Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto
¿Dónde estoy?
Cinco lunas de diferentes tamaños y colores se podían divisar en un cielo verde esmeralda, surcado por una especie de rayas que iban dejando una estela de un polvo luminoso, el cual caía sobre la hierba alta de color violeta que ocupaba una enorme extensión de terreno, recorrido por unos seres parecidos a elefantes, de color azul, y con unas patas y un cuello larguísimos. Aquí y allá se formaban remolinos de antimateria que llegaban hasta un lago de color naranja suave del cual emergían de vez en cuando una especie de delfines con cabeza semejante a cocodrilos, de color amarillo, emitiendo un sonido extrañísimo que resonaba en la distancia.
Y en medio de un claro, con una taza vacía en la mano, se encuentra de pie Onto, mirando atónito a su alrededor, mientras resuenan en su cabeza las últimas palabras que le dijo su madre:
-“Onto, anda, deja de ver eso en la televisión, y ve a pedirle al vecino un poco de sal”.
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