martes, 17 de septiembre de 2013

Vag, el cazarrecompensas - Capítulo 3

Vag, el cazarrecompensas



De modo que Cilia estaba en lo cierto, pensó Vag. Este no pudo evitar sentir un estremecimiento.
-¿Dónde estás Cilia?- Preguntó al aire, confiando en que le estuviera escuchando- ¿Cilia?
Algo iba mal. Se había interrumpido la comunicación entre ambos… Vag miró a su alrededor, preocupado: nadie parecía alterado; nadie sabía nada… aún. La expresión de Vag se tornó grave.
-Mierda- dijo en voz baja antes de salir corriendo en dirección hacia donde la había visto por última vez…

En medio del barullo reinante, en el cual la gente iba arriba y abajo, hablando animadamente, gritando, riendo, saltando, bailando… los niños corriendo embelesados por los adornos, los globos, las tiras que lo cubrían todo y el colorido reinante… se encontraban, a cierta distancia, Cilia y el tipo de negro, mirándose fijamente…
En aquel momento comenzó a sonar la música interpretada por la banda de la ciudad… Mientras la misma sonaba, ambos sostenían la mirada… Ya sabían de sobras cada uno quién era el otro…
Entonces Cilia percibió algo. Un cambio. No quería creérselo pero sabía que era verdad…
-¡Deprisa! ¡Todos! ¡¡Fuera de aquí!!- Les advirtió la joven a cuantos había cerca…

Desde el inmenso balcón del castillo real, que daba a la ciudad, se podía llegar a ver el movimiento que tenía lugar en la urbe. Asomado al mismo, se encontraba el rey, acompañado de su fiel consejero y por algunos guardias más atrás. Miraba con indisimulado orgullo la enorme estatua erguida en el centro de la Plaza Central y que se distinguía con bastante claridad…
-Aaah, qué obra tan maravillosa…- Decía, extasiado…- Qué lástima que no pueda ir hasta allí para contemplarla en un día como hoy…- Se lamentaba en medio de su goce…
El sonido de la banda de música de la ciudad les comenzaba a llegar a los oídos. En ese instante, se iniciaron los fuegos artificiales que fueron llenando de ruido y colorido el cielo, allá a lo lejos…
-Es por su seguridad…- Le recordó su consejero.
Entonces empezó a pasar algo. El rey puso una expresión de extrañeza y aguzó el oído… Eran gritos; pero no festivos ni de alegría…
-¿Qué… Qué sucede?- Le preguntó a su consejero, notando este como le temblaba la voz…
Los gritos se extendían. La música se había detenido; al igual que los fuegos artificiales…
-Vuelva adentro, majestad- le aconsejó el consejero…
El rey dirigió una mirada asustada hacia el lugar de donde provenía aquel tumulto: la Plaza Central…

En aquella parte de la ciudad el caos había sobrevenido. La gente huía despavorida, chocando y tropezándose unos con otros; algunos cayendo sin obtener auxilio… Los gritos de terror habían sustituido al animado bullicio de hacía unos momentos…
Cilia permanecía en pie, observando alarmada lo que sucedía a unos metros de ella y que había sido el detonante de todo aquello: el tipo al que había identificado había iniciado el proceso de transformación. La gente que lo había visto, no sabía exactamente qué estaba pasando, pero sabía que aquello no era parte de ningún espectáculo… Tenía las ropas desgarradas y su musculatura no dejaba de aumentar… su boca estaba ahora llena de afilados dientes y sus ojos brillaban con un rojo aterrador…
-¡¡¡Uuuuuurgh!!!- Iba emitiendo sonidos guturales de gran intensidad a medida que aumentaba de tamaño…
Cilia no le quitaba la vista de encima.
-“¡Vag, ¿dónde estás?!”- Se repetía la chica, con urgencia…
Pero Vag se aproximaba todo lo rápido que podía, evitando con dificultad la “marea” humana que se le venía encima… El pánico se había extendido por toda la ciudad…
Por fin vio a Cilia.
-¡Cili…!- Y al terrorista en plena transformación…
Vag, sin poder apartar la mirada de aquello, aminoró el ritmo hasta quedar junto a su compañera… Esta se percató de su presencia.
-¡Ah¡ ¡Estás aquí! ¡Rápido! ¡El plan!- Le urgió a un Vag anonadado ante lo que estaba viendo…
Entonces este reaccionó: el plan consistía, sencillamente, en acabar con aquel tipo antes de que completara su transformación… Vag se llevó la mano a la empuñadura de su espada…
Pero ya era tarde. El terrorista apretaba los dientes mientras alzaba la cabeza… Entonces, de su hipertrofiada espalda surgieron dos alas coriáceas, negras, que se extendieron al tiempo que este emitía un violento rugido, el cual se escuchó a varios kilómetros de distancia en todas direcciones…
-Demasiado tarde…- Dijo Cilia, maldiciendo…
Vag y Cilia comprobaron, sin poder hacer nada, como aquel aparente humano se terminaba de transformar, de forma acelerada, en un imponente dragón negro con ojos rojizos… Volvió a rugir tras completar del todo su transformación…
Solo quedaban cerca, en pie, Vag y Cilia, que miraban a aquella criatura como si se hubieran quedado paralizados… Entonces Cilia volvió en si.
-¡Vale! ¡Ya sabía que esta parte del plan tenía muchas posibilidades de no salir bien…!- Aclaraba- ¡Ahora ha llegado el turno del auténtico plan!
Vag hubiese preferido que ya lo tuvieran resuelto… Pero él también pensaba que, si Cilia tenía razón (y estaba claro que la tenía…), tendrían que llegar al punto que requería la situación en la que se encontraban ahora…
-Muy bien… ¡Voy para allá!- Anunció a su joven compañera.
Esta asintió, colocándose de inmediato la capucha y yendo rápida a buscar un lugar adecuado…
Vag aprovechó que aquel gran dragón parecía aún un poco desorientado para aproximarse deprisa… mientras lo hacía, observaba los lugares elevados más cercanos… Abrió los ojos y sonrió.
-¡Allí!- Exclamó, llevándose de inmediato una mano a la boca y comprobando que el dragón no le hubiera oído…
Fue directo hacia una torre de vigilancia de madera, construida seguramente hacía poco con motivo de la gran celebración; y que en aquellos momentos estaba vacía… Estaba a poca distancia del dragón…
Mientras tanto, Cilia corría en dirección contraria, buscando también urgentemente un lugar adecuado… Se detuvo de golpe ante una plataforma que se habían dejado por allí y que seguramente habían utilizado para colocar los adornos de los lugares elevados… Miró a su alrededor y no vio a nadie. Entonces se giró para comprobar su campo de visión: veía al dragón y podía distinguir a Vag subiendo con cuidado por la escalera que llevaba a la zona superior de la torre de vigilancia… Acto seguido fue derecha hacia las escaleras que llevaban a la parte superior de dicha plataforma… Cuando llegó arriba comprobó el panorama que tenía entorno suyo.
-Sí… Aquí estará bien- Dijo, sonriendo levemente al tiempo que miraba al dragón con la preocupación dibujada en su rostro…
No había nadie en varias calles a la redonda. Solo estaban Cilia, Vag y el dragón… Vag terminó de subir a la torre de vigilancia y se puso a cubierto apoyando la espalda contra la madera… Debía esperar el momento adecuado…
Ahora el dragón ya se encontraba en condiciones. Miró a su derredor; buscaba a Cilia…
Esto era algo que a la joven le había pasado inadvertido…
-Vale. Y ahora…- Se dispuso la chica a comenzar a elaborar un conjuro.
Pero no pudo ni empezar. Para su consternación, comprobó al alzar la mirada, que aquel dragón la había visto y se había quedado quieto… Cilia hacía lo propio; aunque en su caso era el miedo lo que la comenzaba a atenazar…
Entonces el dragón empezó a avanzar, dando unos pasos con sus gigantescas garras que resonaban por todo y destrozaban el suelo a su paso… Cilia vio con horror como aquella criatura estaba acelerando dirigiéndose hacia ella…
-¡Oh no!- Exclamó con rabia…
Pero Vag se dio cuenta a tiempo. Justo cuando el dragón abría sus fauces, rugiendo y emitiendo un aliento incandescente, en el momento que se lanzaba hacia Cilia, el joven surgió de su escondite y, casi sin pensarlo, se lanzó al vacío en el preciso instante que el dragón pasaba por debajo…
-¡Uaaaaahaha!- Exclamó al tiempo que caía sobre el lomo de la bestia…
Esta rugió, desconcertada, y comenzó a sacudirse para quitarse de encima al que seguramente sería el compañero de aquella maldita hechicera… Vag se aferró como pudo con ambas manos a las escamas del dragón…
-¡Uoooh! ¡Aaaaah! ¡Vayaaaa! ¡Cilia, date prisaaaaaa…!- Decía mientras era fuertemente zarandeado por la criatura…
Cilia no pudo evitar respirar con cierto alivio. Se había librado de una buena… de momento. No sabía si su Vag aguantaría mucho más aquellas sacudidas…
-¡Vag, aguanta!- Exclamó Cilia, entrelazando los dedos de las manos de un modo específico para iniciar el conjuro…
Pero los zarandeos habían aumentado de intensidad.
-¡Aaaaaaaaah! ¡Para yaaaaaa!- Vociferó Vag, ya enfadado, mientras se sujetaba con ambas piernas al lomo y golpeaba con todas sus fuerzas, uniendo ambos puños, en el ancho cuello de aquella bestia…
El dragón rugió otra vez de furia. Y ahora extendió sus alas. Las batió, provocando una fuerte ola de aire que casi tira a Cilia de la plataforma, y comenzó a elevarse… Vag se aferró con fuerza al ver que se alejaban del suelo… Y, mientras se elevaban, el dragón, encabritado, golpeó con la cola en la estatua que representaba al rey… Esta, lenta pero inexorablemente, comenzó a caer hacia un lado…

Desde la distancia, el rey contemplaba con sopor cómo su espléndida representación iba precipitándose cada vez a más velocidad…
-No… No… Esto no puede estar pasando…- Decía con los ojos como platos y la boca muy abierta… a punto del desmayo…

Y la estatua cayó al suelo, haciéndolo temblar, y rompiéndosele la cabeza con el impacto…
Sobre la plataforma, Cilia trataba de mantener el equilibrio. Le estaba costando concentrarse con tanto desastre… Entonces desvió momentáneamente su atención hacia el cielo: el dragón lo surcaba a toda velocidad, dando vueltas sobre la ciudad, mientras Vag trataba de agarrarse como podía…
En un momento determinado, cuando el joven sintió allá arriba que estaba lo suficientemente afianzado, estuvo tentado de desenfundar su arma y golpear a aquel maldito dragón… Pero entonces recordó la advertencia de Cilia: “No intentes golpear con tu espada a un dragón. Sus escamas son demasiado duras y la hoja se partiría… Solo hay dos maneras de herirlo con un arma blanca: encontrando su punto débil o…” Y Vag estaba a la expectativa de llevar a cabo el segundo modo…
Ahora Cilia estaba sola. Concentrada, con los ojos cerrados, y recitando las palabras mágicas, casi susurrándolas… Finalmente un campo de luz azulada la rodeó durante unos segundos, provocando que la capucha le cayera hacia atrás, y disminuyó posteriormente… La joven hechicera abrió los ojos. Ya estaba lista.
En el aire, a gran altura, Vag casi le había cogido el truco a volar sobre un dragón furibundo…
-“Vag. Ya está. ¿Me oyes?”- Le preguntaba Cilia en su cabeza…
Como antes, no pudo evitar mirar hacia los lados… Entonces se centró.
-¡Vale! ¿Qué hago? – Trataba de hacerse oír entre el ruido provocado por el dragón atravesando el aire a toda velocidad…
Allí abajo, la joven no perdía de vista aquella figura tan pequeña que era el dragón desde donde ella estaba; a Vag ni le veía…
-Prepara tu espada- dijo con aplomo.
Vag asintió. Había llegado la hora. Volviendo a sujetarse con los muslos, desenvainó su espada y la sostuvo con ambas manos… El dragón, sin detenerse, pareció mirar de reojo hacia atrás y ver a Vag. A este le dio la impresión de que sonreía de forma burlona…
-¡Ya está!- Le dijo a Cilia… gritando al aire…
Cilia apuntó con ambas manos, formando un hueco entre ambas, hacia el dragón que no se estaba quieto…
-Espero acertar…- Dijo para si…
Entonces la joven hechicera se concentró. Intentaba calcular la trayectoria que seguiría aquella criatura… Aún estaba rodeada por aquel sutil campo azul…
Lo tenía.
-¡¡¡Ahora!!!- Exclamó al tiempo que un rayo de luz azulada salía despedido del hueco de sus manos en dirección a encontrarse con el dragón negro…
Cilia calculó bien. El rayo, como atraído por la espada, llegó a la misma y el arma adquirió un resplandor del mismo color azul…
Cilia sabía que había acertado. Permaneció atenta después de que desapareciera el campo mágico que la rodeaba…
-Ahora me toca a mí…- Dijo Vag para si mismo mientras se incorporaba y quedaba de pies sobre el lomo del dragón…
Este se giró un instante y percibió el aura de la espada de Vag… Aquello no le hizo ninguna gracia…
Trató de quitárselo de encima de una vez por todas dando una sacudida de la cabeza a la cola…
-¡Eeeeeyyy!- Vag cayó hacia atrás, dando varias volteretas, hasta conseguir sujetarse a la cola con una mano…
Tenía que llegar más adelante… Levantó la mirada, la cual le cambió, y volvió a intentarlo una vez más… El dragón le veía venir de nuevo e intentó tirarle de nuevo…
-¡Esta vez no!- Exclamó el cazarrecompensas al tiempo que saltaba evitando la ondulación del cuerpo del dragón…
Casi sin tocar con los pies, Vag aceleró como si fuera lo último que fuera a hacer y llegó hasta la base del cuello de la bestia cayendo hacia delante… Sujetó la espada con ambas manos… y la hundió en el cuerpo del dragón…
Un terrible rugido atravesó el cielo. Cilia tuvo que protegerse los ojos al quedar la criatura muy cerca del sol… Pero sabía que Vag lo había conseguido y comenzó a sonreír…
Aunque había un problema: el dragón, ya sin vida, continuaba el vuelo por la inercia… Cilia contemplaba con impotencia como su compañero se dirigía derecho al castillo real… Miró rápidamente a su alrededor… Buscaba algo que seguramente les haría mucha falta en breve…

-¡No hablamos de esto en el plaaaaaaan!- Se “quejaba” Vag mientras descendía en picado a toda velocidad, sujeto a la espada…
En el balcón del castillo, aún conmocionado, el rey elevó la vista y, aunque al principio no lo distinguía bien, vio que aquel dragón se abalanzaba a una velocidad monstruosa hacia su castillo…
-¡Majestad, corra!- Vociferó su consejero.
El rey, el consejero y los soldados salieron despavoridos hacia el interior… ya faltaba poco para el impacto…
Vag, en vano, trataba de cambiar la trayectoria como si la espada fuera un timón… Pero no funcionaba…
-¡Oh noooooo!- Exclamó justo antes de que el dragón tomase contacto con el suelo…
La criatura inerte se deslizó, aproximándose al rey, su consejero y los otros, que seguían corriendo como podían, gritando desesperados…
Finalmente, eldragón se detuvo de golpe, al chocar contra los contornos de la terraza que separaban el exterior del interior, causando importantes destrozos y haciendo que Vag, que había extraído su espada del cuerpo del dragón, saliese despedido hacia delante… El cazarrecompensas “voló” hasta chocar con su cabeza con la del rey, al cual se le cayó la corona al suelo…
Ambos se encontraban sentados en el suelo, doloriéndose… Al rey parecía que se le iban a salir los ojos…
-Mal… Malditos… Lo… pagaréis…- Iba diciendo el rey a medida que se iba recuperando…
Vag se iba dando cuenta de cual era la situación: el dragón estaba allí, muerto, en medio de un montón de escombros y cascotes… y el rey estaba sentado cerca de él, con ambas manos sujetándose la cabeza… El consejero y los soldados también estaban cerca, aturdidos por la fuerte sacudida… Vag se fue levantando disimuladamente…
-¡Apresadle! ¡Y buscad a la hechicera y haced lo mismo! ¡Moriréis! ¡Moriréiiiiiis!- El rey se desgañitaba, totalmente fuera de si…
Vag ya se había apresurado a salir corriendo antes de que los soldados comenzaran su persecución.
-Me temo que no cobraremos…- Se lamentaba el joven cazarrecompensas mientras buscaba una salida…
Llevaba un rato buscando una manera de salir de allí, llevando una cola de soldados tras él que no dejaba de aumentar… Entonces entró en una habitación y llegó hasta una ventana abierta que daba a un lateral del castillo. Estaba atrapado…
-¡Vag! ¡Aquí!- Sonaba la voz de Cilia desde abajo.
Vag no se lo podía creer. Se asomó y vio a la joven hechicera conduciendo un carro tirado por dos caballos; detrás había dispuesta gran cantidad de paja…
-¡Allí! ¡Que no escape!- Oyó decir al rey, que acababa de entrar en la habitación seguido de numerosos soldados…
-¡Vag, salta!- Le dijo Cilia.
Vag no se lo pensó y saltó, cayendo sobre la paja y quedando rebozado de la misma…
-¡Gracias Cilia! ¡Eres genial!- Decía mientras pasaba a sentarse a su lado y se quitaba la paja del cuerpo y de la boca…
Cilia agitó las riendas con fuerza.
-¡Ya me lo agradecerás después!- Dijo al tiempo que los caballos relinchaban tirando del carro, que se puso en marcha ganando inmediatamente velocidad…
Cuando estaban saliendo de los límites del castillo, Vag se giró a Cilia, que estaba concentrada en la conducción…
-Oye. ¿Y quién crees que era el terrorista?- Preguntó, intrigado.
Cilia, sin mirarle, asintió.
-Seguramente era alguien programado para “despertar” en un momento determinado y llevar a cabo un atentado- aseguró.
Vag se quedó perplejo.
-¿Programado? ¿Por quién?- Quiso saber…
Entonces Cilia se giró hacia su compañero y sonrió, decidida…
-¿Lo averiguamos?
A Vag aquella idea lo entusiasmó.
-¡Por supuesto!- Exclamó alzando el pulgar.
Entonces les llegó jaleo desde atrás: el rey encabezaba a unas dos docenas de soldados que habían salido para capturarles… Ambos lo vieron y Cilia se giró mirando al frente y volviendo a agitar las riendas fuertemente…
-¡Vamos allá!- Exclamó la joven sonriendo con su expresión habitual, mientras Vag hacía lo propio mirando hacia atrás, donde el enfurecido rey y los soldados les perseguían por el camino de tierra, bajo los intensos rayos del sol del mediodía.



¿Fin?

1 comentario:

  1. ¿Fin?
    ☝🏼 1a firma para que continúen las aventuras de Cilia y Vag. 🙏🏼

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