6 WARRIORS
El rescate de Xin.
Sus miradas eran decididas. Sabían que eso era lo que tenían que hacer.
-Pero… si lo hacemos… le estaremos declarando la guerra al General de este distrito- avisó Han- Es más… Le estaremos declarando la guerra al Emperador.
Todos eran conscientes de ello…
-Está decidido. Tarde o temprano esto iba a pasar…- Reconoció Gavin.
Gavin, Yi, Huei, Yun, Bo y Han guardaron silencio durante unos instantes, perdiéndose en sus pensamientos… Se daban cuenta que podría ser la última vez que tuvieran ocasión de hacerlo…
Entonces Han cayó en la cuenta de algo.
-Un momento. Si nos damos prisa quizá aún estemos a tiempo…- Comenzó a decir.
Los demás le prestaron atención de inmediato.
-¿A tiempo de qué?- Preguntó Gavin.
Han los miró a todos antes de continuar.
-El General no tiene por qué saber aún que han capturado a Xin… Si vamos a buscarla, nos damos prisa… y tenemos cuidado…- Daba a entender a sus compañeros…
Por primera vez, comenzaron a pensar que aquello podría salir bien.
-Podemos rescatar a Xin sin llamar demasiado la atención…- Completó Gavin.
Han movió la cabeza afirmativamente.
-Pero debemos ponernos en marcha ya. No hay tiempo- advirtió.
Los que no estaban de pie, se incorporaron de inmediato y comenzaron a prepararse para buscar lo que pensaban que les haría falta…
Bo fue a buscar su palo largo; Yi recuperó su espada; Huei recogió su sable; Han encontró su sable largo; y Gavin, además de asir su sable, se cambió de atuendo: zapatillas, pantalones y chaqueta de mangas medias de color negro. Y un cinturón rojo.
Yun observaba como sus compañeros se preparaban, armándose. Él no usaba armas; ya estaba preparado.
Al cabo de unos pocos minutos, todos se reunieron en el mismo lugar…
-Han. Necesitaremos que nos guíes cuando lleguemos hasta allí- le pidió Gavin, muy serio.
Han asintió, también con expresión seria.
-Descuida. Tenemos que irnos en este momento.
Y los seis guerreros se dirigieron a la trampilla secreta de la escuela, camino al cuartel general…
Lin estaba distraída mirando una mariposa que tenía cerca, sobre una hoja, mientras estaba oculta tras unos arbustos cerca de la escuela Heilong… tenía las alas rosa y un círculo negro en cada una de ellas… Entonces, al percibir movimiento, desvió su atención con brusquedad y la mariposa salió volando.
-“Pero, ¿de dónde salen?”- Se preguntaba la chica, extrañada…
Estaba segura que no les había visto salir por la puerta principal; ¿habrían saltado?
Pero, al ver a Gavin, dejó de hacerse preguntas cuyas respuestas ya no le importaban… Le llamó la atención ver que iban seis… y casi todos iban armados… ¿Qué pasaba?
Y, por supuesto, estaba ella, pensó mordiéndose el labio inferior y cambiándole la mirada.
Lin, intrigada, decidió seguirles…
En la penumbra de los húmedos calabozos, una figura más o menos corpulenta se erguía ante la celda de la última presa…
-¿Sorprendida? Je, je, je…- Reía el recién llegado en un tono no carente de malicia…
Xin estaba anonadada. ¿Qué hacía él allí?
-Yo… Nosotros… creíamos que estabas muerto…- Comenzó a hablar Xin.
Aquel individuo sonrió. Y dio un paso saliendo de la penumbra… Era un tipo de unos cuarenta años, con la cabeza totalmente afeitada, ojos oblicuos negros y nariz prominente; vestía con una especie de túnica larga de tonos grises y marrón claro y unas sandalias marrones. Y había ganado bastante peso desde que Xin lo viera por última vez…
-Yo sí que creía que tú estabas muerta. Con lo llorica que eras…- Decía, hablando de forma inquietante…
Pero Xin, lejos de amilanarse, pareció reaccionar ante aquellas repugnantes palabras…
-¡Tú eres el traidor! ¡Tú vendiste a tu escuela! ¡A tu maestro!- Lo acusó Xin, convencida de lo que decía…
Pero aquel individuo no hizo ni tan siquiera ademán de desmentirlo.
-Chssst… Tranquila… tranquila…- Le decía, poniendo un tono irritante, mientras le indicaba con un gesto de la mano que no levantara tanto la voz…
Y eso es lo que consiguió: irritar aún más a Xin, que se aferró con fuerza a los barrotes de la celda… Esto, inesperadamente, provocó que aquel tipo diera un paso hacia atrás… Ahora ya no se reía tanto.
-Mm. No sé que te ha pasado en todo este tiempo… Pero veo que ya no eres tan delicada como antes…- Intentó burlarse, pero ahora ya no lo veía tan claro…
Xin fue consciente de su momentánea ventaja.
-¡¿Por qué nos traicionaste?!- Exigió saber.
Aquel tipo dudó unos instantes antes de contestar.
-¿Por qué va a ser? Por dinero- confesó, con absoluta sinceridad…
Xin abrió mucho los ojos. No podía creerlo.
-¿Dinero?
El tipo negó con la cabeza desviando la mirada hacia el suelo.
-¿Crees que iba a aceptar el voto de pobreza que el estúpido del viejo nos había hecho jurar…? ¡Ni hablar!- Vociferó, indignado…
Ahora Xin, al ver aquella desproporcionada reacción, fue la que dio un paso atrás, ligeramente asustada…
Pero, al parecer, aquel tipo rechoncho no se había dado cuenta… Y prosiguió.
-El General, justo después de tomar su cargo, mandó que me arrestaran cuando yo iba por la ciudad- aquí omitió el motivo exacto por el que andaba en la zona de los burdeles de aquella parte de la ciudad- y me ofreció un trato. Uno difícil de rechazar- aclaró…
Xin prestaba atención. No quería perder ni un detalle de aquella confesión…
-Permitir la entrada de los soldados en el recinto a cambio de algunas monedas…- No pudo evitar interrumpir a ese maldito.
El tipo volvió a sonreír despectivamente.
-¿Algunas monedas? No tienes ni idea… aún me quedan…- Se jactó.
Xin apretó los dientes de rabia…
-¿Y por qué ese general quería acabar con la escuela?- Preguntó Xin… Pero entonces se le ocurrió cual podía ser la posible respuesta…
Aquel tipo pareció advertir esto.
-Je, je… Exacto. Poco antes de que la escuela fuera atacada, el General, como uno de los múltiples actos que tenía que presidir, fue “invitado” a la escuela Heilong para presenciar una exhibición por parte de los alumnos…- Xin iba abriendo cada vez más los ojos, a medida que se iba dando cuenta…- Y entonces vio a aquellos dos: Gavin y Huei. El General ya sabía de la hostilidad del viejo hacia él… Y pensó que, tal vez, en un futuro no muy lejano, se sirviera de aquellos dos, y quizá de otros, para derrocarle… Era un riesgo que no podía correr- concluyó.
Xin estaba horrorizada. Ahora ya sabía la verdad. La terrible verdad…
El grupo proveniente de la escuela Heilong, con Gavin en primer lugar, avanzaba por una de las calles de Changshia, aún a considerable distancia de la que llevaba al cuartel general, con paso decidido… No querían llamar la atención, pero tampoco esconderse… La gente, al verles pasar, no podía evitar fijarse en las miradas de aquellos jóvenes… Estaban dispuestos a llegar al final, pasara lo que pasara…
No muy lejos de allí, oculto entre las ramas de un árbol desde donde se podía divisar tanto el principio de la avenida como la entrada al cuartel general, se encontraba Lei, aguardando y con gesto serio.
-“No tardarán en llegar”- estaba convencido de ello…
En la sala del General, este se encontraba en su asiento, con expresión grave, aunque relativamente serena… Tenía una mano apoyada ligeramente en la cara por el dorso y la mirada perdida hacia un punto cualquiera de la estancia…
Finalmente, decidió que había llegado el momento. Se incorporó de una vez.
-Manda llamar a los hombres. Que se reúnan en la sala adyacente- ordenó al único soldado que se encontraba, de guardia, en la sala.
Este asintió de forma marcial y salió por la puerta. Mientras tanto, el General volvió a sentarse y a adoptar de nuevo una pose meditabunda…
Feng estaba en aquellos momentos en su lugar habitual en el patio exterior; sola, también como era habitual… Entonces vio que comenzaba a haber movimiento a su alrededor… Había un soldado que iba acercándose a los demás, sin dejarse ni uno, y les decía algo, a lo que estos se apresuraban a dirigirse al mismo sitio…
-“¿Qué ocurre?”- A Feng aquello no le gustaba nada…
Entonces el soldado la divisó desde lo lejos y se acercó corriendo.
-El General quiere que nos reunamos todos en la sala de audiencias- dijo, en tono menos apremiante que a los otros ya que era consciente del respeto que infundía la soldado…
Feng se extrañó; irritándose a la vez…
-¿Para qué?- Quiso saber.
Pero el soldado solo pudo negar con la cabeza y salir corriendo a seguir avisando a los otros…
Feng no pensaba ir a aquella reunión… tenía que ir a otra parte…
El soldado había avisado a prácticamente todos los demás soldados, a excepción de los que custodiaban las puertas que ya habían sido informados por un compañero… La cuestión es que el aviso les llegó a todos y se dirigían al mismo lugar. Wai caminaba, no sin cierto fastidio, a la sala de audiencias con su grupo habitual de soldados. Tenía la sensación de que lo estaban interrumpiendo en la ejecución de sus planes…
-¿Y ahora qué querrá?- Preguntó en voz alta, sin esperar obtener respuesta, mientras caminaba…
En los calabozos, Xin aún estaba asimilando lo que aquel traidor le había desvelado… Otras muchas preguntas asaltaban su cabeza…
-¿Qué fue del otro ayudante del maestro?- Cayó en la cuenta la joven…
El tipo volvió a sonreír una vez más de aquella manera.
-Era demasiado recto… esa fue su perdición…- Decía esto mirándose las manos, como si aún las tuviera manchadas de sangre…
Xin comprendió. Aquel tipo no podía ser más despreciable…
Hasta el oído de ambos, llegó el sonido del movimiento que tenía lugar sobre sus cabezas. El tipo miraba hacia arriba…
-Bueno, pequeña… parece que debo irme. Como consejero del General creo que tengo que estar presente de inmediato…- Le decía, con aquella sonrisa…
Xin lo miraba con el desprecio reflejado en su mirada… Entonces aquel tipo se dio la vuelta y estaba a punto de irse cuando se acordó de una última cosa…
-¡Ah! Por cierto… Pensarás que, cuando salgas, irás a por mí y me darás mi merecido… Pero eso no será posible: en menos de veinticuatro horas, serás ejecutada- sentenció.
Xin se quedó paralizada. Y así se quedó mientras aquel maldito traidor se daba la vuelta, sin poder contener una risita de satisfacción, y desaparecía en la oscuridad por donde había venido…
Ahora terminaban de llegar los soldados a la sala de audiencias. En la que aún no estaba presente el General… La sala de audiencias era una estancia de gran tamaño, de forma rectangular y con varios bancos; insuficientes para todos los que estaban allí en aquellos momentos… Estaba situada justo al lado de la sala del General, separada por una puerta que se abría en aquellos instantes… El consejero se apresuraba en colocarse entre los demás, en primera fila, al llegar justo a tiempo; cerca de Wai, que lo miraba con desdén…
Por la puerta entró el General, que se situó con deliberada parsimonia en el atril ante todos los presentes… Llevaba en una mano el mensaje del Emperador… Y comenzó a hablar.
-Ahora que estáis todos aquí, ha llegado la hora de que os informe sobre las órdenes que he recibido del Emperador hace unos días- dijo, obteniendo la atención inmediata de todos los presentes.
En ese mismo instante, Feng se encontraba en la sala que utilizaban los soldados para cambiarse. Estaba terminando de colocarse el casco; llevaba la espada ajustada a un lado de la cintura. Tenía la mirada hacia el frente en todo momento: la sensación que había tenido antes no había parado de intensificarse…
Gavin, Han, Huei, Yi, Yun y Bo ya se encontraban en la calle ancha y solitaria que llevaba hacia el cuartel general, que ya podían ver en la distancia, avanzando con paso acelerado…
-Recordad. Solo hay dos maneras de entrar y salir: una es la entrada principal… y la otra es la sala del General- informó Han.
Todos lo oyeron; y comprendieron: si no podían salir por donde habían entrado… tendrían que encontrarse con el General.
Lei los vio pasar justo debajo de él. Y sonrió.
El General siguió hablando.
-El Emperador ordena…- Hizo una pausa, sujetando el mensaje enrollado con fuerza- … que limpiemos el distrito.
Se produjo el silencio en la amplia estancia. El General prosiguió al ver la cara de incomprensión de la mayoría…
-Hay que sacar a todos los habitantes de sus casas, apropiarse de sus bienes para el uso del Imperio y quemar sus viviendas para dejar el terreno libre…- Decía, impasible.
Muchos de los soldados no pudieron evitar sentirse horrorizados… Incluso el consejero estaba estupefacto…
-¿Y con qué fin, señor?- preguntó este.
El General lo miró.
-No lo dice. Pero debemos comenzar hoy mismo- exhortó.
Poco a poco, aquellos que tenían dudas veían como estas se disipaban al ser más fuerte la lealtad a su General, al Imperio y al propio Emperador…
Estaban listos para actuar, pensó el General con satisfacción…
Feng se encaminaba con paso firme, completamente ataviada con su armadura y con su espada, hacia la entrada principal…
-¡Eh! ¿¡Quienes sois vos…!?- Pero el primero de los dos soldados que custodiaban la doble puerta del cuartel general no pudo terminar de interrogar a aquellos que acababan de llegar… Huei se abalanzó sobre él propinándole una fuerte patada en el tronco que lo hizo chocar contra el muro que tenía detrás y perder el conocimiento…
-¿¡Pero qué pasa?!- Gritó el segundo…
El cual fue silenciado de inmediato por Gavin, que le dio un fuerte golpe de gancho en el estómago, haciendo que cayera sobre sus rodillas y posteriormente al suelo sin sentido…
Ahora la entrada estaba despejada. Los seis guerreros estaban a punto de internarse en el cuartel general…
Pero entonces, para su sorpresa, una de las dos puertas se abrió bruscamente… Y una figura salió caminando al exterior… Todos abrieron mucho los ojos al ver de quién se trataba…
Era Feng.
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