sábado, 13 de junio de 2026

La Maldición del Espejo - Capítulo 17

 La Maldición del Espejo


Entra el demonio…




El brazo de la bruja se hallaba en el suelo, lejos de la escena, rodeado todavía por el péndulo de Arthur. Esta, con la mirada perdida dirigida hacia el suelo, no podía explicarse de ninguna manera cómo era posible que aquella maldita niña le hubiese hecho aquello…

-¡Elizabeth!- Le llamó la atención Arthur.

Esta, que permanecía mirando fijamente a la bruja, desafiante, reaccionó ante aquella voz conocida.

-¡Arthur!- Exclamó, sonriendo de manera jovial, sosteniendo la espada ahora manchada de sangre…

Arthur también sonrió… pero entonces se percató de que Elizabeth no había venido sola…

-¿Hans? ¿Eres tú?- Preguntó a la sombra que se aproximaba desde fuera del “escenario”…

La imagen del muchacho deteniéndose a unos pocos metros de él, inevitablemente causó un impacto en el joven investigador.

-¿Qué tal Arthur? Veo que no sabes aburrirte…- Le sonrió de forma socarrona.

Y esa vez, Arthur tuvo que reconocer que se alegró de volver a ver a su amigo…

Rosalyn observaba con mezcla de temor y curiosidad a aquella chica que debía tener unos años menos que ella; Philip reconoció a la joven, pero no se lo podía creer…

-¿Se… Señorita Elizabeth? Pero… ¿cómo…?- El mayordomo temblaba por la impresión.

Elizabeth dirigió la mirada hacia Philip.

-Hola Philip. ¿Cómo estás?

El miedo del mayordomo fue tornándose poco a poco en emoción y las lágrimas comenzaron a brotarle, sin ser capaz de articular palabra…

La joven, que lo vio, no pudo evitar sonreír con ternura. Pero algo estaba comenzando a pasar…

Claire, que permanecía en la misma posición, cubriéndose y sosteniéndose el brazo herido con la capa, volvió en sí para experimentar -probablemente- el mayor terror que había sentido nunca… El suelo parecía temblar cada vez con más violencia. Y un sonido parecido al de un vendaval iba ganando en intensidad a la vez que todo estaba a punto de salir volando…

-¡¿Qué ocurre?!- Le preguntaba Hans a Elizabeth luchando contra aquel viento súbito que cada vez tenía más fuerza.

Pero Elizabeth no contestó. No estaba segura, aunque se temía lo peor…

Arthur miraba a su alrededor, tratando de averiguar el origen del caos que se estaba desatando en aquel lugar…

Rosalyn, con los ojos fuertemente cerrados para protegérselos, los abrió sorprendida al comprobar que aquellas raíces que la mantenían atrapada desde hacía rato, estaban aflojándose y descendiendo, permitiéndole liberarse justo antes de llegar al suelo.

-¡Uoooh!- Philip llegó al mismo más rápida y bruscamente, a punto de caerse hacia atrás al perder el equilibrio en cuanto notó la fuerte vibración bajo sus pies…

-Estamos perdidos- dijo de pronto Claire para sorpresa de los demás.

-¡Dime, ¿qué está pasando?! ¡¿Por qué dices eso?!- Quería saber Arthur, intentando hacerse oír entre el estruendo creciente que parecía augurar el resquebrajamiento de la casa entera…

La bruja dudó unos instantes antes de continuar; se sabía observada por todos. Finalmente decidió que ya no importaba…

-En esta casa, sucede un hecho genuino: toda aquella violencia desatada, de cualquier tipo, se traduce en un aumento de energía que va a parar directamente a… mi amo- reveló, antes de volver a guardar silencio.

Arthur ya tenía alguna sospecha al respecto. Pero ahora se confirmaba…

-Eso quiere decir que…- Dejó que la bruja herida completara la frase que temía pronunciar él mismo.

Esta lo miró. Podía verse el miedo claramente en sus ojos…

-Sí. Al hacerme esto, ha debido recibir la energía suficiente para poder pasar a este plano… Y eso es lo que está a punto de pasar- concluyó, en un tono lúgubre…

Elizabeth observaba en silencio a la bruja: aquella que le había robado la vida; hacía tanto tiempo que ya había perdido la cuenta de los años que habían pasado… Y, sin embargo -y a pesar de que lo intentaba- no era capaz de sentir rencor hacia esa “mujer” que ahora aparecía encorvada y desvalida…

Ahora fue Hans quién se dirigió a la bruja.

-Pero… a mí no me mataste tú.

Claire dirigió su mirada, carente de pasión, hacia aquel joven que había logrado volver del otro plano, algo que tan solo había sido capaz de hacer (en numerosas ocasiones, eso sí) Elizabeth. Cuántas veces la había envidiado por su descaro… por su osadía… Por su libertad.

-A tí te mató aquel que se encarga de administrar las almas de los que perecen en esta casa; y no querrás saber de qué formas horribles cumple su cometido…

La bruja consiguió el efecto que buscaba: Hans estaba muy asustado. Sin embargo, Elizabeth sabía que Claire no exageraba en absoluto. Ella misma lo había visto…

Aquel temblor que había permanecido constante durante varios minutos ahora comenzaba de nuevo a aumentar de intensidad. Rosalyn tuvo que buscar una pared cercana para apoyarse; Philip estaba espantado por lo que estuviera a punto de pasarle a la casa; Elizabeth, aún portando la espada, se preguntaba por dónde aparecería aquel al que no había visto nunca; Hans, con el miedo intensificado por lo que acababan de decirle, miraba lentamente a su alrededor, esperando verse sorprendido en cualquier momento; Arthur desvió la mirada preocupada de inmediato al recordar que todavía no había recuperado su péndulo…

Y el caos se desató en aquella enorme estancia. El viento se tornó en casi huracanado y el temblor pasó a ser prácticamente un terremoto. Claire sabía que estaban perdidos… Debía hacer algo.

-¡Tú! ¡Dame esa espada ahora mismo!- Le exigió, de forma autoritaria, la bruja a Elizabeth.

Esta no se esperaba aquella “petición”.

-¡Ni hablar! ¡¿Crees que soy estúpida?!- Le contestó, sin un ápice de miedo en la voz.

Claire comprendió que no estaba en posición de exigirle nada a nadie. Ella había sido derrotada… Pero era una situación límite.

-¿Quién te crees que puso esa espada en aquel pedestal? Es un objeto sagrado. La estaba guardando para cuando llegara el día…- Confesó.

Elizabeth dudó al principio; pero, por algún motivo, no creía que le estuviera mintiendo…

-Si es un objeto sagrado, tú no puedes tocarlo. Eso lo sé- le dijo la joven, en tono de desafío.

Claire comprendía la reticencia de la chica; ella misma tampoco se fiaría…

Entonces la estancia comenzó a iluminarse con un resplandor azulado, que al principio era débil, pero poco a poco fue inundándolo todo, comenzando a hacer difícil tener los ojos abiertos por el deslumbramiento…

-¡Por favor, Elizabeth! ¡Déjame que yo me encargue!- Le pedía la bruja…

Pero Elizabeth no se fiaba. En realidad, no quería fiarse de ella…

Y entonces algo comenzó a suceder que centró la atención de todos los que allí se encontraban: primero una rendija luminosa, en medio de la sala y a varios centímetros del suelo; luego un círculo que aumentaba de tamaño por momentos, de luz azul intenso, a escasos metros de la espalda de la bruja. Esta volvió a dirigirse a la joven portadora de la espada…

-¡Elizabeth!- El miedo se podía ver y notar en su mirada de desesperación y en el tono apremiante de su voz…

Pero era tarde. Todos se quedaron paralizados ante lo que estaba ocurriendo. Aquel viento que se había desatado paró de golpe; la casa dejó de temblar. De hecho, se había alcanzado una quietud total, absoluta, sobrenatural…  Y del círculo de luz azul, que había aumentado de diámetro, comenzó a emerger una figura. Una figura terrible.

-¡¿Qué es eso?!- Hans estaba perdiendo el control. El miedo le dominaba por completo y tenía que hacer un esfuerzo tremendo para no salir de allí corriendo…

Philip permanecía delante de Rosalyn, defendiéndola ante lo que fuera aquello que estaba entrando a través de la “abertura”… Esta tenía las manos cubriéndose la boca, para evitar gritar, horrorizada por la forma monstruosa que iba definiéndose por momentos…

Arthur permanecía expectante; pero tenía que hacer algo… Antes de que fuera demasiado tarde... Dirigió la vista al péndulo y, luchando contra su enorme curiosidad por ver a aquel ser mostrarse del todo, salió corriendo a recuperar el objeto que le había regalado su abuelo…

-¡Quieto ahí!- La voz que ya habían escuchado varias veces con anterioridad rugió de forma espantosa.

A la vez, una ráfaga de viento fortísima se interpuso en el camino de Arthur, que logró evitarla antes de que lo engullese y estampara contra la pared más cercana…

Claire y Elizabeth -que habían desviado momentáneamente su atención hacia lo que sucedía con el joven investigador- volvían a fijarse en el círculo de luz: aquel ser ya tenía medio cuerpo fuera…

Era de color negro; a falta de ver la parte inferior del cuerpo, era de gran envergadura y muy musculado, de modo que, a pesar de que el círculo por el que estaba pasando era de tamaño considerable, no pasaba sobrado por el mismo; dos largos e impresionantes cuernos, largos y rectos, le salían de la frente; una cabellera, negra y espesa, llegaba a cubrir levemente los impresionantes hombros…

Entonces, el demonio abrió los ojos, de un color amarillo brillante, todavía quedando ocultas las pupilas; dirigió la vista hacia Claire, a la cual tenía delante, a escasa distancia.

-Claire… ¿Cómo es posible que no hayas sido capaz de acabar con estos mosquitos? ¿Qué es lo que te pasa?- Le preguntaba, para sorpresa de todos, con un tono casi paternal…

Claire, que seguía ocultándose la herida, no era capaz de mirarlo a la cara. Pero no era solo por miedo: temblaba al recordar cuál había sido uno de los motivos principales por el que él se había asegurado de tenerla siempre cerca… a merced de sus insaciables y retorcidos apetitos…

Arthur comprobó cómo la bruja se encogía más, temblando ligeramente, y se abrazaba con fuerza, como queriendo proteger su cuerpo; al ver cómo la miraba aquel ser creyó comprender… Entonces el demonio -al que ahora se le podían ver con claridad los ojos amarillos, con dos rendijas verticales negras como pupilas- volvió a dirigirse a su servidora.

-Claire…

Entonces esta ya no pudo más. Todo, absolutamente todo lo que había tenido que vivir (si es que a esa forma de existencia se le podía llamar de tal forma) desde el momento en que se encontró con aquel ser en la cueva… los indescriptibles horrores que había tenido que presenciar e, incluso, provocar… todo el sufrimiento que sabía perfectamente que nunca iba a acabar… Todo se le pasó por la mente en un instante y provocó una cólera indescriptible en el interior de la bruja.

-¡¡No hay que dejarle pasar!! ¡¡Si cruza del todo podrá actuar con absoluta libertad!!- Avisaba a los demás, ya sin ningún inconveniente por su parte…

Ahora Claire solo tenía un objetivo en su existencia: acabar con ese maldito demonio.

Arthur vio con asombro cómo un halo de luz dorada que rodeaba a la bruja brillaba cada vez con más intensidad; al tiempo, esta se iba incorporando… La larga cabellera pelirroja se le elevaba, al igual que los ropajes… Y su mirada era también diferente: ya no se percibía indiferencia en la misma… sino decisión y determinación…

El demonio no pudo más que sorprenderse ante la reacción inesperada de aquella que le había estado sirviendo de forma sumisa durante tanto tiempo; todavía pensando que podría calmarla -como en momentos similares del pasado- cerró los ojos y sonrió de forma condescendiente, comenzando a sacar por el portal lo que parecía una pata como de cabra, con una enorme pezuña negra al final de la misma… 

Pero Claire actuó sin un atisbo de duda en su furiosa mirada. Alzó la mano que le quedaba y un destello de luz del mismo color que el halo que la rodeaba, salió en dirección al confiado demonio; este recibió el impacto en prácticamente la totalidad de la cara. Aunque aquel ataque no le hizo nada, salvo enfurecerle…

-¡¡¡Cómo te atreves!!! ¡¡¡Ya no me sirves para nada, maldita desagradecida!!!

Rosalyn y Philip observaban sin entender el giro que habían tomado los acontecimientos; Hans permanecía ligeramente fuera de escena, sin saber qué hacer para ayudar a pesar del miedo que lo paralizaba…

Arthur, al darse cuenta de que el demonio estaba distraído, volvió a intentar ir a recuperar el péndulo… Llegó a la altura donde se encontraba, se agachó y, con cuidado, lo desenredó del brazo inerte de la bruja… Entonces se giró de inmediato. Veía como el demonio ahora dirigía una mano enorme hacia la que había sido su “protegida”; Claire se preparó para lo que fuera que aquel maldito fuese a hacer…

Elizabeth, muy sorprendida por el cambio obrado en la bruja, tenía que elegir entre dejar que el demonio acabase con ella sin más… o ayudarla.

-¡Claire! ¡Toma!- Le llamó la atención la joven, lanzándole sin dudar la misma espada que había utilizado en su contra escasos instantes atrás…

Claire giró la cabeza al oírla; en un primer momento no se lo esperaba... Luego, tras coger la espada -rodeando la empuñadura con la mano a la primera- le lanzó una inesperada sonrisa de complicidad a Elizabeth. Y esta (a pesar de cierta reticencia inicial) se la devolvió.

Pero Claire cometió el gravísimo error de desviar su atención del auténtico enemigo… que tenía delante. Un golpe de aire tremendo le arrebató la espada de la mano, enviándola lejos, hacia la oscuridad… Claire observaba en cámara lenta, con estupefacción, cómo la única posibilidad que tenían de derrotar a aquel monstruo se le escapaba, literalmente, de la mano… sintiendo una profunda impotencia… Y desesperación…

Estaban perdidos.

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