DETECTIVE NIGHT
Al rescate de Mei.
Hiro se dirigió inmediatamente hacia el barrio industrial nº 4. El tráfico aún era intenso, pero comenzaba a disminuir a medida que se acercaba a la zona de los barrios industriales. No sabía donde se encontraba el edificio indicado en la nota que Lerbat Midrah le había dejado en el paquete bomba…
A medida que se aproximaba a aquella parte perteneciente prácticamente a las afueras de la ciudad había menos luz en los alrededores. Los edificios no mostraban casi actividad a aquellas horas. Tan solo se veía de vez en cuando a trabajadores rumbo a sus casas tras haber terminado su jornada.
Pasaron varios minutos y Hiro iba dando vueltas por las calles repletas de fábricas, almacenes, edificios de oficinas y empresas de todo tipo. Entonces vio algo. Al girar una esquina apareció ante él, a lo lejos, en lo alto de un edificio muy alto, una hoguera… Pero era una hoguera especial, diferente… En realidad, se trataba de una columna de fuego que se elevaba varios metros hacia el cielo nocturno…
-¡Ahí estás!- Dijo Hiro, endureciendo la mirada.
El joven detective se sentía diferente. Notaba que ya no era el mismo. Le daba miedo lo que pudiera ocurrir a partir de ese momento… pero también era consciente de que tenía que llegar hasta el final…
Puso rumbo hacia el edificio más alto del barrio industrial en el que se encontraba: el número 4.
Tuvo que atravesar una calle estrecha para llegar a divisar la entrada del edificio. Dicha construcción quedaba rodeada por otros edificios más pequeños y bastante separados de aquel hacia el que se dirigía. Hiro tenía un mal presentimiento tras observar a su alrededor… Era evidente que Midrah tendría un plan… Decidió dar marcha atrás y aparcar en la calle principal, a cierta distancia. Dejó su gabardina en el asiento del copiloto y se arremangó las mangas de la camisa. Comprobó que la linterna estaba estropeada… Bajó del coche y miró con atención a su alrededor. No había nadie. Comenzó a caminar por la oscura callejuela, con paso ligero pero cauteloso…
Al cabo de unos instantes volvía a tener delante el gran edificio. Era bastante viejo, en comparación con los de su alrededor, y presentaba bastantes desperfectos bien visibles en el exterior.
Estaba bastante seguro de que Midrah ya se habría percatado de su presencia. Hiro no había pretendido en ningún momento ocultar su llegada, ya que pensaba que le convenía asegurarse de que el captor de Mei supiera que ya estaba allí… Aún así tenía esperanzas de sorprenderle.
Entonces oyó ruido proveniente de la calle estrecha por la que había venido. Se llevó la mano al lado derecho de la cintura, donde llevaba el arma enfundada en su estuche. En ese instante vio aparecer un gato negro corriendo, el cual se detuvo unos instantes, mirándolo con sus brillantes ojos amarillos, y se dio la vuelta para desaparecer en las sombras. Hiro se tranquilizó un poco y, tras comprobar durante unos instantes que no había nadie más, se encaminó hacia la deteriorada puerta principal del edificio.
Cuando estaba a punto de atravesar el umbral, sin dejar de caminar, ahora más lentamente, desabrochó la funda y cogió su arma, quitando el seguro antes de sujetarla con ambas manos a la vez que se la llevaba a la altura del lado derecho de la cabeza. Hiro no apartaba la mirada de la oscuridad que se extendía ante él. La mala sensación que tenía desde hacía rato se iba agudizando a medida que avanzaba…
Cada vez más, la oscuridad lo iba envolviendo con cada paso que daba; pero Hiro aún podía ver gracias a la luz que llegaba del exterior. Podía ver claramente las paredes agrietadas, cascotes por el suelo, botellas vacías, varias pintadas aquí y allá, cristales rotos provenientes de las ventanas… Casi ninguna estaba entera; el aire frío de la noche se iba filtrando y hacia revolotear papeles tirados y polvo.
Hiro buscaba la escalera principal. Estaba seguro de que Midrah tendría a Mei en un piso más elevado…
Tras un rato de dar vueltas en la casi total oscuridad, había algo que le había llamado la atención; algo a su alrededor destacaba… pero no sabía qué. Finalmente encontró las escaleras que ascendían por el centro del edificio.
Gracias a las numerosas ventanas podía ver con bastante claridad mientras ascendía. La zona de la escalera principal era una de las que quedaban más iluminadas. Llegó al primer piso.
Manteniendo la cautela, y con el arma levantada, avanzaba lentamente escudriñando en la oscuridad. Otra vez tuvo la misma sensación que había tenido con anterioridad: había algo que le estaba llamando la atención pero no acababa de ser consciente de lo que era…
Al cabo de un rato consideró que no era necesario recorrer el piso en su totalidad. Pensaba que era evidente que no podía estar allí; además, en algún momento debería encontrar un indicio de que se encontraba en el piso correcto… Midrah le debía haber preparado dicho indicio.
Volvió a las escaleras principales y siguió ascendiendo al segundo piso. Cruzó la puerta y, al mirar a su alrededor y no ver ni oír nada decidió subir hasta el siguiente piso.
Repitió la misma operación con el tercer piso y siguió hasta el cuarto. Aquí había algo distinto. Hiro notaba que algo diferenciaba aquel piso de los anteriores… De modo que se dispuso a inspeccionarlo en profundidad.
Avanzó varios metros y, a medida que lo hacía, una sensación de peligro se acrecentaba en su interior… Pero tenía que seguir avanzando. Entonces vio algo varios metros más adelante. Había sido un brillo fugaz, como de algo metálico… Hiro se alarmó al darse cuenta de lo que aquello significaba y casi saltó al ir a resguardarse tras una pared perteneciente a un pasillo situado a su derecha al tiempo que un disparo sonaba, resonando en la lejanía de aquel piso abandonado, e impactaba en la pared contigua. Hiro se asomó con cuidado con el arma por delante y apuntó hacia la dirección de la que había provenido el disparo. Un nuevo impactó se produjo cerca de él obligándole a ocultarse de nuevo. Entonces Hiro escuchó claramente como unos pasos se alejaban corriendo. El detective pensó que probablemente había visto su arma en la distancia y había cambiado sus planes. Primero se aseguró de que tenía vía libre y, acto seguido, emprendió la persecución en la oscuridad del que seguramente era Midrah. Aún podía escuchar sus pasos desplazándose a toda velocidad; la práctica total ausencia de mobiliario provocaba que cualquier ruido, por insignificante que fuese, resonara en la distancia. Hiro también podía escuchar sus propios pasos mientras corría cada vez a más velocidad.
Un nuevo disparo alcanzó el cristal de una puerta que Hiro tenía en aquel momento a su izquierda. Instintivamente se cubrió la cara y se encogió levemente, pero no dejó de correr. Tampoco su atacante lo hizo.
Al cabo de unos segundos escuchó como el sonido de los pasos del individuo al que perseguía cambiaba… Estaba subiendo por unas escaleras.
Hiro encontró más luz al acercarse a unos ventanales y, al mirar hacia su izquierda, al comienzo de un nuevo pasillo, vio que una puerta conducía a otras escaleras principales del edificio. Por ahí había subido. Al atravesar la puerta abierta Hiro tuvo que frenarse al impactar un nuevo disparo en uno de los escalones cercanos a donde estaba situado en aquel momento. Apuntó hacia arriba y no divisó nada. Entonces dejó de escuchar los pasos ascendentes. Hiro dedujo que ahora se encontraba en el quinto piso… Hacía allí se dirigió.
Al cruzar la puerta no escuchó nada. Estuviera donde estuviese estaba quieto… probablemente observándole. Hiro comenzó a avanzar. Entonces oyó unos sonidos metálicos y unos chasquidos que no llegó a identificar; pero no le gustaban nada…
Tras unos instantes intentando distinguir algo entre la negrura reinante, vio sorprendido como una pequeña llama se encendía varios metros delante de él. Entonces fue como si el tiempo se hiciera más lento. Hiro vio a una figura con gabardina y sombrero que lo apuntaba con una ballesta desde la lejanía. La flecha estaba encendida en la punta y tenía una forma algo extraña. Tenía que salir de allí. Un pasillo se extendía a su derecha; fue hacía allí a toda la velocidad que pudo al tiempo que oía algo atravesar el aire y golpear en la pared con un golpe seco; su camino se iba iluminando progresivamente, cada vez más rápido… Había una puerta cerrada a cada lado; decidió ir hacia la de la izquierda para aprovechar el impulso de la trayectoria que llevaba, mientras el calor aumentaba peligrosamente… Embistió la puerta con todas sus fuerzas y esta se abrió con estrépito… Hiro cayó al suelo por el impulso y pudo ver como una inmensa llamarada atravesaba el pasillo que acababa de dejar atrás…
-“¡Por poco…! Ahora sé cómo cometió los dos asesinatos…”
Como Hiro esperaba, las llamaradas eran tan intensas como poco duraderas. Salió de nuevo al pasillo, sorteando los pequeños incendios que se había producido aquí y allá. Al llegar al lugar desde donde había divisado a Midrah (ahora no tenía ninguna duda de que era él), vio sorprendido como, prácticamente medio quinto piso estaba iluminado por el fuego que quedaba desperdigado. Los efectos habían sido inmediatos y devastadores. Midrah probablemente había llegado ya a las otras escaleras. Hacía allí se fue corriendo Hiro dejando atrás llamas que parecían estar vivas...
Al llegar a las escaleras dirigió la pistola hacia arriba. No vio ni oyó nada. Hiro estaba seguro de donde se encontraba Midrah en aquellos momentos… Se dirigió directamente a la azotea.
Abrió la puerta metálica con fuerza y golpeó contundentemente contra la pared. La columna de fuego que había visto desde abajo seguía ahí. Y entonces Hiro vio algo que no se esperaba y que no quería creer…
Lerbat Midrah, “El pirómano”, estaba de pie ante él, a no mucha distancia, sujetando a Mei con un brazo y apuntándola con una pistola.
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