jueves, 24 de noviembre de 2011

Detective Night - Capítulo 9

                                                                DETECTIVE NIGHT

                                                         La identidad de “El Pirómano”.


Hiro regresó a la agencia. Por el camino había estado madurando la conclusión de que el tipo al cual buscaba se trataba de Lerbat Midrah. Cuando hubo aparcado, el móvil sonó. Era Izo.
-Dime, Izo.
-Hiro. Novedades respecto al incendio...
-Te escucho.
-Origen desconocido. ¿Te suena?
-Se trata del mismo individuo...
-Una cosa más. En la casa incendiada se ha encontrado restos de una sustancia rojiza en forma de polvo...
“Confirmado”, pensó Hiro.
-¿Algo más?
-Esto es todo por ahora...
-¿Puedes hacerme otro favor?
-Tú dirás.
-¿Puedes comprobar si la ventana del piso de enfrente pertenece a una casa en alquiler y el nombre del último inquilino?
-Eso está hecho.
-Gracias, Izo. Estaremos en contacto.
-Para eso estamos. Hasta luego.
Hiro estaba ya convencido de que Lerbat Midrah era el responsable de aquellos dos incendios, perpetrados por orden de la organización Omega. Ahora el problema era localizar al ex-profesor de química...
Todos estos pensamientos lo acompañaron hasta llegar a su casa. Cuando entró vio que Mei ya había llegado. Le había proporcionado una copia de las llaves para el caso de que él no estuviese en la agencia para abrirle.
¡Hola, Hiro!- Exclamó con su habitual jovialidad.
-Hola, Mei.
Estaba en la mesa de Hiro (a lo que estaba cada vez más acostumbrado) trabajando con su ordenador portátil, que siempre llevaba en la cartera.
-Esta tarde tengo que estar en la universidad; pero luego volveré un rato hasta la noche.
-Muy bien. ¿Alguna llamada?- Preguntó con tono de imaginarse la respuesta...
-No, ¿qué raro, no?
-Sí, sí... muy raro.
Mei se llevó su ordenador a la otra mesa mientras Hiro dejaba la gabardina. Este “recuperó” su sitio y encendió su portátil. Tenía que buscar información sobre la empresa Quimitechnics.
Durante un buen rato estuvo buscando; primero en la página oficial, la cual no tenía demasiada información concreta, y luego noticias en la prensa, la mayoría económicas. Lo que sí tenía era la dirección del edificio central. Hasta ahí debía ir.
Hiro se dispuso a salir de inmediato hacia allí. Se despidió de Mei y bajó a la calle. El edificio al que se dirigía estaba un poco lejos, casi fuera de la ciudad, en un polígono industrial.
Debido al abundante tráfico tardó bastante más de lo que pensaba en llegar a su destino. Por fin, ante él aparecía un edificio con una forma muy particular, con enormes chimeneas metálicas, y extensiones que parecían haber sido añadidas a posteriori. Parecía un motor de coche, tal y como pensó Hiro...
Entró en recepción y miró a su alrededor. Gente que iba y venía, todos trabajadores de oficina. Probablemente los empleados que manipulaban la maquinaría y los productos químicos entraban por otra parte. Pensó unos instantes lo que le preguntaría a la mujer de recepción, delgada, con gafas, media melena rubio oscuro y movimientos rápidos, con el ordenador, el teléfono... Hiro se acercó. Durante un buen rato la mujer pareció ignorarlo, ocupada en mil cosas a la vez. Finalmente se dirigió a él.
-Buenos días.
-Buenos días. Estaba buscando a Lerbat Midrah- decidió que no era necesario andarse con rodeos...
La mujer se lo quedó mirando unos instantes, con los ojos abiertos... Hizo unas consultas en el ordenador y en unos papeles y habló, como eligiendo muy bien sus palabras...
-El señor Midrah ya no trabaja aquí.
-¿Y podría decirme cuando dejó de trabajar en la empresa y adónde fue?
La mujer se lo quedó mirando unos segundos más, pensando lo que iba a decir. Hiro empezó a sentirse cada vez más incómodo…
-No puedo decirle más...- dijo mirando hacia abajo.
Hiro sabía que le estaba mintiendo; pero sabía que tampoco podría sacar nada más...
-Bueno... Gracias por todo. Hasta luego- dijo comenzando a alejarse.
-Buenos días- dijo la mujer, por “obligación”, sin dejar de mirar hacia abajo.
Hiro sintió que debía salir de allí cuanto antes...
Fue al aparcamiento, mirando en todas direcciones, sin ver a nadie. Subió al coche, arrancó y salió al exterior, alejándose todo lo deprisa que pudo. Comprobó por los espejos retrovisores que no saliese ningún coche de la zona del edificio... y que no le siguiera.
“Creo que he dado un paso en falso”, pensó Hiro con rabia. Ahora era consciente de que debía darse prisa en dar con su objetivo...
Cuando se internó más en la ciudad decidió aparcar y entrar en el primer bar que encontrara. En ningún momento dejó de comprobar que nadie lo seguía, ni lo vigilaba...
Dentro del local, y tras pedir un refresco y sentarse en la barra, sacó su móvil y se conectó a la red. Buscó en la lista de direcciones oficial de Blue City la correspondiente a Lerbat Midrah. De vez en cuando, levantaba la mirada para ver si sorprendía a alguien mirándole... No conseguía tranquilizarse. Encontró lo que buscaba. Sabía que podía ser una dirección ya en desuso, pero era lo único que le quedaba... Guardó la dirección en la memoria y se bebió el refresco, intentando tranquilizarse y sin apartar la mirada de la calle.
Cuando pasó una media hora salió del bar y fue a buscar su coche de nuevo. Al no ver nada anormal durante todo ese rato, parecía que se iba calmando... Se dirigió de nuevo rumbo a la agencia. Era la hora de comer, pero él no tenía hambre...
Al llegar, antes de abrir la puerta ya pudo percibir un olor delicioso; sin duda, procedía del interior... Cuando entró vio dos platos servidos en la mesa y a Mei en el sofá, aún con el delantal puesto, mirando la televisión. Hasta ese momento no se había dado cuenta de la presencia de Hiro.
-¡Hola! ¡La comida está lista!
Hiro se acercó y se la quedó mirando. Tenía la sensación de que conocía a aquella jovencita desde hacía mucho tiempo. Se dio cuenta de que conocer a Mei era una de las mejores cosas que le había pasado en los últimos años...
-Gracias- dijo con toda la sinceridad que pudo.
Mei incluso se vio afectada por el agradecimiento de Hiro...
-No hay de qué...- Dijo suavemente, bajando la voz.
Ambos intentaron volver a la “normalidad” y comieron las delicias preparadas por Mei. Hiro se dio cuenta, al cabo de un buen rato, que no había estado pensando en la preocupación que le perseguía antes de llegar a la agencia. Hasta ese momento...
Al rato, Hiro se dispuso a irse.
-Hasta luego, Mei.
-¡Hasta luego, Hiro!- Dijo con una amplia sonrisa, como de costumbre.
Hiro la miró unos segundos al tiempo que sonreía también. Durante unos instantes, pensó en decirle algo, no sabía qué... pero, finalmente, salió por la puerta dejando a Mei en la agencia. Fue a su coche y puso rumbo a la dirección guardada en el móvil.

Ya no miraba en todas direcciones para comprobar si le seguían. De todos modos... Llegó a la urbanización a la que pertenecía la dirección: varias filas de casas individuales de dos pisos; una de aquellas calles era a la que se dirigía.
Aparcó donde pudo y bajó del coche. Comprobó una vez más la dirección y buscó el número correspondiente. Cuando al fin se encontraba ante la casa comprobó lo que ya se imaginaba: ahí probablemente no vivía nadie. Era lógico pensar que su domicilio fuese ahora un lugar secreto... Aún así quería entrar por si encontraba alguna pista.
Utilizó una ganzúa especial que le había sido muy útil en varias ocasiones. No le costó demasiado abrir la puerta de la verja; ni tampoco fue problema la puerta de la entrada principal. Cuando pasó al interior podía oír el eco que producían sus pasos. La casa estaba completamente vacía. Miró una por una todas las estancias, pero no encontró nada. Subió las escaleras y buscó por las habitaciones. Nada de nada. Observó una puerta que parecía subir a la azotea, pero detrás había una puerta de barras metálicas cerrada que impedía el paso. Hiro decidió que ya había visto suficiente... Salió de la casa.
En el exterior se quedó pensando un rato. Ahora ya no sabía como seguir. Entonces sonó el teléfono. Llamaba Izo.
-Hiro. Tengo el nombre.
-Adelante.
-Albert Damihr.
Hiro guardó silencio unos instantes; entonces abrió los ojos de par en par al darse cuenta de algo...
-Gracias Izo. Estamos en contacto.
-De nada. Espero que te sirva.
Le servía más de lo que Izo se imaginaba... Sacó rápidamente una libreta y se puso a escribir el nombre que le había proporcionado Izo y que ya conocía: “Albert Damihr”; y entonces volvió a escribir otro nombre utilizando las mismas letras cambiadas de lugar: “Lerbat Midrah”. ¡Era él! Ahora ya tenía la confirmación que necesitaba. “Solo” quedaba encontrarle...
Hiro decidió que iría a la comisaría de policía para intentar averiguar algo en su base de datos. Comenzó a caminar hacia donde tenía aparcado su coche.
Unos ojos llenos de odio lo seguían mientras se alejaba. Una figura cubierta con una gabardina gris y un sombrero del mismo color, que no dejaban nada más al descubierto que una furibunda mirada, se encontraba de pie en la azotea de la casa a la que había accedido Hiro hacía unos minutos...
Hiro tenía una extraña sensación que poco a poco se iba haciendo más fuerte. No le gustaba nada...

Pasó bastante rato en la comisaría buscando información tanto de Lerbat Midrah como de Albert Damihr; pero no obtuvo nada que no supiera ya o que le fuera de utilidad.
Decidió ir un rato a un bar para intentar poner su mente en orden. Comenzaba a atardecer.

Cuando regresaba a la agencia ya iba habiendo cada vez menos luz... y más tráfico. Tardó mucho más de lo que pensaba en llegar...
Aparcó y bajó del coche. En el momento que cerró con llave una aguda sensación de que algo no iba bien invadió al detective. Tenía que volver a casa ya...
Hizo el camino de regreso lo más rápido que pudo, casi corriendo... La sensación de urgencia no hacía más que aumentar...
Cuando al fin se encontró ante la puerta de la agencia dudó unos instantes antes de abrirla...
Al entrar le sorprendió encontrarlo todo a oscuras… Mei debería estar todavía… Encendió la luz y vio horrorizado como la mesa que había delante del televisor estaba volcada y el sofá desplazado de lugar. Pero lo peor fue comprobar como las cosas de Mei estaban esparcidas por el suelo…
Hiro miró desesperado en todas direcciones. Algo llamó su atención: sobre su mesa había un objeto que no recordaba haber dejado allí… Fue corriendo tropezando con la mesa caída y cogió el objeto atropelladamente. Se trataba de un paquete rectangular de 20x10 centímetros y unos cinco de grosor. Tenía algo escrito; Hiro pudo leerlo con la luz que llegaba de la calle:

“Si quieres recuperar a la chica, dirígete al edificio abandonado del barrio industrial nº 4; es el más alto de todos. El fuego te mostrará la localización exacta.”

-¡Maldita sea!- Exclamó Hiro apretando el puño que no sujetaba el paquete.
Entonces comenzó a percatarse de un sonido repetitivo que se escuchaba muy bajo; era un sonido consistente en breves pitidos. Le dio la vuelta al paquete y vio sorprendido como una cuenta atrás en un marcador digital de números rojos iba ya por el 10. 9, 8…
Hiro levantó la vista y comprobó que las ventanas estaban cerradas. 7, 6, 5…
Con todas sus fuerzas se preparó para lanzar el paquete a través del cristal… aún sabiendo que aquello podría provocar la explosión… 4, 3, 2…
No había tiempo para más… Lanzó el paquete, el cual atravesó el cristal e intentó retroceder cubriéndose con el brazo. 1, 0…
Una explosión de llamas iluminó el exterior y destrozó el resto de cristales de las ventanas. Hiro apartó la vista del fuerte resplandor flamígero. Se quedó mirando el fuego suspendido en el aire, quedando su mirada iluminada por el mismo.
Entonces comprendió que había llegado la hora de enfrentarse a su pasado…

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