El Jinete Olvidado
La venganza en su nombre…
Ethant y Amadheus mantuvieron la mirada durante unos largos y tensos instantes. Cyntia miraba extrañada a su acompañante.
-Ey… ¿Estás bien?- Preguntó.
Pero Ethant no pareció escucharla.
En determinados momentos, Amadheus parecía a punto de sonreír, debatiéndose entre la incredulidad y la alarma…
Era como si el ruido de alrededor hubiese desaparecido. Y entonces comenzó la música. La gente comenzó a danzar en pareja ante el ritmo de la pieza musical que tocaba una banda en un extremo de la amplia sala. Ethant y Amadheus se perdían de vista intermitentemente al pasar alrededor parejas bailando…
-Oye… Ya ha empezado…- La chica casi rogaba tirando de la manga al estático Ethant.
Entonces, cuando una pareja de jóvenes terminó de pasar por su línea de visión, Ethant comprobó alarmado que Amadheus ya no estaba en el mismo lugar. Llevó la vista inmediatamente hacia arriba, buscándolo urgentemente… Y vio como se perdía por uno de los pasillos superiores a toda velocidad. El joven jinete sabía muy bien adónde había ido…
-Cyntia… Lo siento…- le dijo, sin apenas mirarla, a sus decepcionados ojos, que no comprendían…
La joven iba a decir algo cuando Ethant salió a toda prisa hacia una de las grandes puertas laterales, la situada a la izquierda.
Al cruzarla, notó el efecto de salir de aquel ambiente musical y festivo que se había creado en el salón. Aunque no podía dejar de pensar en Cyntia y en la manera en que lo había mirado…
El pasillo estaba desierto en aquellos instantes… pero Ethant comprobó que un guardia estaba situado al otro extremo, mirando hacia lo que había más allá del recodo, al pasillo que se abría hacia la derecha. No tenía tiempo para excesivas precauciones… Los grandes ventanales estaban abiertos de par en par y daban a los jardines de la casa del duque. Ethant apoyó un pie en el alféizar y se asomó al exterior.
-¡Hildergart!- Llamó llevándose una mano al lado de la boca para intensificar el sonido.
Como estaba seguro, no tuvo que esperar mucho para escuchar los cascos de su fiel corcel aproximándose hacia donde se encontraba.
Hildergart apareció dando cabezadas afectuosas hacia su amigo.
-Muy bien, Hildergart…- Le decía al tiempo que le acariciaba efusivamente la larga crin negra.
Entonces Ethant recuperó su espada y se la colocó a un lado de la cintura.
-Nos veremos luego…- Le dijo, sin estar muy seguro de si esto sería realmente posible…
En el piso superior, Amadheus atravesaba los pasillos corriendo. Los guardias, al verle pasar, se extrañaban, y algunos hacían amago de preguntar qué ocurría a su superior.
-¡Si veis pasar a un tío con una espada, no le detengáis! ¡Repito, no le detengáis!- Ordenaba sin dejar de correr asegurándose de que todos le escuchaban.
Los guardias se miraban entre sí sin comprender.
Amadheus llegó a la puerta de su alcoba y se dispuso a girar el pomo de oro cuando una voz le interrumpió.
-Señor. ¿Ocurre algo?- Le preguntaba un hombre ataviado con ropa semejante a la de los guardias pero más recargada, de algo más de treinta años; tenía la cara redonda y los ojos claros. Era el siguiente al mando por debajo de Amadheus.
Amadheus pensó rápidamente y se giró hacia su segundo. Se acercó a él buscando algo en uno de sus bolsillos.
-Si dentro de media hora no he bajado de la azotea, ven con todos los guardias y mata al que encontrarás arriba- le dijo muy serio entregándole un pequeño reloj de arena.
El hombre se quedó mirando el reloj.
-Pero, señor…- Intentó decir.
-Es una orden- Dijo Amadheus, tajante.
El jefe de la guardia se cuadró de inmediato y se dirigió a informar al resto de sus hombres. Cuando se hubo perdido de vista, Amadheus entró en su alcoba.
Al pasar y cerrar la puerta tras de sí, una mujer de larga y ondulada melena oscura se irguió sobresaltada en la cama; las sábanas enredadas apenas cubrían su cuerpo desnudo de piel caoba.
-Ya has vuelto… ¿Se ha acabado el baile?- Preguntaba con voz insinuante entornando los ojos.
Amadheus miraba atentamente a su alrededor…
-Cállate- dijo, intentando ignorarla, mientras seguía buscando con la mirada.
Entonces se dirigió a un rincón de la estancia; apartó un vestido de mujer, colocado de cualquier manera, y encontró lo que buscaba: su espada. Lanzó el vestido a la cama.
-Cuando vuelva, espero que te hayas ido- le dijo a la mujer sin mirarla, con un deje de desprecio, mientras se encaminaba hacia la puerta, seguido con la mirada por aquella…
Amadheus salió al pasillo y, tras mirar hacia la dirección del pasillo por la que había venido, se encaminó por la otra, rumbo a la azotea.
Ethant entró de nuevo en el gran salón. La gente seguía bailando, ajena a todo lo que ocurría fuera de aquella enorme estancia. Ethant pensó que le vendría bien todo aquel ruido para pasar desapercibido…
Cuando se dirigía hacia las escaleras que conducían al primer piso, en el otro extremo de la sala, Cyntia se percató de su presencia. Pensaba que se habría marchado… Ethant comenzó a subir los escalones, intentando ocultar en lo posible su espada mientras controlaba a los guardias con la vista… Cyntia lo seguía con la mirada mientras el joven iba ascendiendo hacia el piso superior…
Ethant llegó al final de las escaleras; el guardia que quedaba detrás parecía distraído… A su derecha se extendía un largo pasillo; Amadheus había ido por allí… Lanzó un último vistazo al guardia, que miraba hacia la zona de baile, y aceleró el paso, saliendo de la gran estancia y dejando la gente, la música y el ruido atrás… y a Cyntia, que probablemente se habría vuelto a su casa, muy enfadada… Esta no le había quitado la vista de encima hasta que desapareció, quizá para siempre…
Pero la chica no estaba dispuesta a que todo quedara así. Su mirada se volvió decidida, borrando cualquier rastro de la tristeza que la había envuelto tan solo hacía unos instantes, se quitó los finos guantes, lanzándolos a un lado al suelo, y se soltó el pelo… Fue tras Ethant.
El joven jinete atravesaba el largo pasillo. Le extrañaba no encontrar ningún guardia; hasta que giró un recodo y vio a uno, que apareció repentinamente a escasos metros de distancia… Ethant se llevó la mano a la empuñadura de su espada. No quería herir a nadie, pero tampoco estaba dispuesto a permitir que nadie se interpusiera en su camino… Pero, por algún motivo, el guardia se lo quedó mirando, muy tenso y apretando los labios, con los ojos furiosos y asustados; parecía debatirse para no coger su arma, un sable colocado a un lado de la cintura… Ethant pasó lentamente a su lado, vigilándole, con la mano abierta cerca de la empuñadura de su arma… Ambos se controlaban con la mirada mientras Ethant avanzaba… Cuando ya varios metros los separaban, el jinete miró una última vez al guardia, que no podía ocultar su rabia y frustración, y siguió adelante atravesando el pasillo.
Al girar un nuevo recodo, vio que el camino terminaba un poco más adelante. Dio unos cuantos pasos y, a la izquierda, encontró una nueva escalera de anchos escalones que subían hasta llegar a una puerta solitaria en lo alto. Estaba seguro de quién se encontraba al otro lado de la puerta…
Ascendió los últimos escalones. Ahora se encontraba ante la puerta. La abrió.
Una brisa fría le dio en el rostro, agitando su cabello. Traspasó el umbral y se encontró bajo el manto de la noche, bajo un cielo estrellado iluminado por la luna creciente. Allí arriba no llegaba el ruido del gran salón. Entonces distinguió una figura unos metros a su izquierda, de espaldas.
-La verdad es que creía que habías muerto- dijo la figura, oculta en las sombras.
Amadheus se dio la vuelta y sonrió burlonamente.
Ethant dio unos pasos y se encaró a él, manteniendo la distancia…
-Tu cabello…- Comenzó a decir el joven.
Amadheus intensificó su sonrisa.
-Te has dado cuenta, ¿eh? Para pasar mínimamente desapercibido, tenía que cambiármelo de color… y pensé en ponérmelo del mismo color que ella…- Amadheus se detuvo y observó la reacción de Ethant.
Este guardó silencio; aunque comenzaba a aumentar su furia…
-La verdad es que era preciosa, ¿verdad?- Prosiguió Amadheus- Si no hubiera tenido que seguir órdenes… y tú no hubieses estado allí… te aseguro que la habría hecho durar mucho más… ju, ju, ju…- Hablaba sin perder de vista al joven, que iba frunciendo el ceño y apretando los dientes, hasta mostrarlos, a medida que la rabia crecía más y más en su interior…
Entonces, ante la sorpresa de Amadheus, Ethant pareció recuperar parte de su serenidad.
-Por eso estoy aquí… Yo la vengaré en su nombre- sentenció, desenvainando su espada y colocándose en guardia.
Amadheus parpadeó varias veces. Entonces recuperó la compostura levemente perdida y volvió a sonreír con malicia.
-Ju, ju, ju… ¿De qué me hablas? ¿Que la vengarás? Lo último que vio era que tú estabas allí conmigo… ¿Crees que ella querría que tú la vengarás? ¡¿Y quién se encargará luego de ti?!- Gritó repentinamente enfurecido.
Estas últimas palabras hicieron reaccionar al joven jinete.
-¡Huaaaaaa!- Bramaba Ethant dirigiéndose a toda velocidad, con la espada en alto, hacia Amadheus, que aún no había desenvainado la suya… Y parecía muy confiado…
Entonces Ethant, con una velocidad que su adversario no se esperaba, lanzó un tajo descendente que este evitó por poco, algunos cabellos del cual fueron segados ante su estupefacción… Cuando Ethant volvió a atacar, esta vez más horizontalmente, Amadheus desenvainó apresuradamente su larga espada de hoja estrecha y detuvo justo a tiempo el duro impacto de la hoja del joven…
Algunas hojas de sudor resbalaban por el rostro de Amadheus, aún conteniendo el ataque, mientras Ethant lo miraba fijamente a los ojos, con una mirada intensa y decidida, sin dejar de ejercer presión, con la tranquilidad del que se sabe superior…
-¡¿Qué haces?!- Exclamó una voz femenina que Ethant reconoció de inmediato.
Ambos contendientes dirigieron momentáneamente la vista hacia la recién llegada, que se encontraba delante de la puerta, por la que llegaba luz del pasillo, y saltaron hacia atrás sin abandonar la guardia.
-¡¿Qué haces aquí?!- Le gritó Ethant.
La joven frunció el ceño.
-¡A mí no me hables así! ¡He venido a buscarte!- Dijo, ofendida.
Amadheus miraba a uno y a otro alternativamente. La sonrisa maliciosa volvió a su socarrona expresión.
-Vaya, vaya… Muy bien… No está nada mal la chica…- Le decía Amadheus a Ethant. Aquel pensó durante unos segundos y continuó- Os diré lo que vamos a hacer: diré que tú mataste a la chica… y por eso yo te tuve que matar a ti…- Mientras escuchaban estas palabras Ethant se enfurecía por momentos y Cyntia comenzaba a estremecerse…
-Sí que eres el forajido del cartel… No es que solo te parezcas…- Se dio cuenta la joven.
Ethant la miró, aterrado. No debía haber dicho aquello en presencia de Amadheus…
Amadheus inclinó levemente la cabeza al tiempo que cerraba los ojos y sonreía fingiendo resignación.
-Tranquila… Tú y yo antes nos tenemos que divertir… Ju, ju, ju…- Reía con expresión lasciva a la vez que la chica se horrorizaba…
Ethant no pudo aguantar más. Apretó las manos alrededor de la empuñadura de su espada y se lanzó de nuevo al ataque.
Volvió a atacar verticalmente… pero esta vez Amadheus detuvo el arma de Ethant sin problemas; inmediatamente este volvió a atacar horizontalmente… y su contrincante lo volvió a detener sin aparente esfuerzo…
Ethant estaba muy alterado sabiendo que Cyntia estaba en peligro… Y Amadheus era consciente de ello… Los ataques del joven no tenían la potencia de antes…
Entonces Amadheus le atacó oblicuamente… Ethant, a duras penas, lo detuvo… pero Amadheus, con un rápido movimiento, envolvió la espada de Ethant con la suya y lo desarmó, volando el arma al suelo, a los pies de Cyntia…
Ahora el sorprendido Ethant estaba a merced del crecido Amadheus.
-¿Sabes?- Comenzó a decir este- El jefe creía firmemente que tú eras diferente… que tenías algo especial… Yo siempre tuve mis dudas al respecto… Pero veo que no me equivocaba, ju, ju, ju…- Reía, satisfecho…
La mención de Jezabelt obró un cambio en el interior de Ethant. Su mirada cambió y se intensificó. Ahora solo importaba destruir a su adversario. Mientras tanto, Cyntia se agachó y recogió la espada del joven, quedándose durante unos instantes mirando la empuñadura… hasta que tuvo que levantar la vista.
Amadheus, triunfal, elevó su arma dispuesto a terminar el duelo de una vez por todas… Con todas sus fuerzas, atacó oblicuamente a Ethant, que permanecía de pie ante él, inmóvil, ocultos los ojos tras el cabello… Amadheus daba por hecho que se había rendido…
Entonces Ethant se desplazó a una velocidad increíble hacia delante y detuvo con su antebrazo, bloqueándole el brazo que portaba la espada, el ataque de Amadheus. El impacto había sido terrible. Amadheus retrocedió, con el brazo dolorido, sin comprender qué había pasado… Y se encontró con la mirada fulminante de Ethant.
-¡Ten!- Le dijo Cyntia al joven, que se giró, y aquella le lanzó su espada por la empuñadura, atrapándola Ethant al vuelo.
Amadheus no estaba dispuesto a perder ante él.
-¡Aaaaaaaah!- Rugió sosteniendo la espada con fuerza nuevamente y dispuesto a atacar por última vez…
Pero Ethant giró sobre sí mismo, llevando la espada a la diestra… Amadheus cargaba… pero notaba como si un tornado se generara ante él… Súbitamente, Ethant aumentó la velocidad, de forma casi inhumana, y lanzó un preciso tajo horizontal a la altura de la mitad del tronco de Amadheus. Este detuvo el ataque, quedándose muy quieto, con los ojos muy abiertos y la boca entornada… Un chorro de sangre manó de la amplia herida y de su boca… Intentó sostenerse en pie, clavando la espada en el suelo… pero esta se le cayó de las manos mientras caía hacia atrás…
Ethant sacudió su espada y la envainó. Sabía que tenía poco tiempo. Se dirigió de inmediato hacia Amadheus, que se retorcía en el suelo… Se inclinó y le agarró por las solapas.
-¡¿Dónde está?!- Exigió saber.
Amadheus le dirigió la mirada lentamente, sangrando abundantemente por la boca y, al verle la expresión, sonrió de forma burlona.
-Je, je, je… Con él sí que no podrás… Je, je… ¡Uugh!- En un último estertor, abrió mucho los ojos antes de cerrarlos… y expirar.
Ethant apretó los dientes, maldiciendo. Entonces se escucharon pasos corriendo aproximarse desde abajo. Eran los guardias. Ethant se incorporó de inmediato y se encaminó al borde de la azotea.
-¡Espera!- Le dijo Cyntia, pasando corriendo al lado del cuerpo sin vida de Amadheus.
Ethant se detuvo. No sabía si sería capaz de mirarla a la cara…
-Lo sé, lo sé… Gracias- dijo sin girarse.
-¡No es eso!- Protestó la joven- No… No te vayas… por favor- Consiguió decir.
Ethant se sintió desarmado. Se giró y se acercó a la joven.
-Tengo que irme…- Intentó decir…
-¡¿Por qué?!- La chica no se resignaba…
Ethant la miró a los ojos, que brillaban, humedecidos, a la luz de la luna…
-Yo soy como él…- Dijo, apartando levemente la mirada.
Ella negó, rotunda.
-¡No! ¡Tú no eres así!- La joven no pudo contener las lágrimas…
Entonces Ethant, como impulsado por una fuerza desconocida, la besó. Sentía sus suaves labios y estrechaba el cuerpo tembloroso de la joven contra el suyo. Para los dos, el tiempo se había detenido… No existía nada más a su alrededor…
Al separar los labios, se miraron durante un largo instante, mientras Ethant cogía las manos de la joven… Y entonces los pasos y gritos de los guardias llegaron por la puerta… Estaban a punto de irrumpir en la azotea. Ethant, sin dejar de mirarla a los ojos, comenzó a dar pasos hacia atrás, mientras la mano de Cyntia se deslizaba bajo la suya, hasta separarse finalmente… Ethant se asomó al borde: allá abajo había un carruaje lleno de paja. Se giró una última vez, siendo su mirada correspondida por la de la joven, que no podía contener las lágrimas que surcaban sus blancas mejillas… Cuando aparecieron los guardias, encabezados por el segundo de Amadheus, Cyntia desvió la mirada un momento… y cuando se giró, Ethant ya no estaba…
-¿Qué es lo que ocurre aquí?- Los guardias se apartaron dejando paso a un hombre de casi cincuenta años, ojos castaño oscuro, pelo largo y negro, con canas, al igual que el bigote y la barba de forma puntiaguda; vestía con ropas elegantes, semejantes a una armadura completa, y una ostentosa capa.
Era el duque Vohn Casel. Miró hacia el cuerpo de Amadheus. Levantó la vista hacia el jefe de la guardia e hizo un gesto con la cabeza para que se lo llevaran de allí, sin cambiar su expresión de indiferencia. Cyntia contempló la escena.
-¿Tú eres Cyntia? ¡Claro que sí! ¿Qué haces aquí?- Cyntia veía como aquel hombre se acercaba sonriendo afablemente mientras sus hombres se llevaban a Amadheus dejando un visible rastro de sangre…- ¿Has venido con tu prometido? Me parece un joven muy adecuado para ti… Sí, conozco a su familia y sé que serás muy feliz- decía sin dejar de sonreír.
Cyntia no sabía qué decir.
-He venido sola- dijo finalmente.
-Oh, vaya… Bueno, te acompaño al salón- decía mientras levantaba una mano con la palma hacia arriba en dirección a la puerta y comenzaba a caminar- Bueno, pues como te decía, me alegra que te cases, ya que, y perdona mi atrevimiento, ya tienes veintisiete años y…- Pero Cyntia no le escuchaba.
Mientras caminaba hacia la puerta, se giró una última vez para ver el lugar donde había desaparecido Ethant…
El joven jinete estaba cubierto de paja hasta arriba. Entonces oyó unos cascos de caballo acercándose a su izquierda.
-¡Vámonos Hildergart!- Dijo saliendo del carro y sacudiéndose al mismo tiempo.
Ethant subió a lomos de su corcel y se dirigieron de inmediato a la salida antes de que se diera la voz de alarma.
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