DETECTIVE NIGHT
La ayudante.
Hiro quedó impactado. Ante él tenía a una joven guapísima y con un cuerpo espectacular que le dejó casi sin respiración. Tenía el pelo castaño oscuro, largo y recogido en una trenza. Cuando abrió los ojos vio que los tenía de color avellana. Vestía como si fuera una colegiala, con camisa blanca, rebeca cerrada verde oscuro, falda corta del mismo color y botas bajas marrones. En una mano llevaba una cartera de un color marrón muy oscuro. Hiro no era capaz de hablar todavía…
-¡Hola! ¡Usted debe ser el señor Red, ¿verdad?! ¡Yo soy Mei y tengo diecinueve años!- Hablaba entusiasmada, sin dejar de sonreír.
-Eeeh, sí, soy yo… pero…
-¡Genial!- Dijo sin dejarle terminar y entró casi atropellándole…
Se quedó mirando la estancia llevando la vista rápidamente de aquí para allá. Cuando vio la mesa donde Hiro atendía a los clientes, se dirigió decidida hacia allí y dejó la cartera encima. Hiro se la quedó mirando mientras cerraba lentamente la puerta… y contempló atónito como se sentaba en su silla y comenzaba a vaciar la cartera.
-Um, veamos… Necesitaré esto, y esto, esto ahora no, esto… tampoco. ¡Vale!
Acto seguido comenzó a abrir cajones. Hiro estaba con la boca abierta pero no era capaz de decir nada.
-¡Señor Red! ¡Aquí hay un cajón en el que solo hay unas cuantas revistas con señoritas desnudas! ¿¡Le importa si las saco y meto mis cosas!?
Hiro reaccionó irremediablemente dirigiéndose a toda velocidad a coger las revistas que Mei había dejado sobre la mesa.
-¡Estooo…! ¡Son pruebas! ¡De un caso!- Dijo rápidamente, dudando de haber resultado convincente.
Mei no dijo nada y se puso unas gafas de montura fina que le quedaban bastante grandes, destapó un bolígrafo y abrió una pequeña libreta.
-Señor Red, le agradezco mucho que me permita ser su ayudante. Estoy segura de que aquí adquiriré valiosísimos conocimientos que me serán de indudable utilidad en mis estudios de criminología. Espero no resultarle una molestia- dijo esto último inclinando levemente la cabeza y poniendo unos ojos que brillaban suplicantes.
Hiro intentaba decirle desde hacía un buen rato que mejor que se fuera a su casa; que dudaba que él pudiera enseñarle algo a alguien… Pero al escuchar sus palabras y ver esos ojos simplemente fue incapaz…
-Vale… De acuerdo…
-¡Genial! Si no le importa vendré los lunes, miércoles y viernes ya que los otros días tengo clases que me coinciden.
-Bien… Bien…
En ese momento sonó la puerta con dos golpes. Hiro se dirigió a abrirla mientras Mei se quedaba mirando con curiosidad; enseguida decidió seguirle con la libreta y el boli en la mano. Hiro abrió. Era Aki.
-¡Aki! ¡Hola!- Dijo, sorprendido.
-Hola- dijo con cierta indiferencia. Se percató de la presencia de la joven.
Mei la miró fijamente. Hiro no estaba seguro, pero le pareció estar en medio de una especie de fuego cruzado de miradas…
-Pasa, ¿quieres tomar algo?- Dijo Hiro, dándose cuenta de que su aspecto correspondía al hecho de haberse acabado de levantar…
-No, gracias. Solo venía a darte esto- le extendió una carpeta de cartón.- Son algunos informes de última hora relacionados con el caso del que te habló Maze.
Hiro iba a hablarle de Mei, que no le quitaba la vista de encima, pero Aki se adelantó.
-Bueno… Veo que estás ocupado. Hasta luego- dijo secamente y salió por la puerta.
Hiro se quedó con la boca abierta al intentar pronunciar palabra; pero no pudo ni empezar.
-¿Quién es?- Preguntó Mei, mirando a Hiro con los ojos entornados, como si quisiera ver más allá…
Hiro se recompuso.
-Es Aki, inspectora de policía.
-¿Conocida del pasado?
-Sí. Trabajábamos juntos.
-¡Ah, sí! Mi tío ya me dijo que tú habías sido policía…- Dijo como si no lo supiera de sobras…
-Bueno… Yo voy a prepararme. Tengo mucho que hacer.
-¡Vale! ¡Yo prepararé el desayuno! Aún no he comido nada.
El detective comprobó lo bien que cocinaba Mei. Y, la verdad, le resultaba agradable la compañía. Hacía un rato, la hubiera echado inmediatamente, pero, finalmente, decidió que se dejaría llevar por la situación. Pensó un momento en Aki y decidió cambiar a otros pensamientos…
Hiro recuperó su mesa mientras Mei trabajaba con su ordenador portátil en la otra. Tenía la carpeta que le había dado Maze la noche anterior y la que le había dado Aki hacía un rato. Tanto una como otra venían encabezadas por el miso título: “Caso O.C.O (Organización Criminal Omega)”. Abrió ambas y extrajo todo el material que contenían. Era lo mismo que había visto en las diapositivas, pero ampliado. Documentos, fotos, informes… Y en la carpeta de cartón había listas de posibles actividades llevadas a cabo por la organización. Había de todo tipo: secuestros, extorsión, robos, asesinatos… Pero no había ni una sola evidencia de que alguno de esos delitos hubiese sido cometido por la organización. Posiblemente utilizaban terceros, los cuales cargaban con todo el peso de la ley si les atrapaban; eso hablaba de la peligrosidad de la organización: los que trabajaban indirectamente para ella preferían ir a la cárcel que revelar información que, seguramente les costaría la vida… Otra de las conclusiones a las que llegó Hiro es que los miembros de la organización no debían ser muchos; los que le mostró Maze y no muchos más. Así era muy difícil dar con ellos y, por supuesto, acabar con la organización… Seguramente, pensó, estaban situados en puntos distantes de la ciudad; pero debían reunirse periódicamente… Y sí, daba por hecho que ninguno de ellos vivía lejos de la ciudad; en las afueras como mucho. Si no, la organización no sería tan fuerte, si alguno o algunos de sus miembros estaban alejados del territorio en el que operaban…
Leyó con detenimiento toda la documentación y examinó atentamente todo el material gráfico. Al cabo de una hora había terminado.
No sabía muy bien por donde empezar…
Mei se había tomado un descanso y comenzó a realizar algunos estiramientos. Hiro no pudo evitar desconcentrarse. Se levantó y se dirigió al sofá antes ocupado por la joven. Encendió la televisión. A Hiro le gustaba ver las noticias… sobretodo las deportivas.
-Vaya… no han empezado- pensó en voz alta.
Tenía que hacer un esfuerzo por no mirar a Mei, que no paraba de estirarse de diferentes maneras y adoptar distintas posturas…
-¡Pero bueno, ¿por qué no empiezan ya?!- Exclamó, algo alterado.
-¿Mm?- Mei se giró, extrañada.
Pero en ese momento algo en la pantalla llamó la atención de Hiro. Hablaban de un incendio en la ciudad que había tenido lugar la noche anterior; por lo visto, un rato después de que él llegara a su casa. En un momento determinado, escuchó unas palabras, por parte de la reportera, que le llamaron la atención:
-“…incendio de origen desconocido…”
Aún se desconocían detalles, pero, refiriéndose a la identidad de la víctima, solo dijeron que se trataba de un miembro del equipo de gobierno de Blue City.
Hiro se quedó escuchando el resto de la noticia mientras Mei lo miraba con curiosidad. Finalmente se incorporó y dijo con decisión:
-Ahora ya sé por donde empezar.
Hiro dejó a Mei a cargo de la agencia. Se dirigió hacia su coche y fue rumbo al edificio en el que había sido asesinado el abogado del que le habló Maze y que estaba relacionado con el caso O.C.O. Estaba algo lejos.
Justo cuando llegó a la calle en la que estaba situado el edificio, recibió una llamada. Era Izo.
-¡Hola, Hiro! ¡Je, je, je!- Reía con nerviosismo.
-¡Anda, pero si es Izo! ¡Ya te cogeré!- Dijo no muy en serio; aunque Izo no lo captó…
-¡Perdona! Pero es que estaba tan entusiasmada…
Hiro sonrió.
-No te preocupes… Todo está bien.
-Gracias, amigo.
-No hay de qué. Oye, ahora iba a llamarte de todos modos; ¿has visto u oído las noticias? El incendio…
-¿Hum? No, no… ¿por qué?
-Supongo que aún estarán intentando apagarlo. Luego habrá una investigación sobre el origen del mismo. Necesito que me mantengas informado.
-Cuenta con ello.
-Bien, gracias.
Hiro guardó el móvil y bajó del coche para recorrer los metros que le separaban del lugar hacia donde se dirigía.
El número 46. El portal era bastante grande. Antes de entrar miró hacia arriba y pudo ver los restos de las llamas en los muros, a pesar de que la casa donde se habían originado pertenecía a un piso elevado. Justo en ese momento salía una señora mayor que dejó la puerta abierta. Hiro la sujetó con la mano y pasó al interior. Llegó hasta el ascensor y, al entrar, vio que los números a marcar llegaban hasta el 20. El piso al que tenía que ir era el 19. Pulsó el botón correspondiente y esperó un buen rato hasta llegar hasta dicho piso. Al salir del ascensor, se encontró de inmediato, a su derecha, con una barrera puesta por la policía. Se acercó y la apartó lo suficiente para poder pasar. La puerta se abrió con facilidad ya que había sido forzada, seguramente por los bomberos. Cuando entró tuvo una sensación incómoda, de desasosiego. A medida que avanzaba, dicha sensación se iba intensificando. Todo había sido devorado por las llamas. La víctima no tuvo escapatoria: según el informe, durante unos segundos la temperatura fue extrañamente superior a lo normal en estos casos y, como ya le había adelantado Maze, no había ni un indicio de cual había sido el origen del fuego. Muy extraño. Al cabo de unos instantes llegó a una sala más grande que las anteriores que había visto; tenía el aspecto de ser el despacho en el que el abogado atendía a sus clientes. Se fijó bien y, rápidamente, salió de la estancia y miró las paredes y el techo del pasillo. Volvió a entrar y se volvió a fijar: aquí el color negro dejado por las llamas parecía más intenso y, además, los destrozos parecían haber sido mayores. Eso quería decir que el incendio, muy probablemente, se había originado en aquella estancia. Según el informe, el fuego se declaró en un intervalo de tiempo que correspondía al horario laboral de la víctima. El asesino se había asegurado de que estuviera en su despacho. Pero, ¿cómo lo había hecho? No podía haber provocado un cortocircuito a distancia, ni podía haber sido una bomba ya que se hubiese oído una explosión, además de que los daños en el lugar hubiesen sido mayores… Hiro recorrió la sala de arriba abajo durante un buen rato mientras intentaba desentrañar aquel enigma. Entonces pensó que la mejor manera de haberlo hecho era lanzarle un artefacto incendiario desde afuera, a través de la ventana… pero era un piso 19; y alguien podría haberlo visto… Se dirigió hacia la ventana que estaba abierta y por el que entraba el sonido del tráfico intenso del mediodía. Se asomó y observó los alrededores. Los edificios de alrededor estaban a cierta distancia… también el de enfrente. Pero algo llamó la atención del joven detective: a pesar de la distancia, pudo ver claramente, bajo la ventana que quedaba justo enfrente de la que él estaba, un cartel: “Se alquila”. En seguida supo que ya no tenía nada más que hacer allí… pero sí en el edificio situado delante. Salió colocando la barrera como estaba, intentando que no quedaran señales de su presencia en aquel lugar; tomó el ascensor y salió al exterior. Con cierta dificultad llegó al otro lado de la abarrotada calle, ya que en aquel punto no había un semáforo cercano… y, además, Hiro quería llegar cuanto antes a donde se dirigía. No podía esperar. El portal era más pequeño que el del edificio en el que acababa de estar; se trataba de un edificio más modesto. Tocó a un botón del portero automático, al azar.
-¿Sí?- Contestó un voz de mujer de mediana edad.
-Publicidad, ¿puede abrirme, por favor?
La voz no contestó pero sonó el sonido que indicaba que podía abrir la puerta. Nuevamente se dirigió al piso 19. Llegó ante la puerta de la casa situada justo enfrente de la del abogado asesinado. Tocó el timbre esperando que alguien le abriese. Hiro sonrió satisfecho al oír pasos. La puerta se abrió y apareció ante él un hombre de más de sesenta años, casi calvo y con el pelo blanco, de complexión media; vestía con camisa, corbata, pantalones y zapatos de oficinista.
-¿Puedo ayudarle en algo?
-Buenos días, estaba interesado en este piso. ¿Podría pasar y echarle un vistazo?
-¡Claro, pase!- Le cambió la cara al confirmar el “motivo” de la visita.
Hiro se hizo el interesado y tuvo que escuchar todas las explicaciones sobre las bondades de aquella vivienda.
-Me interesa ver el salón.
-¡Claro! Por aquí.
Al llegar, Hiro se fue dirigiendo hacia la ventana, mientras aquel hombre seguía con su “discurso”. “Al menos le gusta hablar… Eso me puede venir muy bien”, pensó Hiro. Cuando llegó a la altura de la ventana, la examinó. En el suelo no había ningún resto… pero en el hueco por donde se deslizaba la ventana pudo ver algo de una especie de polvo de color rojizo.
-Perdone, ¿podría traerme un vaso de agua, por favor?
-¡Como no! ¡Ahora vengo!
Hiro ya estaba bastante seguro de que el asesino no podía ser el casero. Hubiese reaccionado al verle cerca de la ventana y ante la petición para que saliese un momento. Extrajo de uno de sus bolsillos un pincel pequeño y de otro una bolsita de plástico con cierre. Tomó una muestra del polvo rojizo y se la guardó justo antes de que apareciese aquel buen hombre con el vaso.
-Muchas gracias- dijo tomando el vaso con agua.
-¡No hay de qué!
Hiro bebió un sorbo y habló.
-Oiga, con lo bien que está esta casa es extraño que nadie viva en ella, ¿no?
-Bueno, la verdad es que el último cliente era un tipo un poco extraño. Pagó un mes y se fue. Además, parece que ni siquiera estuvo todo el tiempo aquí…
Lo tenía.
-¿Y no se acuerda de su nombre, su aspecto…? Es que es posible que sea amigo mío…
-Uum, respecto a su aspecto, iba con sombrero, gafas de sol y gabardina… Siempre estaba mirando hacia otro sitio cuando hablaba; de modo que le aseguro que no sé como era. Respecto al nombre, recuerdo que se llamaba Albert Damihr. ¿Es su amigo?
-No, no lo es… Pero gracias de todos modos. Tengo que irme. Le llamaré si decido alquilar la casa.
Hiro se fue. Mientras volvía a su coche pensó que, aparte del polvo que había recogido, no tenía mucho más… El nombre seguramente sería falso. De todos modos, más tarde llevaría la muestra del polvo rojo a analizar. Y, además de esperar, poco más podía hacer…
Llegó a la agencia y, antes de abrir la puerta, oyó a Mei hablando con alguien. Entró y vio que estaba sentada en su mesa y una mujer de unos sesenta años estaba de espaldas, frente a la joven. Mei, al verle, se incorporó de un salto y exclamó exultante:
-¡Hiro, una cliente!
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