6 WARRIORS
Han contra Wai.
Gavin, que iba delante, Yun, Huei y Bo, corrían a través del oscuro y largo pasillo que comenzaba justo al traspasar el umbral de la puerta principal… avanzaban decididos a enfrentarse a lo que fuera y a quien fuera…
Cuando parecía que aquel corredor no iba a terminar nunca, se detuvieron al llegar a una encrucijada…
-¿Y ahora?- Preguntó Gavin, nada más llegar.
Había tres caminos para seguir: uno a la izquierda, uno a la derecha y uno que seguía hacia delante… los cuatro miraban alternativamente las diferentes opciones…
-Han es el que sabe cómo es el cuartel por dentro…- Se lamentaba Yun.
Entonces Gavin asintió. Había tomado una decisión.
-Vale. Entonces nos separaremos- dijo, mirando a sus compañeros para ver si estaban de acuerdo…
Estos le miraron sin decir nada pero quedaba claro que eran de la misma opinión. El primero en moverse fue Huei…
-Yo iré por aquí- dijo, aproximándose a la salida que había a la derecha, entrecerrando los ojos al mirar más allá, como si intuyera algo…
Bo, con los brazos cruzados, trataba de decidir entre las dos opciones que quedaban…
-Pues yo iré por esta- decidió de pronto, dando un paso hacia la salida de la izquierda.
Gavin, mirando a Huei y a Bo, volvió a asentir.
-De acuerdo. Entonces Yun y yo seguiremos adelante…- Dijo, mirando a su amigo, el cual asintió sin dudarlo.
Una vez estuvo decidido hacia dónde irían, se separaron.
Ahora ya no iban corriendo. Sabían, cada uno por su camino, que el peligro acechaba y que cada vez estaba más cerca…
Llegó un momento en que, en la estancia donde se habían detenido hacía un momento, ya no se escuchaban los pasos de ninguno de ellos, alejarse…
La gruesa puerta de metal se cerró con gran estruendo. Han veía a su alrededor, horrorizado, que habían llegado a dónde se temía que estaban yendo… Wai estaba delante de él, de espaldas, dando tiempo a que Han se diese cuenta mejor del lugar en el que se encontraban…
Era la sala de torturas. Lugar utilizado casi exclusivamente por Wai… Este contemplaba con orgullo la estancia.
-Aquí estamos. Mi rincón predilecto…- Esto lo dijo sin bromear demasiado…
Han contemplaba con estupor como en una silla con grilletes, en el centro de la sala, había sangre reciente en el respaldo y el asiento que llegaba hasta el suelo, donde había un charco seco formado… En una de las paredes, además, había una estantería destartalada que contenía diversos artilugios y objetos punzantes en deplorable estado y manchados de lo mismo…
Aquel lugar era terrible; tanto por su aspecto como por la sensación angustiosa que se respiraba en su ambiente cerrado… los gritos no podían oírse desde el exterior…
Wai, al ver de reojo a Han, se sintió satisfecho por la cara que este ponía…
-¿Qué te parece? ¿Te gusta?- Ahora sí que retomaba su tono burlón; y su sonrisita.
Han dirigió la mirada a Wai, ladeando la cabeza y mirándolo despreciativamente…
-“Es un monstruo”- concluyó el joven.
Pero Wai sabía perfectamente lo que Han estaba pensando. Y estaba de acuerdo. Pero solo había una manera de hacer prevalecer la ley…
-¿Y ahora… qué?- Preguntó, impaciente, Han…
Wai sonrió antes de girarse.
-¿A qué te refieres?- Preguntó ahora él, divirtiéndose…
Pero a Han no le hacía ninguna gracia la expresión de aquel loco…
-¿Por qué me has traído aquí, Wai?- Le dijo, sabiendo perfectamente la respuesta…
Wai emitió un sonido similar a un “ja” sin despegar los labios agitándose levemente hacia atrás y poniéndose cada vez más serio.
-Hoy es un día muy importante para mí- comenzó a decir.
Han no dijo nada, prestando atención. Wai continuó.
-Hoy me desharé de las dos personas que se interponen en mi camino… Porque ese estúpido de Abahai no cuenta…
Han creía saber a qué se refería.
-Tu locura te ciega y te hace ver cosas que no son, Wai…- Decía, intentando controlarse al pensar en lo que le había hecho a Feng…
Wai sonrió levemente, aunque no del todo… Caminó un poco hasta pasar por delante de la silla. Han también dio algunos pasos para oír mejor lo que tuviera que decir…
-Vosotros dos siempre habéis sido muy bien considerados por parte de nuestro General… a pesar de que nunca lo habéis valorado- le acusó, severamente…
Han no podía creer lo que estaba escuchando…
-¿De qué hablas?- Le preguntó intentando, pronunciadamente, hacer ver que no sabía a lo que se refería…
Algo en Wai se desató.
-¡¡¡Sabes perfectamente de lo que hablo!!!- Gritó súbitamente hasta casi quedarse sin voz…
Han tenía que reconocer que había llegado a sentir temor ante aquella reacción; ese tipo era imprevisible… Wai, más calmado, continuó hablando…
-Yo siempre he permanecido a la sombra de vosotros dos… a pesar de ser del mismo rango… Pero lo que no soporto… lo que NO soporto…- aquí comenzaba a perder de nuevo el control…- es que YO sí que soy un auténtico soldado que moriría por el Emperador… ¡El Gran Emperador!- Exclamó, fanáticamente…
Han era testigo del ascenso de Wai a la locura completa…
-En eso tienes razón- le concedió aquel.
Wai lo miró repentinamente.
-¡Exacto! ¡Y Feng era igual! ¡Sois dos traidores que os creíais superiores a mí! ¡Pero no sois nada! ¡No sois soldados de verdad!- Insistía.
Han no podía permitir aquella falacia…
-Yo abandoné este ejército corrupto… ¡Pero Feng era mejor soldado de lo que tú lo serás nunca!- Exclamó duramente…
Wai perdió el control ante aquellas palabras. Desenvainó su espada, más larga de lo normal, y dio un tajo oblicuo en dirección a Han, que se apartó de inmediato dando un ligero salto hacia atrás…
Un trozo del respaldo de la silla ensangrentada se separó y cayó al suelo mientras Han tenía la mano en la empuñadura de su sable largo… Wai permanecía en la misma posición… con el rostro desencajado… Se negaba a aceptar que Han pudiera tener razón… un traidor como él…
-Y luego está aquella falta de respeto…- Siguió diciendo Wai, utilizando un tono más calmado… en apariencia…
Han ya se estaba hartando.
-¡Qué me estás contando!- Dijo, con desprecio…
Wai ya no toleraba el atrevimiento de aquel traidor…
-¡Me refiero a lo de destrozar la estatua de nuestro General… De tú General…!-Continuaba insistiendo…
Han abrió los ojos, incrédulo.
-Ah, eso…- Dijo, tan tranquilo… sin darle ninguna importancia a aquella tontería…
Pero Wai no podía tolerar cómo Han se recreaba en aquel insulto…
-¡Por eso, traidor, te voy a ejecutar aquí mismo! Y… desearás morir porque… si no…- Dijo, mirando explícitamente a su alrededor…- ¡En nombre del código!- Exclamó con vehemencia.
Ahora fue Han el que emitió un “psé” de desdén…
-¡Querrás decir el “código” corrupto!- Lo desafió, desenvainando su sable…
Wai sujetó su espada con ambas manos.
-¡Se acabó! ¡Prepárate a morir con justicia!- Sentenció.
En el exterior, aún podía verse el sol; ya oculto en parte tras las montañas. Lei permanecía en la misma posición sujetando a Yi, que seguía durmiendo, intranquila… Aquel la miraba con expresión algo grave; no le gustaba nada hasta dónde había llegado todo aquello… Se giró hacia dónde yacía Feng. Ahora su expresión comenzaba a denotar tristeza… No podía dejarla allí…
-¡Uaaaaah!- Bramó Wai atacando horizontalmente a Han con su espada…
Este se desplazó veloz hacia atrás, evitando la hoja del arma de Wai, el cual luchaba al máximo de sus posibilidades…
Wai no perdió el tiempo y volvió a atacar. Inmediatamente, Han detuvo el primero de los tajos, dirigido a su cuello… Wai apretaba los dientes, furioso… Acto seguido, este volvió a atacar por varios lados con su espada, con movimientos veloces y precisos… Pero Han conseguía detenerlos todos sin excesivo esfuerzo… Aquello estaba comenzando a sacar de quicio a Wai… Tras un último ataque detenido por Han, Wai se apartó hacia atrás, manteniendo la guardia…
-“Tengo que calmarme… Estoy fallando porque estoy muy alterado…”- Se decía Wai…
Han lo miraba serio. Sabía que Wai era capaz de más que eso… Entonces vio que este respiraba hondo y parecía relajarse… Y, para su rechazo, vio que esbozaba de nuevo aquella inquietante sonrisita.
Han no dijo nada, quedándoselo mirando. Entonces Wai pareció decidir algo…
-Tengo una sorpresita para ti, Han…- Hablaba, recreándose en sus palabras…
Han no se fiaba un pelo…
Entonces Wai se irguió y adoptó una postura extraña: se llevó la espada a la espalda, con la punta hacia arriba y sujeta con una mano, como ocultándola… De hecho, desde dónde Han se encontraba, no se veía ya…
Han se puso alerta. Wai volvió a sonreir.
-Ahora te mostraré mi técnica predilecta: la espada fantasma.
Han no pudo evitar abrir ligeramente la boca. ¿Qué era aquello?
Ahora Wai se concentró, fijando la mirada en su objetivo: Han, que permanecía alerta…
Entonces Wai salió disparado hacia Han. Este preparó su guardia ante el inminente ataque…
-¡Prueba mi espada fantasma!- Exclamó Wai anunciando su ataque…
Han estaba atento… Wai sacó su arma de detrás de su espalda y atacó de abajo hacia arriba…
-¡¿Pero qué es esto?!- No pudo evitar exclamar Han…
Mientras estaba atento en detener el nuevo ataque de Wai, un nuevo ataque, una nueva espada, le llegaba horizontalmente de un lado, del lado opuesto…
Han se apartó justo a tiempo, evitando a duras penas ambos ataques… aunque el segundo le hirió levemente en el brazo… Han se lo miró, y vio como la sangre brotaba de un corte limpio…
Wai lo observaba, en guardia, sonriendo satisfecho…
-Ju, ju, ju… ¿Qué te parece? Es el resultado de años de entrenamiento- confesó.
Han sabía que aquel tipo era peligroso de verdad… Entonces vio que Wai volvía a adoptar la misma postura de antes. Han se preparó.
-¡Esta vez seré más rápido!- Aseguró Wai lanzándose nuevamente al ataque…
Han intentó aguzar sus sentidos al máximo…
Una vez más, Wai atacó de abajo hacia arriba… Pero esta vez el tajo vino del otro lado: oblicuamente hacia la pierna… A pesar de que Han estaba atento, y apartarse por poco, la hoja de la espada fantasma de Wai consiguió alcanzarle en la pierna, concretamente en el muslo delantero…
Han notaba cómo le dolía la nueva herida: era más profunda que la otra; sentía cómo la sangre le resbalaba por la pierna… Wai no podía estar más satisfecho. Sabía que le tenía…
-Ju, ju. Esto me está gustando…- Dijo, lascivamente, antes de lamer la sangre de su espada…
Han se sintió perturbado ante aquello… Pero Wai recordó lo que debía hacer. Una vez más, adoptó la postura para llevar a cabo la técnica de la espada fantasma… Y Han se preparó una vez más… Sabía que la próxima vez que lo alcanzara la herida sería mortal…
-“Muy bien. Concéntrate. Observa atentamente cómo se mueve…”- Se decía Han…
Wai tardó un poco más esta vez antes de salir al ataque.
-¡Es una lástima! ¡Pero tus decisiones te han llevado a este punto! ¡Adiós Han!- Exclamaba Wai a punto de usar su técnica por última vez…
Han aguzó sus sentidos más que nunca… se jugaba mucho en ello…
-“¡Eso es!”- Han abrió mucho los ojos al darse cuenta…
Como si su adversario fuera más despacio, veía claramente como Wai, al realizar el primer ataque, en realidad no estaba haciendo ningún ataque… ¡Estaba pasándose la espada a la otra mano! Ahora Han podía ver por dónde venía la espada fantasma… directa a su cuello…
Un sonido de metal contra metal resonó en aquella desasosegante estancia.
Wai, que al principio sonreía triunfalmente, cambió la cara al ver lo que había pasado: Han había detenido el ataque efectuado con la otra mano, con su sable, sosteniéndolo con la punta hacia abajo con una mano y sujetando la parte contraria al filo con la otra, conteniendo la espada de Wai…
-¡Haa!- Exclamó Han golpeando con su sable la espada de su contrincante…
El arma de este, salió volando y se chocó con estrépito contra la pared de piedra…
Wai miraba el lugar donde había caído su espada, temblando de miedo… Entonces, viendo el sable de Han apuntándole a la cara, comenzó a retroceder… lentamente…
-Vale… Vale… tranquilo…- Decía, asustado, mientras seguía retrocediendo…
Entonces, al ir hacia atrás, Wai se chocó con la silla manchada de sangre, cayendo y quedando sentado en una postura incómoda. Han comenzó a acercarse al tiempo que aquel se veía atrapado…
-Han… oye… Muy bien, tú ganas… Ya no te molestaré más…- No sabía qué decir para salvar el pellejo…
Han lo miraba muy serio, cada vez más enfadado al recordar lo que le había hecho a Feng… Entonces a Wai se le ocurrió algo que estaba convencido de que sería su salvación…
-Tú… Tú eres diferente… Tú no matarías a alguien desarmado…- Decía, tratando de convencerle y de convencerse…
Entonces Han se detuvo. Miró a Wai a los ojos, el sable afilado, con una mirada implacable.
-Yo tengo mi propio “código”- afirmó.
Entonces a Wai le cambió la cara. Abrió mucho los ojos al comprender lo que iba a suceder a continuación… Han dio un tremendo tajo horizontal con su sable. Desde detrás de la silla, podía verse cómo lentamente, como una sombra, la cabeza de Wai, junto con parte del respaldo de la silla, caía hacia el suelo…
Han aún permanecía en la misma posición. Al cabo de unos segundos sacudió la sangre de su sable y volvió a enfundarlo. Sin mirar hacia el cuerpo decapitado de Wai, se dirigió a la puerta por dónde habían entrado… Un nuevo estruendo metálico sonó cuando cerró la puerta tras de si.
Han permaneció allí, de pie, con los ojos cerrados, durante unos minutos. Finalmente los abrió.
Había vengado a Feng.
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