Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto
El amigo imaginario de Onto.
La madre de Onto pasó delante de la cocina y se giró levemente mientras seguía caminando. Pero, al pasar de largo, se detuvo bruscamente. No podía ser… Volvió de inmediato para atrás y contempló atónita la escena que tenía delante. Onto estaba sentado en la mesa y, a su lado, un tipo de más de cuarenta años, mayor que él, gordo, casi calvo, pelirrojo con el pelo desaliñado, barba larga y descuidada, con una camiseta interior blanca de tirantes sucia, unos calzoncillos amplios de rayas blancas y azules y unas chanclas, se estaba zampando una lata de beans, que le resbalaban por la boca hasta la camiseta y el mantel de la mesa. El tipo miraba con ojos muy abiertos y asustados a la madre de Onto, que temblaba de cólera.
-Onto…- Dijo, conteniéndose…
-¡Hola mama! ¡Este es Pruden, mi amigo imaginario!
-¿Tú… qué…?- Estaba a punto de explotar…
-No puedes verlo porque yo me imagino que no está aquí.
-¿¡Qué!?
Pruden también lo miró sin entender nada. Volvió su mirada hacia aquella mujer que se intentaba controlar la furia en vano...
-Eeh... Se...señora, verá... Yo solo le seguí el rollo a este...
Desde el espacio exterior se oyó un alarido terrible:
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Y luego: ¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM!...
La madre de Onto le estaba pegando el palizón de su vida a Pruden... con una escoba...
-¡Mama! ¡Que es mi amigo imaginario! ¡¡Matarás a mi amigo imaginario!! ¡¡¡Maaamaaaaaaa!!!
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