jueves, 20 de octubre de 2011

Detective Night - Capítulo 4

                                                               DETECTIVE NIGHT

                                                            La organización Omega.


Era la hora de la noche en la que menos personal había en la comisaría. En el despacho del comisario Kaito Maze, el propio Maze y el detective Hiro Red se encontraban reunidos.
-Bien, Hiro- comenzó a hablar el comisario, serio.- Hay un motivo muy importante por el que realmente estás aquí.
Hiro estaba cada vez más intrigado. El comisario encendió un proyector electrónico y se dirigió a desenrollar una pantalla que ocupaba casi toda una pared. Abrió la carpeta que había ido a buscar a la estantería y comenzó a extraer documentos, fichas, fotos… Apagó la luz justo antes de sentarse en su silla y comenzar a manipular el ordenador portátil que ahora estaba conectado al proyector, quedando la estancia únicamente iluminada por la luz reflejada en la pantalla de la pared. En la misma, apareció una imagen de un edificio en el cual una de las casas estaba en llamas y el humo cubría gran parte de la escena. Había mucha gente abajo y los bomberos intentaban sofocar las llamas, aunque la casa en cuestión pertenecía a un piso elevado y apenas podían llegar, aún con las escaleras móviles. Hiro creía recordar que había oído hablar de este suceso y no hacía mucho de ello.
-La casa que está ardiendo pertenece a un prestigioso abogado de la ciudad; se trataba, además, de su despacho. Vivía solo y murió solo. Se llamaba Roland Talbot.
A continuación, el comisario pasó a otra imagen. En esta ocasión una ambulancia y varios coches de policía flanqueaban un coche accidentado a la entrada de un túnel ya iluminado por ser de noche. El coche estaba tan destrozado que costaba adivinar el modelo.
-El coche pertenece a Robert Cullum, miembro de la policía secreta. Sobra decir que no sobrevivió…
Seguidamente volvió a pasar de imagen y esta vez apareció un hombre de unos cuarenta años acribillado a balazos, sentado y echado hacia atrás en la silla de un local que, por lo que Hiro pudo distinguir con la poca luz que había, era de alterne.
-La víctima es Jeffrey Carlyle. Importante hombre de negocios… de negocios turbios.
-Supongo que todas las víctimas tienen un nexo en común.
-Se nota que eres detective…- Maze sonrió muy levemente.- El señor Carlyle no era el único que tenía algo que ocultar. El señor Talbot tenía tratos con clientes de difícil defensa, para que nos entendamos. Y el señor Cullum parece que trabajaba a dos bandas…
Hiro asintió lentamente mientras escuchaba con atención.
-Pero eso no es lo que único que une a estas tres víctimas; porque sí, todos fueron asesinados… por el mismo asesino.
Hiro creía comenzar a entender.
-Entonces se trata de encontrar a dicho asesino…
Maze suspiró.
-Lo que ocurre es que no se trata de un único asesino, sino de varios. Lo que quiero decir es que nos enfrentamos a una organización criminal. Sus métodos son precisos y efectivos. Nunca hay pistas, nunca hay pruebas. Uno de nuestros agentes ha conseguido obtener información sobre la organización y varios de sus miembros… pero a cambio de su vida.
Poco a poco Hiro iba tomando consciencia de la gravedad de la situación.
Maze pasó a otra imagen. Era una ficha, pero donde tendría que haber una fotografía había un recuadro negro.
-“El ilusionista”. Creemos que se trata de un varón joven, experto en “trucos” de todo tipo. Es hábil con el disfraz y muy inteligente.
Siguiente ficha.
-“El gourmet”. Por la información de que disponemos, pensamos que es un hombre de entre cuarenta y cincuenta años, culto y un apasionado de la alta cocina. Parece que tiene a varios hombres a sus órdenes que le realizan la mayor parte del “trabajo”.
Siguiente ficha.
-“El pirómano”. Es un tipo que conoce el fuego como si fuera parte de él mismo. No tenemos ninguna pista sobre su edad o aspecto físico, solo que es muy “inestable”. Como probablemente estarás pensando, creemos que es el responsable del incendio en el despacho de Talbot. Todavía no se conoce el origen de la deflagración que lo provocó…
Siguiente ficha.
-“El melómano”. Tiene estudios de arquitectura… aunque de una arquitectura bastante heterodoxa… Gran amante de la música clásica. Siempre la escucha cuando elabora diseños con características “especiales”.
Siguiente ficha.
-“El atormentado”. Es uno de los más “normales”, pero también uno de los más peligrosos… Tiene entre treinta y cuarenta años y es un experto asesino a sueldo.
Siguiente ficha. En este caso, en la foto, aparecía una mujer cubierta con una gorra y gafas de sol, y apenas se la veía de perfil. Tan solo una larga cabellera rubia atada en una cola y los labios pintados de un rojo intenso. Llevaba una chaqueta de cuero y guantes de motorista.
-“La dama cruel”. Te aseguro que su nombre es muy adecuado, aunque quizá se quede corto… Es, tal vez, la más peligrosa de todos los individuos que has visto hasta ahora.
Maze se dispuso a pasar a la siguiente ficha.
-Y, por último…
Siguiente y última ficha. Recuadro negro en lugar de foto y un signo de interrogación tras el apartado subrayado “Información.” Pero sí que encabezaba un nombre.
-“El Jefe”. Es el líder de la organización. La organización criminal “Omega”.
Hiro se quedó pensativo. Intentaba recordar y ordenar toda la información que Maze le acababa de proporcionar. Con la ficha de “El Jefe” aún en pantalla, Maze se dirigió a Hiro señalando la carpeta.
-En esa carpeta está toda la información de que disponemos. Verás una carpeta más pequeña en el interior. Contiene una copia de todo, llévatela. Necesito que me ayudes a detener a estos sujetos. Por eso te he mandado llamar.
Hiro buscó la carpeta y la encontró. La dejó aparte y miró hacia la pantalla.
-¿Tienen algún objetivo especial?
-Ah, sí… Sí que lo tienen…
Maze tardó unos segundos en contestar.
-Se dedican a varios tipos de actividades delictivas, pero su objetivo final parece que es el de convertirse en la organización criminal que controle a las demás. Aunque… Sospecho que hay algo más.
-¿Algo más?
-No te sabría decir… Es solo una sospecha.
Ambos se quedaron mirando la pantalla unos segundos.
-Hiro, ¿nos ayudarás?
-Por supuesto- contestó Hiro sin vacilar.

Al cabo de unos minutos, Hiro salía del edificio y se dirigía a su coche. No paraba de darle vueltas a todo lo que Maze le había mostrado. Se había tenido que enfrentar a muchos delincuentes y situaciones peligrosas, antes, cuando era agente de policía, y ahora, como detective privado… Pero esto lo superaba todo. Sabía que su vida iba a cambiar bastante a partir de aquel momento. Mientras conducía rumbo a su casa, sintió que estaba cansado de tanto pensar; y además, no tenía ganas de llegar aún. Aparcó a cierta distancia del edificio en el que vivía y se dirigió por las callejuelas solitarias rumbo a un  local nocturno muy tranquilo que solía frecuentar; sobretodo cuando necesitaba no pensar en nada…
Al cabo de unos cinco minutos, y portando la carpeta que le había proporcionado el comisario, llegó a un bar nocturno cuyo cartel de luces de neón rezaba: “Moon”. Entró por aquella puerta que solía cruzar varias veces por semana, más o menos a las mismas horas, cuando no faltaba mucho para el momento del cierre. Como de costumbre, el local estaba casi vacío; tan solo alguna pareja ocupando una de las mesas y algún que otro tipo solitario apurando un vaso de whiscky tras, probablemente, haberlo estado contemplando durante largo rato. Limpiando las mesas que habían estado ocupadas hacía poco estaba una joven, muy atractiva, pelirroja y el pelo recogido en una cola no muy larga, con pecas y ojos de color castaño claro. Llevaba una camisa blanca ajustada con varios botones desabrochados dejando a la vista un generoso escote y unos pantalones vaqueros de color azul, también ajustados, marcando sus pronunciadas curvas; además llevaba un mandil blanco a la cintura. Se la veía algo cansada y sudaba levemente. Alzó la vista y vio a Hiro, que se la había quedado mirando.
-¡Hola, Hiro! ¡¿Qué tal todo?!
-Hola, Tina. ¿Mucho trabajo?
-Bueno… A veces compensa…-dijo mirando a Hiro con una mirada especial, que ya había visto en otras ocasiones, y que sabía que decía mucho más de lo que expresaba con palabras…
-Voy a ver que se cuenta el gruñón de tu jefe…
Tina sonrió y no dijo nada más, al tiempo que se concentraba en lo que estaba haciendo.
Hiro llegó a la barra y se sentó en el taburete alto de costumbre. Curiosamente, siempre estaba vacío, como si estuviese preparado para él.
-Hola, Dwayne. ¿A quién has matado hoy?
El tipo alto y corpulento que estaba de espaldas colocando algunas botellas se giró de golpe.
-¡Hiro! ¡Ya llevabas tres noches sin aparecer por aquí!
-He estado liado…
Dwayne Sand, el dueño del local “Moon”, era un tipo de unos cincuenta años, con algo de barriga; tenía el pelo canoso y barba abundante. Vestía con camisa y pantalones de vestir, y sus zapatos negros estaban impecables.
-¿Qué vas a tomar?
-Lo que tú y yo sabemos…
-Je, je, ¡por supuesto!
Dwayne tomó una botella de los estantes, un tipo de refresco de cola, y de un armario pequeño situado fuera de la vista de los clientes sacó una botella de cristal sin etiqueta. Era un licor especial, de baja graduación, que había aprendido a hacer cuando estuvo en la guerra, como le había contado una y mil veces a Hiro… Mezcló ambos líquidos calculando con cuidado y se lo sirvió al detective con su correspondiente hielo en abundancia.
-“El olvido del condenado”. Que lo disfrutes.
-Gracias.
-¿Qué te cuentas, Hiro?- Preguntó mientras este bebía un largo sorbo.
Hiro miró la carpeta que tenía a un lado y contestó.
-Ya sabes… Con mis casos y eso… Poca novedad.
-Ya… ¿No has pensado nunca en volver al cuerpo?
-No.
Dwayne no contestó. En ese asunto prevalecía su mentalidad de ex-militar. En varias ocasiones le había transmitido al joven detective una velada desaprobación por haber abandonado un trabajo que él tanto admiraba.
En ese momento, una mujer que estaba sola y en la que Hiro no había reparado cuando entró, se levantó de una mesa y se dirigió a la puerta. Durante tan solo un instante, le pareció que se trataba de Aki, y toda su atención de dirigió hacia aquella joven… Pero se fijó mejor y vio que no era ella. Decidió que había llegado la hora de irse.
Se despidió de Dwayne y de Tina y se dirigió a su casa.

Al llegar comenzó a ponerse cómodo y estuvo a punto de mirar si había mensajes en el contestador; pero estaba muy cansado y decidió que lo haría al día siguiente al levantarse.

El despertador sonó y Hiro se desperezó. Aún medio dormido fue hacia aquel contestador que, en realidad, no hacía falta que consultara tanto, ya que demasiadas pocas veces tenía algo interesante que decir… Pulsó el botón y vio en la pantalla que tenía un mensaje sin escuchar. Con gran curiosidad pulsó el botón correspondiente para escucharlo.
-Eeeh, hola Hiro. Soy Izo. Bueno... Verás… Ayer no te lo quise decir porque estábamos ocupados con el caso, pero resulta que ya tenía pensado ponerme en contacto contigo para ver si me podías hacer un favor… El caso es que tengo una sobrina que está estudiando criminología en la ciudad, y alguna que otra vez le he hablado de ti y de tus hazañas, je, je… La verdad es que se ha entusiasmado mucho  y me ha pedido que le dejes ser su ayudante, o algo así,  para aprender… Como sé que tu respuesta sería sin duda negativa, me he permitido preparar un encuentro para que la conozcas y, si puedes, te niegues… ¡Espero que me perdones! ¡Y gracias!
Hiro tenía los ojos muy abiertos. No se lo podía creer… Izo lo había vuelto a hacer.
-¡Iiizooooo!- Gritó apretando el puño ante él.
En ese preciso instante sonó la puerta. “No puede ser”, pensó Hiro. Se dirigió a la puerta mientras despotricaba mentalmente y en voz baja contra Izo. La abrió y se encontró con una jovencita con los ojos cerrados y una amplia sonrisa en la cara.

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