6 WARRIORS
Un nuevo compañero.
La gente permanecía apartada en una concurrida calle de la ciudad de Changshia. Miraban con ojos asustados a aquellos tipos pasar con paso prepotente y amenazante, bajo los rayos abrasadores del sol en un cielo blanquecino, que les hacía parecer un grupo de sombras difuminadas… Era un grupo de seis individuos, desgarbados y de miradas burlonas, vestidos con ropas que en algunos casos no eran ni suyas, prueba de que las habían obtenido de forma ilícita… Eran los dueños y señores de la calle en aquellos momentos.
-Bien chicos, ¿qué os parece si vamos a comer algo?- Propuso el que iba en cabeza, un tipo delgado con la cabeza rapada, nariz aguileña y ojos caídos, que no dejaba de sonreír de forma desagradable.
Los otros cinco comenzaron a emitir gruñidos y otros sonidos en señal de aprobación. Y comenzaron a mirar a su alrededor para ver si encontraban un lugar donde saciar sus rugientes tripas…
-Mm… Aquí estará bien- decidió el líder señalando con la mirada una fonda a su izquierda donde había gente comiendo tanto dentro como fuera.
Aunque muchos comenzaban a apresurarse a terminar lo antes posible al verles llegar… Últimamente se habían hecho muy conocidos.
Entraron muy decididos al interior del local y se quedaron unos instantes viendo el “panorama”… El silencio se hizo en aquella estancia bastante llena. El líder dio un último vistazo y, tras comprobar que no había ni una sola mesa vacía, le hizo un gesto sin tan siquiera girar la cara, a uno de sus hombres, un tipo bajo, rechoncho y con cara de pocos amigos; siempre manteniendo aquella sonrisa, y mientras el otro se dirigía a una mesa cercana, el líder se encaminó hacia la barra contoneándose y mirando fijamente al dueño de la fonda, que lo miraba con expresión grave desde detrás de la barra…
-¡Fuera! ¡Levantaos!- Rugió el tipo malcarado al tiempo que tiraba del mantel de la mesa, tirándolo todo, donde había sentados un grupo de chavales, que salieron despavoridos entre collejas y empujones de los otros miembros de la banda al pasar junto a ellos…
Dos más les quitaron las sillas de malas maneras a sendos clientes que se apartaron a tiempo de que les tiraran al suelo… El líder, que se había detenido momentáneamente para comprobar como sus hombres cumplían sus órdenes, completó el corto recorrido hasta la barra…
-Tú. Sírvenos de todo. Comida y bebida- le ordenó con tono de superioridad a aquel hombre asustado…
Este temblaba de miedo… y de rabia; parecía que le iba a contestar… El líder, que miraba a otro lado mientras permanecía apoyado en la barra, pareció darse cuenta de las intenciones de aquel…
-Supongo que sabes quienes somos… ¿no?- Le dijo mirándole de forma inquisitiva- Nosotros somos la temible banda de los 6 Killers.
Los clientes del local, al escuchar aquel nombre, reaccionaron de inmediato. Se levantaron a toda prisa, haciendo volar cubiertos, platos, vasos… y los contenidos de estos por todas partes, mientras huían despavoridos ante las risotadas de los demás miembros de los 6 Killers, que estaban sentados disfrutando de la escena… El dueño de la fonda contemplaba desolado como toda aquella gente se iba sin pagar… Los que estaban sentados fuera, al enterarse de quienes eran aquellos tipos, tampoco esperaron a que les trajeran la cuenta… Incluso los dos camareros permanecían escondidos, una bajo una mesa y otro en el almacén… El líder de la banda observó satisfecho el resultado de su revelación.
-Ahora ya sabes quienes somos. Nosotros hemos derrotado a las bandas más poderosas de esta ciudad. Las que quedan están por debajo de nosotros. Ju, ju, ju- reía lleno de orgullo, creyéndose su propia mentira…
Los demás también sonreían, aunque tímidamente. Cada vez que su líder sacaba el tema no terminaban de ver claro aquello de apropiarse de un mérito que no era el suyo… Aunque debían reconocer que hasta aquel momento les había funcionado. El líder dio un puñetazo autoritario sobre la mesa.
-¡Sírvenos ya!- Exigió.
En aquel preciso instante la puerta se abrió. Una figura, aún en sombras por la luminosidad procedente del exterior, había traspasado el umbral… El dueño de la fonda, los miembros de la banda y el propio líder desviaron su atención con curiosidad hacia aquel tipo cubierto con una capa vieja de viaje… También los camareros se asomaron para ver qué pasaba… Hubo unos segundos de silencio…
-No deberíais ir diciendo mentiras por ahí…- Dijo el joven, advirtiéndoles…
Los miembros de la banda se tomaron aquellas palabras como un desafío y se levantaron al unísono, haciendo caer algunas sillas… Pero el líder les hizo detenerse y se aproximó a él.
-¿Mentiras? ¿De qué mentiras hablas?- Hablaba mientras se acercaba al joven contoneándose como antes…- Nosotros somos los…- Pero no pudo completar su consabida presentación.
Aquel joven le dio un tremendo puñetazo en la cara que le hizo “volar” por toda la estancia hasta estrellarse contra la barra, ante el atónito dueño de la fonda… Aquel fanfarrón había perdido el conocimiento.
Los demás miembros de la banda se miraban los unos a los otros estupefactos… Tras lanzarse miradas interrogantes, llegaron a una conclusión: salieron corriendo por la puerta de atrás…
Al salir al exterior, se encontraron a un tipo con el pelo amarillo, ligeramente de costado y mirando casi al suelo con los ojos entornados, que les impedía el paso… no dejaron de correr…
-¡Tú, aparta!- Le amenazó uno de ellos, alto y de largas extremidades, al tiempo que se disponía a quitar de en medio a aquel mequetrefe de un manotazo…
El joven detuvo el golpe utilizando el pie de forma grácil, dejando atónito a su atacante… Y aquel le propinó una patada, con la misma pierna, en el cuerpo que lo estampó contra el muro del local del que estaban huyendo.
-¡Este es amigo del otro!- Gritó con temor uno de los cuatro mientras aceleraban, dejando a aquel joven atrás…
Corrían con todas sus fuerzas por una calle estrecha y solitaria de altos muros laterales…Precisamente en uno de estos muros, en lo alto, vieron a una joven, sentada, que les llamó la atención…
-¡Ey, mirad!- Exclamó uno, de estatura media y piel muy oscura, dibujándosele una sonrisa lasciva en la cara de ojos aguzados…
Los otros también sonreían con oscuras intenciones… Entonces, para sorpresa de todos, la joven bajó de un salto y se quedó situada ante ellos, quieta… Aquellos cuatro no podían creer la suerte que tenían; se detuvieron y el primero que la había visto se acercaba a ella de forma desagradablemente sinuosa…
-Oye, guapa… ¿Quieres que te lo haga pasar bien…?- Dijo, arrastrando las palabras, mientras alargaba una mano hacia ella…
Todo pasó tan rápido que casi ni se enteró. La joven lo agarró primero del brazo y luego de la solapa, lanzándolo con fuerza inusitada contra el muro, haciendo que quedara inconsciente del golpe…
Los otros tres estaban con los ojos y la boca abierta. Pero pronto se enfurecieron…
-Te vas a enterar…- Dijo uno.
-Te vamos a enseñar lo que tienes que hacer…- Dijo otro.
-Sí… eso es…- Convino el tercero.
Los tres la rodeaban, a pesar de que ella permanecía quieta y tranquila en el sitio, lanzándoles una mirada de reojo con desprecio mientras se aproximaban casi babeando…
Entonces una figura llegó al suelo detrás de ellos. Estos se giraron y vieron a un tipo joven, de pelo muy largo y mirada despiadada… Tenía un sable que comenzó a desenfundar lentamente…
Aquellos, temblando ante el sonido del arma deslizándose, volvieron a salir corriendo despavoridos con la visión de los rayos del sol iluminando la hoja de aquel sable… Pasaron por delante de Yi sin mirarla…
Pero no pudieron avanzar mucho. De detrás de uno de los muros laterales emergió una figura de considerable volumen… Enseguida vieron más claro que era un joven bastante orondo que “volaba” armado con un palo largo…
-¡Aaaaaaaaah!- Bramó aquel “gordito” en el aire justo antes de llegar al suelo ante la mirada de los tres miembros que quedaban de la banda.
Estos se lo quedaron mirando unos instantes y no tardaron en confiarse…
-Anda… apártate gordo…- Le dijo uno ciertamente musculoso, con desdeño, que comenzó a caminar seguido por los otros dos…
Pensaban pasar de largo cuando el joven voluminoso se puso en guardia. No les dejaría pasar. Aquellos casi se partieron de la risa… Pero entonces se pusieron serios y se dispusieron a pasar por encima de aquella bola…
-¡Aparta!- Exhortó el que le había insultado antes mientras se dirigía derecho hacia él…
Y entonces, con una velocidad inesperada, aquel “gordito” giró el palo verticalmente hasta estrellarlo en la cabeza del tipo, que cayó fulminado casi atravesando el suelo…
Los otros dos miraban horrorizados a su compañero.
-¡Ahora verás!- Dijo uno de ellos, no tan musculoso, al igual que su compañero, que también se lanzaba al ataque…
Iban uno al lado del otro, con no mucha separación entre ambos… El joven lo vio claro. Se lanzó hacia delante y realizó una hélice con el palo a una velocidad endiablada, golpeando a ambos simultáneamente y lanzándolos en direcciones opuestas… Aquellos dos cayeron arrastrados por el suelo varios metros hasta dejar de moverse.
La banda de los 6 Killers había sido derrotada.
Al cabo de un rato se encontraban reunidos alrededor de una mesa en el interior de una fonda cercana, delante de sus bebidas, Yun, Yi, Huei, Bo y Gavin, que había llegado en último lugar tras perderse…
-Gavin, lo tuyo es fuerte, je, je, je- le decía Yun antes de tomar un trago a su jugo.
Gavin ya estaba más que acostumbrado a que Yun se “metiera” con él, de modo que no dijo nada y simplemente sonrío con resignación por él mismo…
-Lo has hecho muy bien, Bo. Ahora ya sabes manejar el palo- le decía Yi al joven, que engullía unos bollos de pan rellenos de carne.
-¡Gracias! La verdad es que todo es gracias a mi maestra. Xin me ha enseñado muy bien, ha sido muy paciente conmigo; pero aún me queda mucho por aprender- hablaba lleno de satisfacción por los halagos de la joven y el recuerdo de las últimas semanas entrenando con Xin.
Huei, con los brazos cruzados, observaba como Bo tenía una amplia sonrisa de oreja a oreja, con la boca algo manchada, hasta el punto de cerrar los ojos.
-Es que Xin es alguien muy especial- dijo cerrando los ojos, para sorpresa de todos; aunque a nadie se le escapaba el aprecio que Huei le había tomado a la joven…- Gracias a ella casi atrapamos a aquel idiota… lastima que se nos escapara…
Gavin, cruzando los brazos, asentía mientras recordaba cuando perseguían a Heshen por las calles de Changshia…
-Por lo menos a estos sí les hemos podido atrapar y dar una lección. No nos conviene que nadie nos atribuya sus fechorías en algún momento…- dijo, poniéndose algo serio.
Yun terminaba de dar un nuevo sorbo a su vaso.
-De todos modos nadie nos conoce- observó.
Todos estaban de acuerdo. Era mejor así.
-De todas maneras, él no necesita muchos motivos para buscar pelea- dijo Yi, de forma inesperada, refiriéndose claramente a Gavin, sin mirarle y con un tono de irritación mal disimulado…
Gavin no dijo nada; solo la miró un momento, aunque ella no le devolvió la mirada, ignorándolo y tomando su vaso. La verdad era que no entendía aquellos “ataques” contra él que la joven le hacía últimamente…
Se produjo un tenso silencio durante unos segundos.
-Chicos, creo que deberíamos irnos ya- dijo Yun, muy serio tras divisar a lo lejos a dos soldados que atravesaban la calle…
Se pusieron en marcha de inmediato. Pagaron y abandonaron el establecimiento. Bo se llevó el bollo que le faltaba por acabarse…
Los cinco no perdían de vista a aquellos soldados que caminaban con la habitual prepotencia y sintiéndose superiores a la “chusma” de su alrededor… Pero parecía que no les buscaban. Seguían su camino sin aparentemente buscar a nadie… El grupo fue dándose cuenta progresivamente de esto y se relajaron. Debían volver a la escuela.
-¡Alto! ¡Deteneos!- Ordenó una voz autoritaria tras ellos.
Los cinco se giraron. De un pequeño callejón situado no muy lejos tras ellos, a la derecha del local, llegaban corriendo otros dos soldados…
-¡Son ellos! ¡Coinciden con la descripción!- Dijo el otro mientras seguían aproximándose corriendo.
Les habían pillado. Ahora tenían un grave problema: si se enfrentaban a soldados del Imperio era como declararles la guerra… Llegaron ante ellos y pusieron las manos en sus respectivos sables largos.
Huei, casi instintivamente, puso la mano en la empuñadura del suyo, ante la expresión de alarma de Yi…
-Huei…- Le intentaba decir.
Pero Huei ya lo sabía; apretaba los dientes de rabia mientras miraba a aquellos dos con impotencia…
No podían huir. Si daban la alarma aparecerían soldados por todas partes… No sabían qué hacer…
Entonces una figura apareció corriendo a toda velocidad y se encaró a los soldados, interponiéndose entre ellos y los cinco jóvenes: un joven de dieciocho años, de pelo rebelde, largo y verde, y ojos color azul oscuro que miraban a aquellos dos servidores del Imperio de forma desafiante…
-¡Han! ¡¿Qué haces aquí?!- Le reconoció el primero.
-¡Han, maldito traidor! ¡El General quiere tu cabeza! ¡Para sustituir la de la estatua que destrozaste!- Dijo el otro.
Han no pudo evitar esbozar una media sonrisa. No llevaba su armadura, pero sí su sable largo, que siempre le había pertenecido…
-Podría sustituirla… ¡por la suya propia!- Les desafió una vez más…
Gavin, Yun, Huei, Yi y Bo no se movieron; algo les decía que no debían irse aún…
-¡Ahora verás, traidor insolente!- Exclamó el primero comenzando a desenvainar el sable…
Pero no le dio tiempo. Han reaccionó de inmediato y saltó en su dirección, golpeándolo contundentemente en la cara con la rodilla… El soldado cayó hacia atrás perdiendo la consciencia, al tiempo que un chorro de sangre manaba de su nariz como una fuente, mientras caía de espaldas al suelo…
-¡Maldito…!- Se enfureció el otro, que sí había llegado a desenvainar el arma…
Pero antes de que pudiera alcanzarle, Han le dio una potente patada en el estómago, alcanzándole a pesar de la armadura… Y, sin esperar un segundo más, le asestó un tremendo puñetazo en la cara que le hizo volar el casco, ahora ligeramente abollado… El soldado cayó al suelo, inconsciente…
La gente que se había parado al ver la pelea, poco a poco comenzó a seguir caminado. Han contemplaba a aquellos dos en el suelo. Y los demás observaban la escena… Entonces Han se dio cuenta de que aún seguían ahí y se giró hacia ellos.
-¿Qué hacéis aquí? Tenéis que iros de inmediato- les aconsejó…
Pero ninguno se movió. Y al cabo de un rato, Gavin dio un paso al frente, serio. A Han le llamó la atención su expresión…
-Únete a nosotros- dijo.
Aquello no se lo esperaba.
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