DETECTIVE NIGHT
Investigación en la U.B.C.
Al día siguiente de la resolución del caso del cofre, todo pareció volver a la normalidad. Es decir, ningún mensaje en el contestador... Era ya mediodía y Mei aún no había llegado. Hiro había utilizado la mañana para resolver algunos “asuntos económicos” pendientes, gracias al pago de la señora Moore por los servicios prestados. En el banco no se lo podían creer cuando vieron aquellas monedas de oro tan antiguas...
Desde el día anterior, no había parado de darle vueltas a la cabeza respecto al resultado del análisis del polvo rojo. Pero aún no se había detenido a analizarlo en profundidad y empezar a colocar las piezas del rompecabezas... Pensó que aquel era un buen momento.
-“Muy bien. Tenemos un compuesto desconocido, formado por unos componentes conocidos y otros no identificados. ¿Quién está capacitado para hacer algo así? Obviamente, alguien con conocimientos en química. Tiene que ser alguien que se encuentre en esta ciudad y, como mínimo, desde hace algún tiempo; es decir, alguien de quién haya constancia en algún documento oficial. Doy por hecho que el que ha elaborado el polvo rojo es el mismo que ha efectuado los dos asesinatos, ya que, probablemente, no lo confiaría a otro después de haberse tomado tantas molestias... También es de suponer que el que lo manipula tiene que tener concimientos precisos sobre cantidades y precauciones, porque estamos hablando de un compuesto incendiario de gran poder destructivo... Volviendo al tema de quién está capacitado para elaborar algo así, ¿quienes tienen conocimientos en química? Hay dos opciones: una, que sea alguien autodidacta, bastante común en estos casos; o, alguien que ha cursado estudios en la materia. Es más, podría ser incluso un profesor... De instituto o de universidad. En este último caso sería alguien que ya no ejerce como tal, para tener dedicación completa a sus nuevas “actividades”...”
Hiro decidió que comenzaría a indagar por esta última posibilidad. Se dirigió a su mesa y encendió el ordenador portátil que tenía cerrado a un lado. En ese momento tocaron a la puerta. Seguramente se trataba de Mei. Hiro se levantó para abrir, dándose cuenta por el camino de que estaba contento porque la joven siguiese viniendo, después de la situación de peligro vivida el día anterior...
-¡Hola, Hiro!- Exclamó, sonriente y alegre, como de costumbre.
Esto tranquilizó a Hiro. Comprobó que no estaba en absoluto afectada...
-Hola, Mei. ¿Cómo estás?
-¡Genial!- Dijo al tiempo que entraba como la primera vez que lo hizo.- ¿Has desayunado?
-La verdad es que no...
-¡Cómo que no! ¿¡Cómo piensas resolver casos en estas condiciones!?
-Estooo...- Hiro se sorprendió viéndose reprendido, con una mano en la nuca y bajando la mirada, sin saber que decir...
-¡No te preocupes! Prepararé algo ahora mismo.
Mei observó que Hiro estaba utilizando el ordenador en su mesa, de modo que dejó su cartera sobre la mesa situada entre el sofá y la televisión, y se dirigió a la cocina canturreando algo que Hiro no llegó a escuchar bien.
Hiro regresó a su mesa. El salvapantallas estaba activado: pistolas de varios tipos y diferentes modelos de coches, en pequeño tamaño, iban apareciendo aquí y allá, hasta que, finalmente, una imagen de dos policías de ficción, uno blanco y uno negro, rodeados de otros personajes, criminales y algunas mujeres despampanantes, con un fondo lleno de explosiones, más coches y una ciudad detrás llenaba la pantalla. Era la serie de televisión favorita de Hiro desde que era un niño; hacía ya años que acabó, pero, de vez en cuando, la volvía a ver entera... Movió el ratón y accedió a la red.
Hiro tenía acceso a un buscador especial de la policía. Comenzó pidiendo un listado de los institutos de Blue City: 12. A continuación solicitó un listado de los profesores de química de cada centro de los últimos cinco años. Eligió este margen temporal porque pensó que alguien que crea un compuesto así puede necesitar bastante tiempo para ello... pero al mismo tiempo se le exigirá que lo complete cuanto antes al pertenecer a una organización como aquella. Ya tenía la lista y la cifra: 307. Debía efectuar una criba. Descartó todos aquellos que aún estaban en activo, y el resultado ahora era de 23. Pero comprobó que la mayoría eran jubilados y algunos habían fallecido... Algo le decía que por aquí no llegaría a donde quería ir. Solo le quedaba la Universidad de Blue City. Comprobó, al igual que antes, el número de profesores de los últimos cinco años de la facultad de química: 82. Ahora tenía que hacer el mismo descarte que había llevado a cabo hacía unos minutos: 4. Un jubilado... y los otros tres solicitaron la excedencia. Hiro sospechó que, entre aquellas tres personas, era muy probable que se encontrara el individuo al que estaba buscando... Ahora la búsqueda de información se centró en aquellos tres profesores que ya no ejercían como tales: Thomas Range, 48 años; Julius Jefferson, 37 años; y Lerbat Midrah, 41 años. Prácticamente no encontró nada más... Había algo en aquellos nombres que le llamaba la atención... pero no sabía decir qué era.
-“No me quedará más remedio que ir a la universidad...”
En ese momento apareció Mei trayendo algunos platos a la otra mesa, que, al levantarse y aproximarse, Hiro comprobó que tenían una pinta deliciosa... Se sentaron ambos en el sofá después de que Mei terminara de traer un par de refrescos.
-Mei...- Dijo Hiro con la boca llena, intentando tragar antes de seguir.
-¿Sí?
-Me alegra que estés aquí- dijo, mientras saboreaba y disfrutaba de la comida.
-Ji, ji, ji... –rió Mei al tiempo que se tapaba la boca con el dorso de la mano, colorada...
El resto del día transcurrió como tantos otros en la vida reciente de Hiro, ya que Mei se tuvo que ir antes para hacer un trabajo de una asignatura; es decir, el teléfono en silencio... Siguió buscando información en la red sobre expertos en química, pero los resultados arrojados le hacían seguir decantándose por la opción de que se tratara de uno de los tres ex-profesores... Decidió, definitivamente, que al día siguiente a primera hora estaría en la facultad de química de la universidad para investigar sobre el terreno...
Tal y como había decidido el día anterior, se levantó muy temprano (a su pesar), se preparó y se dirigió rumbo a la universidad. Todo aquello le traía recuerdos de su época de estudiante; aunque él solo llegó a estar dos años en la facultad... Se había decantado por la Psicología, materia que le gustaba mucho; de hecho, tenía bastantes libros sobre el tema, algunos leídos más de una vez, y en alguna que otra ocasión había pensado en volver... pero le parecía una vida que no pegaba con él. A veces se daba cuenta de que, al ser detective, llevaba a cabo acciones propias de las dos opciones que siempre había barajado desde que era un niño: el ser Agente de Policía y la Psicología. Todos estos pensamientos tuvo tiempo de desarrollarlos ampliamente por el camino, ya que la Universidad de Blue City se encontraba en las afueras de la ciudad, no muy lejos, pero había que seguir una carretera que, sobretodo a aquellas horas de la mañana, se saturaba de tráfico, haciendo que el, en realidad, corto trayecto se pudiera llegar a convertir en una odisea... y si encima llovía como aquel día la cosa empeoraba sobremanera.
Finalmente llegó. La universidad estaba compuesta por varias facultades, que eran edificios independientes, repartidos en una amplia extensión de terreno. Tenía unas completas instalaciones deportivas, un biblioteca enorme de dos pisos, un salón de actos... y todo lo que una universidad puede necesitar y ofrecer.
Hiro no recordaba muy bien por donde quedaba la facultad de química, por lo que decidió aparcar en una zona muy extensa habilitada para ello y seguir buscando a pie. Ya había parado de llover. Caminar entre los edificios era parecido a hacerlo por los bulevares de una gran ciudad, con zonas de césped, algunos mini-lagos artificiales, y muchos árboles por las aceras. Hiro pensó con nostalgia que la verdad es que se trataba de un sitio bastante agradable; comprobó que pocas cosas habían cambiado: alguna nueva facultad y remodelaciones de algunos trazados y exteriores. Cuando llevaba un rato caminando, vio acercarse ante él a tres chicas de más o menos la edad de Mei que iban hablando sobre asignaturas, exámenes, etc.; quizás más jóvenes. Hiro se paró delante de ellas.
-Hola, chicas. Perdonad que os interrumpa- Las chicas se detuvieron y dejaron de hablar.- ¿Podríais decirme donde se encuentra la facultad de química, por favor?
La chica del centro, una joven rubia con gafas, se adelantó a sus compañeras, que se lanzaban miraditas...
-Es aquel edificio de allí- dijo señalando el otro extremo de la universidad.
Hiro miró.
-Vaya, es un paseo... Muchas gracias- dijo sonriéndolas y comenzando a caminar.
Tras él pudo oír risitas y comentarios por lo bajo que no llegó a escuchar claramente...
Cuando no faltaba mucho para llegar, pasó al lado de una cafetería medio llena por alumnos y algún que otro profesor. Al sentir hambre y darse cuenta de que aún le pesaba el madrugón decidió ir a tomarse un café y algún (o algunos) bollos... y si eran rellenos mucho mejor.
Dicho y hecho. Ahora se sentía con energías suficientes para comenzar las pesquisas...
Por fin, ante él, la facultad de química de la Universidad de Blue City. Ya hacía rato que había salido el sol. Al entrar en el amplio vestíbulo, la notable ausencia de alumnos por los alrededores le indicaba que era horario de clase. Se aproximó a un tablón en el cual se podía ver un plano completo del edificio. Encontró lo que buscaba: los despachos de los profesores. Debía ir al segundo piso, al ala este. Nadie le hizo preguntas, como suele pasar en la universidad; debían pensar que se trataba de un profesor... o un alumno muy repetidor. Al llegar, y teniendo que disimular en ocasiones cuando pasaba alguien, fue recorriendo una a una las puertas de los despachos, comprobando el nombre que figuraba en cada una de ellas. Cuando hubo recorrido todos los pasillos y pasado delante de todos los despachos, comprobó que en ninguna de las puertas se podía leer ninguno de los tres nombres, como era de esperar... pero era una comprobación que tenía que hacer.
En ese momento se aproximaba por el pasillo un hombre de mediana edad, con evidentes entradas en su pelo negro con algunas canas, vestido con ropa “típica” de profesor, con americana marrón, pantalones grises y zapatos de un marrón más claro. Llevaba un maletín.
- “No hay duda, es un profesor.”
Hiro pensó además que, debido a su edad, probablemente tendría bastante información que proporcionarle...
-Disculpe- Dijo Hiro levantando la mano.
-¿Mm?- El hombre lo miró extrañado.
-Verá, soy un antiguo alumno y venía a visitar a tres profesores que tuve en su día... pero veo que ya no tienen despacho...
El hombre lo miró con cierto recelo.
-Yo llevo bastante tiempo por aquí y no le recuerdo, joven...
Hiro vio que le había tocado un hueso duro de roer...
-Sí, bueno... Es que solo estuve un año...- Hiro esperaba que aquello bastara para convencerlo...
-¿Y qué profesores son esos?
Parecía que había colado, pensó Hiro...
-Uno es Thomas Range.
-¡Ah, sí! ¡Thomas! Me temo que está muy lejos de aquí... Se casó y se fue a otro país, de donde es su mujer.
“Este no es”, concluyó Hiro.
-También buscaba a Julius Jefferson...
Aquí le cambió la cara a aquel hombre. Se puso más serio.
-Creo que le tocó la lotería... Y no volvimos a saber nada de él. Sí señor, eso es vocación...- Dijo con evidente sarcasmo.
“Si este tampoco es...”
-Lerbat Midrah...
Y ahora sí que le cambió la cara de verdad. Abrió los ojos de par en par y su expresión era mezcla de furia y miedo...
-Joven... Estoy seguro de que si supiera lo que aquel desgraciado hizo no le estaría usted buscando para saludarlo...
“¡Es él!”.
-¿A qué se refiere?
El hombre guardó silencio, dudando si contestar o no. Finalmente, con cierta resignación, comenzó a hablar.
-Hace un año y medio, cuatro alumnos suyos, tres chicos y una chica, estaban en el laboratorio haciendo prácticas... pero se trataba de una práctica diferente. Para que nos entendamos, no la hubiese aprobado el jefe de departamento que estaba por encima de Midrah.
Hiro asentía, escuchando atentamente.
-¿Y qué ocurrió?
-La verdad es que no se sabe mucho al respecto... la versión oficial es que los alumnos realizaron mal una mezcla y se produjo una enorme explosión que arrasó el laboratorio y las aulas colindantes... En aquellos momentos, avanzada la noche, solo estaban ellos cuatro... pero no sobrevivieron.
Hizo una pausa negando con la cabeza y conteniendo algo de emoción. Continuó con los ojos húmedos.
-Según dicha versión oficial, los alumnos no siguieron las instrucciones correctamente y se saltaron varias medidas de seguridad. Midrah quedó destrozado y se retiró... Pero la versión no oficial, y la que yo creo que es la auténtica...- Iba aumentando el volumen de voz al tiempo que se iba enfureciendo cada vez más- ...es la que habla de que los mejores alumnos de Midrah estaban manipulando un compuesto ideado por él mismo y les utilizó para experimentar con ello, con la excusa de que se trataba de un trabajo... Les prometería un aumento de nota o algo así... Y tras el accidente pidió la excedencia porque había sido contratado por una importante empresa química... Quimitechnics, creo...
Parecía que aquel hombre no podría hablar más...
-Muchas gracias... Creo que me iré a casa...
El hombre asintió sin mirarle y siguió su camino, intentando recomponerse...
Cuando se hubo marchado, Hiro decidió que ya había terminado lo que había ido a hacer allí.
-“Lerbat Midrah... ¿Es él “el pirómano”?
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