jueves, 20 de octubre de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 4

                                          Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                                                El peligro está cerca…


Onto llegó corriendo, sudando y jadeando, con una tira de papel higiénico saliéndole por la parte de atrás de los pantalones, a la cocina, donde su madre estaba preparando la comida.
-¡Mama! ¡Mama!- La urgió, asustado y desesperado.
La madre de Onto suspiró.
-¿Qué te paasaa, Onto?- Dijo sin dejar de pelar las patatas.
-¡Mama! ¡Me quiere matar! ¡Está en contra de que siga vivo! ¡No está de acuerdo con el hecho de que respire!.. ¡Discrepa…!
-¡Vale, vale, ya te he entendido! A ver, ¿quién te quiere matar?
Onto tragó saliva.
-El váter.
La madre de Onto paró de inmediato con lo que estaba haciendo y golpeó con el cuchillo en la mesa.
-¡¿Ya estamos?! ¡¡¿Ya estamos?!!
-Pero mama…
-¡Ni peros ni calabazos! ¡¿Cuándo vas a parar?! ¡¡¿Cuándo?!!
-Pero, mama… el váter…
-¡Onto! ¡Tienes 42 años! ¡Ya es hora de que te des cuenta de que las cosas no son como piensas!
-Pero…
-¡No lo son! ¡Y ahora vete a dar una vuelta!
Onto, resignado, obedeció y salió al pasillo. Entonces miró al fondo, de donde había venido, y pudo ver en el interior del cuarto de baño, en la puerta, al váter con una mirada maliciosa y una boca abierta y sonriente formada por dos hileras de multitud de puntiagudos dientes, mientras portaba un cuchillo afilado de 20 centímetros en una mano y una granada de mano en la otra.
Lo último que se vio desde el cuarto de baño, mientras se cerraba la puerta, fue la mirada de terror de Onto y la mueca formada por su boca ahora torcida mientras temblaba de arriba abajo, antes de oírse un portazo y hacerse la oscuridad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario