viernes, 11 de noviembre de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 7

                                          Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                                                 Onto, el astronauta


Plataforma de lanzamiento de la Agencia Espacial.

El cohete despegó sin problemas, tras los arduos preparativos de meses y meses de trabajo. Una vez se encontraba en órbita el comandante de la tripulación se dirigió a los otros tres miembros:
-Señores, es un honor trabajar con gente tan capaz, seria y preparada como ustedes. Estoy convencido del éxito de la misión.
Los tres estaban uno al lado del otro, escuchando las palabras del comandante: la oficial científica Melissa Andrews, con un largísimo currículum en investigaciones biológicas y químicas. El oficial científico George Stanton, físico reputado con multitud de trabajos publicados en prensa especializada y varios libros en su haber, algunos con ideas revolucionarias. Y el oficial científico Andrej Korolov, ingeniero jefe… Por lo menos eso era lo que ponía en la identificación de su traje, porque en realidad se trataba de Onto…
Onto llamó la atención del comandante por que no paraba de sonreír como un estúpido…
El comandante se acercó a una ventana y contempló la Tierra.
-Es maravilloso. Merece la pena el esfuerzo que realizamos para… ¿Eh…? ¿Pero qué es…? ¡OH, NO! ¡¡KOROLOV!! ¿¡¡¡QUÉ HACE AHÍ!!!?
Fuera de la nave, Onto flotaba de un lado a otro tras la ventanilla, con los ojos y el resto del cuerpo hinchados como un globo a punto de explotar… Pero seguía con la misma estúpida sonrisa…

En ese mismo momento.
C.E.P.I.S. (Centro Especial Para Idiotas Superiores).

En una de las celdas de máxima seguridad…
-¡Oigan! ¡Sáquenme de aquí! ¡Que soy ingenierro! ¡Tengo trres carrerras y catorrce másterrs! ¡Hubo una confusión en el centrro de tests! ¡El mío se confundió con el de un botarrate! ¡¡Oigan!! ¡¡¡Esto es un ultrraje!!!
Un enfermero pasaba por ahí y lo escuchó.
-Sí, sí. Veremos si después de los cuarenta porrazos eléctricos te quedan ganas de seguir…

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