DETECTIVE NIGHT
El Rastreador.
El tipo de la larga gabardina y el sombrero de ala que ocultaba casi totalmente su rostro se hallaba en cuclillas observando aquellas rodadas recientes producidas por un vehículo distinto a los de las otras. Tan solo podía adivinarse un malicioso ojo escrutador…
Tras examinarlas detenidamente, extrajo un teléfono inteligente de uno de los bolsillos de su gabardina y, con el mismo, enmarcó las huellas de los neumáticos. Tomó varias fotografías. Cuando consideró que ya tenía suficientes instantáneas, se incorporó, dio un último vistazo a su alrededor y se encaminó hacia el callejón por el que había venido.
Los pasos resonaban en aquel paso estrecho. Salió al exterior atravesando el espacio que había abierto con anterioridad en las cintas que la policía había colocado para precintar el callejón. A pesar de que cada vez había más luz con el despunte del día, el tipo oculto por la gabardina parecía caminar por los recovecos donde aún resistía la oscuridad…
Llegó hasta un coche de aspecto bastante desvencijado; se veía claramente que necesitaba una revisión general y una limpieza. Entró en el coche y cerró la puerta. Extrajo un ordenador portátil de reducido tamaño de la guantera y conectó el teléfono al mismo. Mientras se estaban pasando las fotografías que acababa de tomar al ordenador, un individuo dio unos golpecitos a la ventanilla del conductor. Se trataba de un agente de policía, bastante joven. El tipo giró la cabeza y fulminó al agente con su implacable mirada… El joven policía se echó levemente hacia atrás, irguiéndose, por la impresión; pero volvió a inclinarse hacia delante, con tiento. El tipo de la gabardina, consciente de que no le quedaba más remedio que atender al policía, bajó la ventanilla automática de mala gana. Cuando hubo bajado del todo, el tipo se quedó callado, mirando al joven agente, a la expectativa…
-Bu… Buenos días…- Comenzó a hablar el joven policía, visiblemente nervioso- Disculpe las molestias… pero no puede estar aquí… Este lugar corresponde al escenario de una investigación policial…- Se detuvo el agente, dándose cuenta de que los nervios le estaban llevando a hablar demasiado…
Durante unos segundos, el tipo extraño del coche se quedó mirando al policía desde las sombras, bajo su sombrero, sin decir nada… Hasta tal punto que el policía no estaba seguro de si le había oído o entendido… Finalmente, ante el ligero sobresalto del joven agente, el motor del coche se encendió con ruidoso estrépito al tiempo que la ventanilla comenzaba a subirse. El coche se puso en marcha y se alejó con el sonido de sus neumáticos deslizándose por la calzada. El policía quedó de espaldas, mirando al vehículo alejarse… aliviado de que aquel tipo tan raro se hubiese ido.
El sonido de sus tripas le despertó. Hiro abrió los ojos y miró el despertador: las 15:16. Se comenzó a incorporar con cierta dificultad, estirándose y tratando de desperezarse. Se llevó sin darse cuenta una mano al brazo vendado y la retiró de inmediato al notar un ligero pinchazo; se estremeció al recordar aquella jeringa…
Llegó a la sala de estar. Durante unos instantes pensó en Mei y en cuando le preparaba aquellos deliciosos platos… pero aún no vendría, seguramente…
Entonces alguien tocó a la puerta. Hiro conocía esa manera característica de llamar. Fue de inmediato y abrió.
-¡Hiro!- Exclamó la joven sobrina de Izo lanzándose a sus brazos, con tal efusividad que hizo perder momentáneamente el equilibrio a Hiro, provocando que estuviese a punto de caer…
-¡Mei! ¡¿Cómo estás?! ¡No esperaba verte tan pronto!- Exclamó Hiro, exultante, y un poco avergonzado de que la chica lo pillara ataviado con la ropa de dormir: una camiseta interior blanca de tirantes y unos pantalones cómodos gris claro, aparte de sus zapatillas azul marino de andar por casa…
-¡Muy bien! He pasado la noche en el hospital, pero esta mañana me han dado el alta. No he podido venir antes porque tenía clases…
-¿Has ido a clase?- Preguntaba Hiro, atónito.
-Claro…- Contestó Mei, extrañada por la pregunta de Hiro- ¡Tengo mucho que aprender!- Exclamó entusiasmada.
Entonces Hiro miró a un lado, bajando la mirada, con aire de culpabilidad.
-Oye… Mei…- Comenzó a decir.
Mei se dio cuenta de este cambio en el joven.
-¿Te encuentras bien, Hiro? ¿Te pasa algo?
Ante la inocencia de la chica, Hiro se sentía aún más culpable…
-Mei… Siento mucho todo lo que ha pasado… Todo ha sido por mi culpa…- Trataba de decir…
Mei al principio de extrañó; pero luego cayó en la cuenta de a qué se refería Hiro y sonrió con dulzura.
-No tienes que pedir perdón. Tú no has hecho nada. Me secuestró aquel tipo, ¿recuerdas?- Le “riñó” la chica al decir estas últimas palabras.
Ahora sí que Hiro se sentía aliviado del todo. No pudo más que sonreír a aquella joven que significaba tanto para él…
-Bueno, ahora tengo que irme. He quedado con unas compañeras para hacer un trabajo. Pero mañana estaré aquí sin falta- decía resuelta.
Hiro asintió con una afable sonrisa.
-Te espero.
Mei se iba derrochando su habitual vitalismo que contagiaba a todo aquel que estaba cerca de ella, como pensaba Hiro.
Entonces, cuando Mei ya estaba cruzando el umbral, se detuvo de pronto.
-Hiro…- Comenzó a decir, sin girarse, con un tono que el joven detective no le había oído nunca antes a la chica…
-¿Sí…?- Preguntó, notando algo distinto en la joven, que hacía que él mismo comenzara a alterarse al no saber de qué se trataba…
Entonces Mei se giró, con las manos cruzadas delante sujetando su cartera que tenía pegada a la falda, con una mirada seria e intensa… una mirada que terminó de desestabilizar a Hiro…
-Gracias…- Dijo, con la voz en casi un susurro.
Hiro no sabía qué decir… no se esperaba esto…
-De… De nada… Je,je…- Reía, nervioso…
Mei le dirigió una última e intensa mirada antes de girar de inmediato y comenzar a alejarse sin decir nada.
Hiro se quedó mirándola mientras se alejaba, con una especie de sonrisa con la boca abierta que los nervios habían transformado en una mueca… No sabía qué pensar… Cerró la puerta y trató de recuperarse.
Y entonces, el joven detective cayó en la cuenta.
-Al final tendré que pedir una pizza…
Algunas calles más allá, en un callejón por donde no pasaba nadie en ese momento, el tipo de la gabardina detuvo su vehículo y retomó lo que estaba haciendo antes de que aquel maldito policía entrometido lo interrumpiese…
Aunque pertenecía a la organización, actuaba por cuenta propia, con sus propios recursos. Era algo que caracterizaba a sus miembros; así, si alguno era descubierto y atrapado, no facilitaría el acceso al entramado general de O.C.O. Aunque en su caso esto era más acentuado; acudían a él cuando lo necesitaban, como en aquella ocasión. Debía encontrar al responsable de descubrir y acabar con Midrah. Y matarle.
Tras varios minutos de búsqueda el programa conectado a la red que estaba utilizando le dio la información que buscaba: el modelo del vehículo era un Sky Grey del 96; no era un modelo muy común, de modo que no debería costarle demasiado dar con su dueño… Pero para obtener esa información, ahora sí que debía aprovechar los recursos de la organización; concretamente, una base de datos: un registro de a nombre de quién estaban todos y cada uno de los vehículos de la ciudad. Pero había un problema: aquella información fue sustraída por un hacker, perteneciente a la organización, de la base de datos general de la policía de Blue City; si se utilizaba remotamente desde algún lugar distinto a la terminal de donde se sustrajo, saltaría una alarma que delataría la posición de aquel que estuviese realizando la consulta… Aunque, recientemente, el mismo hacker que robó el archivo, detectó un fallo de seguridad en dicho sistema de detección: una vez al mes, “se abre una puerta” en el sistema que permite consultar sin que salte la alarma; pero dura unos minutos…
“Era más que suficiente” pensó el tipo misterioso. Apagó el ordenador y arrancó de inmediato.
Los siguientes tres días fueron relativamente tranquilos. El joven detective apenas tuvo llamadas; y, desde luego, no eran nuevos casos… Además, hubo un hecho que llamó la atención de Hiro: Mei no había vuelto todavía. Decía que estaría muy ocupada con trabajos de la universidad y que aún no sabía cuando volvería… Pero Hiro sabía que algo había cambiado. Intentaba no darle demasiada importancia…
Entonces sonó el teléfono. Hiro se sobresaltó; casi había olvidado que lo tenía…
-¿Diga?
-…Hiro. Soy Aki.
A Hiro le dio un vuelco el corazón.
-¡Aki! ¡¿Cómo estás?!- Decía intentando controlar los tremendos nervios…
-Bien. Tienes que venir a comisaría- hablaba con aparente tranquilidad y casi indiferencia…
-A la comisaría… Bien, bien… ¿Ahora?- Decía intentando tranquilizarse…
-En cuanto puedas. Maze me ha dicho que te llame. Hay información nueva- daba la impresión de que no se permitía hablar más de lo necesario…
Hiro miró el desorden a su alrededor y su aspecto algo descuidado últimamente…
-Eeeh… A lo mejor tardo un poco…- Hablaba intentando ocultar lo ciertamente decepcionado que se sentía en aquel momento al escuchar repetidas en su cabeza las últimas palabras de Aki…
-Tranquilo. Cuando puedas. Adiós- dijo antes de colgar, sin esperar la respuesta de Hiro.
Este se quedó con el teléfono en la mano, sin saber muy bien qué pensar… Pero reaccionó de inmediato y se puso en marcha.
Al cabo de una hora y algo más llegaba a la comisaría. Era por la tarde. Hiro hizo el recorrido que tantas veces había hecho tiempo atrás; pero, en aquellos instantes, cayó en la cuenta que la última vez que lo había hecho fue para buscar su arma e ir a recatar a Mei. Parecía que hacía mucho de aquello…
Al llegar a la amplia sala en la que los agentes tenían sus mesas abarrotadas de papeles y los mismos iban de aquí para allá, vio a lo lejos a Aki, sentada ante su mesa revisando algo atentamente. Hiro estuvo a punto de llamarla, pero se contuvo a tiempo; debía tener mucho cuidado con aquellas impulsivas reacciones que le acostumbraban a dejar en evidencia… Fue derecho al encuentro de la joven, que aún no se había percatado de su presencia (o eso era lo que pensaba Hiro) y, cuando llegó ante su mesa, solo pudo abrir la boca…
-¡Aki!- Exclamó, con voz arrogante, un tipo que venía por la izquierda, derecho hasta donde se encontraba la joven inspectora…
Aki levantó la mirada y se encontró con Hiro, que estaba de pie ante ella; y, sin decirle nada, sin mostrar ninguna reacción en su rostro al respecto, se giró hacia donde provenía la voz que la llamaba.
Un tipo de algo más de treinta años, alto y de paso arrogante, con el pelo corto y rubio engominado hacia atrás, ojos pequeños y azul claro; debía ser inspector, a juzgar por su atuendo: pantalones y americana color marrón claro, camisa gris claro, cinturón y zapatos negros impecables. Iba con una sonrisita de extrema confianza en sí mismo y se inclinó en la mesa, ante Aki, ignorando totalmente a Hiro…
-Hola, Roy- dijo Aki, intentando parecer amable, sin demasiado éxito.
-Hola, Aki, je, je, je… ¿Has pensado en lo que te dije antes? Es un restaurante impresionante… y luego podemos visitar algunos locales de los alrededores bastante exclusivos… No entra cualquiera…- Dijo esto último mirando de reojo a Hiro, sin dejar, en ningún momento de mostrar aquella estúpida sonrisita…
-Ya sabes que no puedo…- Dijo mientras ordenaba los papeles que estaba consultando, sin mirar a Roy y evitando, especialmente, la mirada de Hiro…
El tal Roy redobló su gesto arrogante inclinándose más a la vez que cerraba los ojos y continuaba sonriendo de aquella manera, en actitud de “derrota”. Entonces se dispuso a marcharse.
-Hola, Hiro- dijo la joven, finalmente, al joven detective.
Roy, al oír el nombre, se detuvo de inmediato.
-Hol…- Intentó decir Hiro levantando una mano tímidamente…
-¡Hiro Red! ¡El famoso Hiro Red!- Exclamaba, con cierta sorna, aquel tipo tan ruidoso…
Hiro miró a su alrededor, deseando no estar llamando demasiado la atención “gracias” a Roy… Entonces, el joven se fijó en que, no muy lejos, la amiga de Aki que solía estar siempre con ella, desde su mesa, lanzaba furtivas miradas hacia la escena protagonizada por Aki, Roy… y él mismo. Hiro se encontró de pronto con la mano que le ofrecía Roy.
-Vaya, vaya… Al fin llegó el día…- Decía mostrando los dientes anormalmente blancos…
-“Cierra la boca, que no me he traído las gafas de sol…”- Pensaba Hiro con ganas de que aquel tipo se fuera de una vez…
Al ver que Aki miraba seria y que Hiro no decía nada, Roy se dio por aludido.
-Bueno. Pues un honor, je, je- decía con ironía mientras se alejaba, no muy conforme con que Aki se quedara hablando con aquel detective que no sabía qué pintaba allí…
Hiro se sintió aliviado de que aquel creído se hubiese ido ya. Al igual que Aki.
-Hola, Aki. Ya estoy aquí- Hiro se sorprendió a si mismo por lo tranquilo que se encontraba.
-Maze te espera. Está en su otro despacho- dijo y volvió a prestar su atención a los papeles que tenía ante ella.
Hiro dio por hecho que no tenía nada más que hacer allí.
-Bueno, pues… Hasta luego- dijo con una sonrisa que ocultaba su decepción mientras comenzaba a irse.
-Hasta luego- dijo Aki sin siquiera mirarle.
Apesadumbrado, Hiro se encaminó hacia las escaleras que le conducirían al piso donde se encontraba el segundo despacho del comisario. Mientras se alejaba, Aki no dejó de mirarle en ningún momento…
Atravesó un pasillo no muy largo flanqueado por varias salas. Al llegar ante la puerta, esta se abrió antes de que tocara.
-¡Hiro! Reconozco a la perfección esos pasos…- Hablaba el comisario con la afabilidad acostumbrada.
Aquel despacho era más amplio que el otro. La estancia, como el resto del piso, era muy tranquila, debido a que el mayor flujo de actividad se daba justo abajo, en la planta baja. Tan solo llegaban los sonidos de los vehículos que, tras la ventana con la persiana medio echada, parecían lejanos. La única luz que llenaba la sala era la que provenía de un flexo situado en la amplia mesa del comisario y de las farolas luminosas de la calle. Numerosas estanterías llenas de libros llenaban las paredes. Varios títulos que poseía el comisario aparecían enmarcados. Aquí era donde pasaba la mayor parte del tiempo y, por lo tanto, lo tenía debidamente acondicionado con multitud de objetos personales.
Hiro no podía quitarse a Aki de la cabeza mientras Maze le hablaba. El joven pensó que hubiera cometido un gran error llamándola y, en ese sentido, se sintió aliviado…
-…Bueno, mira esto- dijo el comisario, poniéndose serio.
Le entregó dos fotografías ampliadas. Había dos cadáveres: un hombre y una mujer. Y Hiro sabía quién era la mujer… El comisario habló.
-Son el superior directo de Midrah y la mujer que atendía en la recepción del lugar donde tenía su puesto de trabajo y que le servía de tapadera…
Efectivamente, Hiro había reconocido a aquella mujer que había adivinado las intenciones del detective y seguramente había puesto sobre aviso a Midrah…
-Han borrado cualquier tipo de rastro- concluyó el detective.
Maze recogió las fotografías.
-Sí. La línea de “El Pirómano” queda definitivamente cerrada- sentenció el comisario.
Hiro se despidió de Maze hasta muy pronto, cruzó el pasillo, y se dispuso a bajar las escaleras.
Pero, en ese mismo instante, una joven apareció inesperadamente terminando de subir por las mismas y ella y Hiro chocaron. Los papeles que llevaba la joven cayeron al suelo desperdigándose.
-¡Oh, vaya! ¡Lo siento mucho! No te he visto venir…- Se disculpaba Hiro mientras ayudaba apresuradamente a la chica a recoger los papeles.
Entonces la joven levantó la vista de inmediato para mirar bien a aquel cuya voz le resultaba tan familiar.
-¡Hiro! ¡Pero si eres tú! ¡¿Cómo estás?!
No era muy alta; tenía el pelo largo y castaño recogido en una cola y los ojos color verde oscuro. Hiro reconoció a Yuri, una buena amiga que hacía tiempo que no veía y con la que había compartido muchos momentos en el pasado…
-¡Yuri! ¡Como me alegro de verte! ¿Cómo te va todo?
Y, mientras los antiguos amigos se ponían al día, riendo y bromeando, Aki se había detenido, justo detrás se la pared, al terminar de subir los escalones y oírles… Tras unos segundos de duda, volvió a bajar por las escaleras.
El tipo de la gabardina caminaba por un pasillo poco iluminado, sucio y mal cuidado. Pasó delante de varias puertas correspondientes a viviendas. Finalmente llegó ante la que buscaba: 3º F. Tocó a la puerta con su mano enguantada en cuero. Tras unos instantes notó que alguien se había acercado sigilosamente a la puerta y, probablemente, había mirado por la mirilla. Pero la puerta no se abría.
-Abre. Sé que estás ahí…- Exhortó el tipo.
Tras unos segundos de vacilación la puerta se abrió y apareció un tipo de pelo corto, amarillo teñido y de punta, con unos pequeños ojos oscuros tras unas gafas redondas, e iba ataviado con una camisa abierta que dejaba ver una camiseta interior de tirantes blanca algo sucia, unas bermudas de colores chillones y unas sandalias gastadas.
-Eres tú… ¿Qué… Qué es lo que quieres?- Decía ligeramente asustado y no muy contento por aquella visita…
“El rastreador” sonrió maliciosamente antes de contestar.
-Tengo un trabajo para ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario