6 WARRIORS
Un nuevo comienzo…
Un inquietante gemido de esfuerzo surgía del exageradamente musculado cuerpo de Taisho… Los compañeros de Gavin y Huei observaban -impresionados unos, temerosos todos- cómo aquel tipo parecía “crecer” ante sus ojos…
Permanecían alerta, viendo con creciente intranquilidad aquella transformación… cada vez parecía menos humano…
El General continuaba apretando los dientes… Y su mirada -incluso más temible que antes- enfocaba más adelante, hacia el suelo… el mismo que iba agrietándose más y más bajos sus pies… A pesar de que nadie prestaba atención en aquellos momentos, las llamas no dejaban de extenderse…
-¿Cómo te encuentras, Huei…?- Le preguntó Gavin, de pie pero encorvado, sin girarse…
A este, a medias incorporado en el suelo, la pregunta le pilló por sorpresa…
-Bien… Pero no sé si sería capaz de aguantar una última embestida de este monstruo…- Reconoció…
Gavin -sin dejar de mirar a Taisho- guardó silencio durante unos segundos antes de contestar, con gesto entre serio y preocupado…
-Yo tampoco…- No tuvo más remedio que reconocer él también…
Los dos se quedaron callados mientras veían casi con resignación cómo su adversario común se preparaba para no dejar ni rastro de ellos…
Entonces Gavin tomó una determinación.
-No pienso permitir que este bastardo se salga con la suya… No sé cómo acabaré, pero por lo menos voy a intentarlo…- Anunció a su amigo.
Huei, bastante impresionado por todo lo que le había visto hacer y decir, también decidió algo.
-Sí. Quizá no lo consigamos… pero se lo haremos pasar mal… Seguro- Dijo totalmente convencido.
Gavin se irguió del todo a la vez que Huei se levantó y ambos se encararon con su enemigo… Estaban reuniendo las últimas fuerzas para responder al ataque definitivo del General…
Este parecía que iba a explotar… Todos los presentes podían sentir las vibraciones del suelo y las paredes…
Han no decía nada pero lo veía todo prácticamente perdido… Yun no sabía qué era lo que podía pasar a continuación… de qué sería capaz aquel individuo que ya no parecía un hombre… Bo estaba bastante asustado… aunque ahora sujetaba con ambas manos su palo largo, por si lo tuviera que llegar a utilizar de nuevo; cosa que no dudaría un segundo en hacer… Xin, sin que nadie se diera cuenta, rezaba. Sobretodo por Huei… Yi, sin ser muy consciente de ello, se posaba una mano sobre el pecho… sin dejar de mirar a Gavin…
Desde fuera, el cuartel entero parecía a punto de derrumbarse… El sonido gutural del General se propagaba por doquier justo en su punto álgido…
Finalmente se detuvo. Todo permaneció en el más absoluto silencio durante unos instantes. Los momentos previos a lo inevitable… Gavin y Huei ya estaban en guardia… todavía no muy firme porque ni siquiera le veían los ojos…
Entonces se los vieron claramente.
-¡¡¡VOY A MATAROS!!!- Su voz parecía surgir de las entrañas del suelo…
El General se abalanzó sobre ellos con una velocidad que no se podían creer…
El brazo se hundió en el suelo con una facilidad pasmosa, milésimas de segundo después de que los dos jóvenes saltaran hacia atrás para evitar el golpe mortal… así y todo, pudieron notar la fuerza alcanzándoles casi de lleno…
Inmediatamente, Taisho levantó la vista y les vio huir una vez más… Pero esta vez no escaparían…
Con el otro brazo, lanzó un gancho que, a pesar de no darles directamente, creó un viento terrible que les golpeó, mandándolos doloridos más lejos… Aunque eso no representaba ningún problema para el General, que sacó del todo el brazo de la tierra y se impulsó esta vez con el otro pie…
Sus compañeros… sus amigos… las personas que les querían… veían con insoportable impotencia cómo aquella mole maligna les estaba alcanzando… levantando el brazo recién “recuperado” para acabar con los dos de una sola vez…
Gavin y Huei estaban indefensos… A merced de Taisho… El General iba a ganar la batalla…
Entonces el tiempo se paró.
Taisho comenzó a abrir los ojos más y más, a cámara súper lenta -y la boca también-, sin acabar de entender aún qué estaba pasando. Entonces todos lo vieron: un tipo, con capa y sombrero de ala ancha, todavía permanecía en el aire, sable en mano, tras haber trazado un tajo de lleno al General por detrás, en la espalda…
-¡Shen!- No pudo evitar exclamar Han al reconocerle. Era inverosímil que estuviera allí ahora mismo…
En aquel breve intervalo de tiempo, Gavin y Huei posaron los pies en el suelo y contemplaron la situación actual… Entonces Gavin reconoció al instructor de armas, situado justo tras el voluminoso cuerpo del General, el cual iba echándose hacia delante, sin control… Aquel ahora le dirigía la mirada…
-¡Ahora es vuestro turno…!- Les avisó.
Tenía Razón. Gavin y Huei reaccionaron al unísono. Y se lanzaron a la vez a golpear al General…
-¡¡¡UAAAAAAH!!!- Gritaron embravecidos al tiempo que se dirigían con todas las fuerzas que les quedaban -y más- hacia su enemigo…
Sendos puños de ambos guerreros se hundieron en el centro del tronco de Taisho. Este, cuya mirada se perdía por momentos, salió despedido contra la pared más cercana, tras él (Shen ya se había apartado)… Y acabó estrellándose contra el muro, produciéndose una enorme grieta por la inmensa fuerza del doble puño recibido, y rompiéndose la armadura que portaba en las extremidades inferiores en pedazos…
Gavin y Huei, de la inercia, cayeron hacia delante, sobre el suelo, agotados; no podían casi ni abrir los ojos… Sus compañeros y amigos no se lo podían creer…
El General había sido derrotado.
Pero, en el preciso instante que todos se comenzaban a dirigir hacia los dos jóvenes, hubo una serie de deflagraciones que inundaron la estancia de llamaradas…
-¡Cuidado! ¡Fuego!- Exclamó Bo, mirando desesperadamente en todas direcciones…
Gavin, que no sabía muy bien qué era lo que estaba pasando, notó que alguien le ayudaba a levantarse: era Shen.
-Muy bien, Gavin. Pero ahora hay que irse…- Le advirtió cuando el débil muchacho alzó la mirada para encontrarse con la del instructor, el cual ya tenía el sable guardado…
Cuando comprobó que Gavin se sostenía en pie, y una vez llegaron sus amigos, Shen ayudó a levantarse también a Huei que, aunque no conocía a aquel individuo, no podía negar que le estaba agradecido, dejándole hacer…
Yi, tímidamente, quería acercarse a Gavin, ahora rodeado por Yun, el tipo de la capa y el sombrero y Bo… Xin se le adelantó llegando al lado de Huei, a cuyo lado estaba Han.
Pero no hubo tiempo. Todo ardía.
-¡Tenemos que salir de aquí!- Urgió Yun, buscando una salida con la mirada y haciendo rápidos movimientos con la cabeza…
La puerta de entrada, de manera inesperada, crujió y reventó, dando paso a lenguas de fuego que parecían querer entrar a cualquier costa… Parecía que el fuego había dado un “rodeo” a través de la sala de al lado, cuya puerta quedaba muy cerca del foco del incendio…
Han tomó la voz cantante. Ahora le tocaba a él intervenir.
-¡Seguidme! ¡Sé cómo salir de aquí!- Dijo al mismo tiempo que se dirigía corriendo hacia la gran silla situada al otro extremo de la sala…
Los demás no preguntaron y le hicieron caso.
Al llegar -tras haber recorrido una considerable distancia- se quedaron viendo cómo Han examinaba la parte del muro que quedaba justo detrás de la silla… parecía estar poniéndose cada vez más nervioso…
-¡Maldita sea! ¡La han sellado!- Exclamó, alarmándose por lo que aquello significaba…
Yun dirigió una mirada al muro cubierto por una especie de tapiz escarlata…
-¡¿Cómo que la han sellado?!- Preguntaba, con urgencia…
Han dudó de si merecía la pena ponerse a dar ninguna explicación. No había tiempo…
-Debieron hacerlo por la seguridad del General… Era una salida de emergencia pero también una posible entrada para asesinos…
-¿Y ahora qué hacemos?- Intervino Yi, tratando de mantener la calma…
Han alzó la vista hasta la puerta lateral; parecía que no había sufrido excesivos daños… Debían probar…
Pasándolos a todos por delante, llegó el primero hasta dicha puerta y la derribó de una patada. La madera crujió y se destrozó con el impacto… pero tuvo que protegerse, dando un paso atrás -al igual que los que llegaban tras él en ese momento- de las feroces llamas que pugnaban por devorarlo todo desde dentro… La sala contigua estaba ardiendo de arriba abajo…
De pronto no sabían qué hacer.
-¡Shen! ¡¿Conoces tú otra salida?!- Le preguntó Han, pensando en el fiasco de la salida prevista, para intentar agotar todas las posibilidades…
El fuego ya había ganado mucho terreno… comenzaba a rodearles…
-No. Ni siquiera conocía aquella- Dijo, negando con la cabeza casi con culpabilidad…
Entonces Han se dio cuenta. Estaban atrapados. Habían acabado con aquel maldito del General, pero ahora desaparecerían con él…
De forma súbita, un inesperado torbellino atravesó la puerta de entrada por la que habían llegado al principio, abriendo paso entre el fuego. Apareció Lei.
-¡Rápido, por aquí! ¡El paso se cerrará en breve!- Les urgía, haciéndose a un lado de la puerta…
Los demás no hicieron preguntas y fueron de inmediato hacia la obertura entre las llamas… el calor estaba haciéndose insoportable justo antes de cruzarla…
Una vez al otro lado -donde el fuego ya había avanzado bastante- se percataron de que Lei todavía no había cruzado…
-¡¿Qué haces?! ¡Cruza!- Le decía Yi…
Pero Lei permanecía de pie, medio ladeado, tranquilo… como si su intención fuera seguir hacia el interior de aquel infierno… Pero antes de hacerlo, como si hubiera recordado algo, se dirigió hacia Yi.
-He dejado a Feng en un jardín cercano. Lo encontraréis enseguida- fueron sus únicas palabras, junto con una casi imperceptible sonrisa, antes de que una cortina de fuego cayera entre Lei y los demás y ya dejaran de verle…
-¡No! ¡Espera!- Yi comenzó a adelantarse, viéndose retenida por Han…
-¡No tenemos tiempo! ¡Si no salimos ya, volveremos a quedar atrapados!- Le recordó…
Yi lo miraba con ojos humedecidos… Pero, cuando iba a protestar, comprendió que tenía razón…
Todos se pusieron a correr -con Han a la cabeza- hacia la salida. Mientras -junto con los demás- emprendía la huída de aquel lugar, Yi dirigió una última mirada a su espalda, hacia la sala donde se le había visto por última vez… No le había podido dar ni las gracias…
La sala totalmente en llamas, comenzaba a caerse a trozos… Lei se encontraba dentro, contemplando aquella destrucción… cuánto había intentado vivir alejado de todo eso… Pero entonces comprendió que, probablemente, se trataba de su destino… De pronto oyó algo que reclamó de inmediato su atención…
-Uuuugh… ¡¿Mmm?! ¡¡¡AAAARGH!!!- Taisho comenzaba a recobrar la consciencia.
Parecía ajeno a lo que había a su alrededor… solo le movía la ira…
-¡¡¡OS MATARÉ!!! ¡¡¡A TODOS!!! ¡¡¡AAAAAAARGH!!! ¡¡¡VOY…!!!- Pero no pudo seguir desgañitándose y escupiendo.
Un golpe sordo sonó detrás de él, provocando que guardara silencio. De manera definitiva. Cayó hacia delante, ya sin vida, saliéndole un fino hilo de sangre de la nuca… apareciendo Lei con la mano aún en canto…
Entonces este, al oír crujir la estructura entera de la sala, pareció reaccionar, mirando preocupado hacia todas direcciones…
-Debo salir de aquí…
El fuego ya casi había alcanzado las puertas del cuartel. Pero en esos instantes, Han, Bo, Gavin, Yi, Xin, Huei y Yun salían al exterior, a la noche iluminada por las llamas que devoraban el Cuartel General del Distrito Este… Algunos se dejaron caer al suelo, agotados… a pesar de ya encontrarse a distancia segura, no querían ni mirar hacia aquel lugar terrible del que acababan de escapar…
Entonces Yi, de rodillas en el suelo, tratando de recobrar el aliento, se levantó de inmediato al recordar las palabras de Lei.
-Tenemos que ir a buscar a Feng- dijo, dándose la vuelta y dirigiéndose a los demás.
Estos, que también intentaban recuperarse, estuvieron de acuerdo al instante; y se dispusieron a dirigirse al lugar que les había dicho aquel tipo misterioso que les había ayudado…
Abandonaron definitivamente aquel lugar al que no regresarían jamás.
Mientras tanto, en la distancia, sobre una colina situada en la ciudad misma, una figura ataviada con una armadura gris -sin el casco-, un hombre joven, alto, de larguísimo cabello azul celeste, liso, y ojos del mismo color, contemplaba con expresión de contrariedad aquel espectáculo… Aquel soldado que había llegado corriendo y desesperado desde allí tenía razón: algo pasaba en el cuartel “vecino”…
-¿Pero qué ha pasado?
Una vez a salvo del todo -y a cubierto, a pesar de llegar destellos del incendio- en el jardín al que se refería Lei, se pusieron a buscar con la mirada por todas partes… A Xin le cambió la cara cuando la encontró.
-¡Feng!- Gritó, rompiéndose, mientras salía corriendo hacia el árbol sobre el que estaba delicadamente apoyada…
Sus amigos contemplaban apenados cómo la joven corría llorando a lanzarse al regazo de Feng… Lentamente se acercaron mientras Xin sollozaba incontroladamente…
Al cabo de unos minutos, cuando consideró que era oportuno, Shen se dirigió al grupo.
-Bueno. Yo me voy- dijo, dirigiendo una mirada hacia aquella escena tan triste protagonizada por Xin y su amiga sin vida…
Entonces Gavin, todavía serio, desvió su atención y se acercó al instructor de armas hasta quedar frente a él.
-Gracias- le dijo.
Shen sonrió (lo justo, teniendo en cuenta la situación). Entonces vio que Huei le miraba; este asintió levemente, en señal de agradecimiento. Shen hizo lo propio en respuesta, sonriendo también. Entonces se giró y comenzó a caminar.
-Hasta la vista- decía mientras levantaba una mano y la agitaba, sin girarse.- Y tú cuídate, Han.
Este -que no había perdido detalle- sonrió.
-Lo mismo te digo, Shen.
Entonces, tras dar un par de pasos más, el instructor se detuvo. Y girando la cabeza lo suficiente para verle de reojo, se dirigió a Gavin…
-Gavin. Necesitarás un arma- dijo tan solo.
Y siguió su camino, ya sin detenerse. Gavin quería hacerle preguntas -sin saber exactamente por qué-… Pero ya se estaba alejando demasiado, desapareciendo entre los árboles, bajo el manto de la noche…
Se quedaron todos en silencio. Tan solo interrumpido por el llanto amortiguado de Xin…
Detenido en medio de aquel bosquecillo, Shen -casi girándose del todo- lanzaba una mirada atrás. Pensaba en Gavin…
-“Estoy convencido de que nos volveremos a ver”.
Y se fue.
Unos días después.
En un lugar tranquilo y apartado, rodeado de árboles, habían enterrado a Feng. Xin se encontraba en aquellos momentos colocando flores ante la losa de piedra que habían colocado… Ya apenas lloraba… se le habían secado las lágrimas de tanto hacerlo.
Entonces se levantó para estirar un poco el cuerpo, cansado de adoptar aquella postura. Y llegó Yi que, sin decir nada más que dedicarle una amplia sonrisa, se ofreció a ayudarla a colocar las flores de varias clases que Xin le iba llevando a la amiga de las dos.
-Xin- comenzó a decir Yi.
La joven supo enseguida lo que Yi quería contarle…
-Ya lo sé- dijo, sin apartar la mirada de la tumba de Feng…
Yi no dijo nada más. Ya sabía que las palabras serían innecesarias.
Al cabo de un minuto fue Xin la que habló.
-¿No deberíamos contarles a Gavin y a Huei porqué el General decidió atacar nuestra escuela?- Le preguntó, dudando…
Yi se detuvo.
-No sé si es buena idea… ¡Se les subiría a la cabeza a aquellos dos engreídos!
Por primera vez en muchos días, Xin rió. Ambas chicas rieron, rodeadas de las flores que aún faltaban por colocar…
Y, nuevamente en silencio, siguieron colocándolas.
En una aldea cercana, en una pequeña tasca, una ancianita le traía una taza de té humeante a una joven sentada sola en un rincón de la vacía y destartalada estancia… Fuera hacía sol, pero ella llevaba puesto un sombrero de paja que le ocultaba casi todo el rostro…
-Aquí tienes, jovencita- le dijo, con voz achacosa, dejándole la taza sobre la pequeña y sucia mesa con dificultad…
-Gracias- contestó, con voz agravada.
La joven bebió el té casi de un trago. No le importaba lo que quemara ni el dolor… Se levantó de golpe y se dirigió con pasos decididos hasta la barra, donde la señora se sorprendió al ver que ya había terminado… Le dejó unas monedas y se marchó sin decir una palabra, dirigiéndole la anciana una mirada casi asustada…
Salió al exterior y se detuvo. Tenía que decidir qué camino tomaría ahora…
-“Acabaré con ellos. Y a él… le haré algo peor, antes de matarle también…”- Juró Lin, con odio en la mirada, antes de reemprender la marcha…
Sabía muy bien a dónde debía dirigirse.
Cerca de los restos calcinados del cuartel, un niño pequeño, muy sucio y con la ropa rota, descalzo, jugaba con una pequeña pelota azul… En un momento determinado, se le escapó y siguió rodando hasta chocar con un pie. Un pie enfundado en una armadura. El niño, que no se había dado cuenta de esto, solo tenía su atención en la pelota y, cuando vio que una mano bajaba hasta cogerla y elevarla, la siguió con la mirada con cara de asombro… Entonces, quedándose quieto, con la boca abierta -y un moco asomándole-, se quedó mirando al señor que la tenía agarrada…
Este, inesperadamente, se la tendió. El niño miró hacia su pelota, ahora a su alcance; luego le dirigió una mirada aquel desconocido al que no se le veía el rostro… La acabó cogiendo, sonriendo muy contento y salió corriendo a seguir jugando…
El tipo se irguió. Bajo la luz del sol su figura se veía ensombrecida. Era un soldado.
Entonces miró hacia atrás, hacia donde antes se levantaba el cuartel… había otros soldados… Iban de aquí para allá llevando tablones y herramientas…
Al soldado ya se le distinguía claramente el rostro. Sonreía satisfecho.
-“Ahora le devolveremos el buen nombre al Ejército de Changshia. Y todo comienza aquí”- pensó, mientras observaba a sus compañeros…
Y se unió a ellos.
En la sala del Emperador, uno de los sirvientes traía unas preocupantes noticias provenientes de la ciudad de Changshia. Le pasó con temeroso respeto el rollo con las nuevas a su señor. Este, al terminar, habló.
-Quiero saber qué ha sucedido- dijo alzando la mirada… mostrando unos ojos pertenecientes a un joven de diecisiete años…
Los ojos del Emperador.
Continuará…
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