantó de inmediato, tratando de no hacer ruido y despertar a Huei, que dormía en la habitación contigua, y a Bo, que roncaba en la adyacente a esta, y se dirigió al exterior… Pero Gavin no había sido el único que había oído la voz: Yi también la había escuchado…
Gavin salió al exterior nocturno. Era una noche calurosa de verano; la luna casi llena iluminaba el cielo despejado y estrellado.
-Gavin…- Volvió a escuchar la voz. Y venía de arriba…
Tras oír ruido en las ramas del manzano, apenas pudo el joven alzar la cabeza, cuando una figura cayó desde arriba entre hojas sueltas, llevándole de espaldas hasta el suelo de hierba… Entonces la vio. Era Lin. Y estaba sentada sobre su torso.
-Lin… ¿Qué haces aquí…?- Le preguntó, sin saber como actuar en aquella situación…
Ella, con movimientos sinuosos, se deslizó hacia abajo, poniendo sus delicadas manos sobre el torso del joven y mirándole con ojos llenos de intención… Gavin estaba más que abrumado… Ella comenzó a aproximar sus labios a los suyos…
Entonces Gavin notó algo. Justo cuando sentía el cálido aliento de la joven, vio de reojo a alguien que estaba de pie a pocos metros a su izquierda, cerca de la entrada del edificio, viéndolo todo…
Era Yi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario