6 WARRIORS
La escuela de artes marciales.
El sol comenzaba a descender. El cielo iba cambiando poco a poco de tonalidad a medida que el atardecer iba dando paso al anochecer. La nubosidad había aumentado a lo largo del día. Gavin se encontraba mucho mejor desde hacía unas horas gracias a la deliciosa comida que había tomado en la fonda. Lastima que no le hubiesen dejado terminar de comer…
Tras alejarse de aquel lugar, había buscado un lugar donde descansar un poco, y lo había encontrado a la sombra de un árbol en una zona apartada al oeste de la ciudad. A aquellas horas ya no había tanto bullicio por las calles. El único sonido que lo acompañó antes de quedarse dormido fue el de las aves, y el agua corriendo por diversos arroyuelos en dirección a amplios campos de arroz que quedaban más allá de las murallas, más bajas que donde se encontraba y que le permitía ver en la lejanía hasta las montañas que se perdían en la altura en un mar de brumas blancas.
Cuando hubo despertado, siendo “atacado” por los lametones de un perrito, cogió su bolsa y reanudó el camino, seguramente a aquellas horas menos vigilado, hacia el lugar al que quería llegar desde que emprendió su viaje hacía ya veinte días…
Atravesó una serie de calles en las que no había prácticamente ningún soldado imperial rondando. Se trataban de calles en donde vivía la gente más pobre de la ciudad. Por lo tanto no tenía ningún interés para las autoridades… Apenas vio a gente; tan solo niños sucios con ropas viejas y rotas jugando con lo primero que habían encontrado por el suelo; algún que otro anciano tirado en el suelo durmiendo apoyado en la pared de alguna casa que probablemente no sería la suya; y perros abandonados y gatos callejeros que buscaban comida desesperadamente en la basura…
Cuando no faltaba mucho para salir de la calle en la que se encontraba a una de las calles grandes, una niña muy pequeña se le detuvo delante, mirándolo con la boca abierta. Tenía una cara muy triste… y aunque no decía nada se veía que estaba hambrienta. Gavin se detuvo. Su expresión no varió bajo aquel sombrero de paja que le ocultaba la cara a excepción de la boca. Buscó en su bolsa un pequeño bulto envuelto en tela. Se trataba de una bola de arroz… La última que le quedaba.
-Toma- dijo tendiéndosela a la niña.
A la niña le brillaban los ojos ante aquel “tesoro”. La cogió y empezó a comérsela hasta que le quedó más o menos la mitad. Entonces miró a Gavin con ojos de inmensa gratitud y la cara llena de granos de arroz.
-¡”Acias”! ¡”Eto” para mamá! ¡”Ados”!- Dijo muy alegre antes de salir corriendo hacia su casa.
Gavin se quedó quieto unos instantes. En aquellos momentos no había nadie más en aquella calle.
-Yo no necesito más pruebas- dijo con rabia antes de seguir caminando.
Changshia era una ciudad bastante grande. Gavin tardó bastante rato en atravesar de oeste a este los barrios pobres… Y más todavía yendo después hacia el noreste; aquí había más viandantes… y más soldados. En su trayecto había visto claramente como miembros de bandas iban y venían tranquilamente sin que nadie les dijera nada. Gavin apretaba los dientes cuando pensaba en ello…
Poco a poco, a medida que atravesaba un sendero por una zona cada vez más libre de casas, había menos gente; tan solo aquellos que se dirigían de regreso a sus hogares. Cada vez había más árboles y más vegetación. En un momento determinado, el sendero seguía pero las viviendas ya quedaban atrás. Alrededor, extensiones de hierbas altas. No mucho más allá se divisaban las murallas. Y al fin, Gavin llegó a su destino: la escuela de artes marciales. O lo que quedaba de ella…
Llegó hasta sus murallas, frente a la gran puerta doble… que ahora consistía en un montón de tablones clavados.
Gavin miró a su alrededor. Nadie. Se dirigió hacia la izquierda encaminándose hacia un árbol solitario no demasiado alto y rodeado de hierbas especialmente altas. Gavin tanteó por el suelo con el pie. Lo encontró. Se agachó y apartó la tierra que cubría una portezuela de madera con una anilla de metal. La levantó y la portezuela se abrió. Ante él se extendía una escalera de madera. Era muy vieja y algunos cordeles estaban rotos. Aún así aguantaría… Gavin cerró la portezuela y comenzó a descender. No tuvo que bajar demasiado. Quedó frente a un pasillo de piedra por el que tendría que caminar agachado; llegaba luz del otro lado. Tras unos pocos metros se encontró ante otra escalera de similares características por la que ascendió. La portezuela de este lado estaba abierta y estaba al lado de otro árbol. Había entrado.
Se encontraba pisando la extensión de suelo de tierra que había sido usada en el pasado en los entrenamientos. Se dirigió al camino de piedra que iba de la puerta principal, parapetada con tablones y troncos de árbol, hasta el amplio edificio que constituía la escuela en sí.
La escuela bastante grande y tenía un piso superior. Gavin subió los breves escalones de madera que le llevaron al pasillo exterior del mismo material que rodeaba al edificio. Las puertas estaban abiertas. Antes de entrar observó que en varias zonas del pasillo el suelo presentaba desperfectos de distinta consideración, al igual que ventanas, zonas de las paredes, etc.
Entró en la sala de entrada. Estaba vacía. Y al fin se encontraba ante la puerta que llevaba a la sala de práctica, separada por una cortina muy sucia con el dibujo de varios dragones. Corrió la cortina y entró.
Un bombardeo de sensaciones y recuerdos le atravesaron al acceder a la amplia estancia. La sala también estaba totalmente vacía; varias ventanas rotas y mucho polvo como en la estancia contigua. Pero el suelo aquí estaba intacto. Alguien le dijo una vez que aquel suelo era especial para poder resistir los entrenamientos más duros…
Gavin no podía más. Dejó la bolsa apoyada en una pared y se sentó al lado. Y se pasó el resto de las horas pensando. Hasta que se quedó dormido.
A la mañana siguiente, Gavin despertó. Miró a su alrededor. Dejó el sombrero de paja y la capa de viaje al lado de la bolsa y salió al exterior. Hacía muy buen día. Se desperezó estirándose ante el sol brillante de la mañana.
Llevaba el pelo castaño oscuro, no muy largo, ligeramente despeinado; iba ataviado, con una camisa color verde oscuro con las mangas recogidas de color blanco, un cinturón de tela blanco, pantalones anchos negros y unas sandalias con calcetines blancos.
Entonces, se puso en posición de guardia y lanzó veloces puñetazos al aire con la mano derecha, terminando con un gancho lateral con la izquierda, tras lo cual lanzó igualmente rápidas patadas laterales con la derecha. Observó uno de los dos árboles que había a ambos lados del final del camino de piedra; luego el otro. Eran manzanos. Gavin sonrió. Primero desayunaría… y después se pasaría todo el día practicando.
La ciudad ya estaba totalmente despierta a aquellas horas. En una concurrida calle había muchos puestos de flores. Daban un amplio colorido al ambiente. Ante uno de los puestos, en el que una señora mayor atendía afablemente, se encontraba una joven de diecisiete años, que miraba atentamente el género.
Tenía el pelo largo y negro, y lo llevaba recogido en una cola; tenía los ojos azul claro. Era de estatura y constitución media. Llevaba una blusa larga de color azul oscuro, con las mangas de color blanco, cinturón delgado de color negro, pantalones no muy amplios de color rojo y zapatillas sencillas negras. Llevaba una espada a la cintura en una funda negra con adornos plateados. A su lado, en el suelo, tenía una bolsa de viaje con una correa para llevar al hombro.
Llevaba un rato intentándose decidir por un tipo de flores u otro, muy seria, ante la mirada paciente de la señora que no dejaba de sonreír encantada con su clienta.
Entonces la gente de alrededor comenzó a murmurar y a moverse muy deprisa. Se percibía preocupación y miedo. En pocos instantes la calle había quedado casi vacía. Tres tipos se acercaban, pavoneándose.
-Vaya, vaya… ¡Esto sí que está bien!- Dijo uno de ellos, el del centro, un tipo muy delgado, totalmente rapado, con ojos muy pequeños y semicerrados.
Los otros dos también estaban rapados del todo; parecían los seguidores del primero…
La joven no hizo caso y siguió mirando atentamente las flores mientras la señora temblaba de miedo mirando alternativamente a los tres tipos y a ella…
-¡Eh, tú! ¡Te está hablando el gran Abachang, el conquistador!- Dijo uno de los seguidores, más bajito y con un fino bigote.
-¡Sí, no te resistas!- Continuó el otro, el mediano y más delgado de los tres.
La joven no pudo reprimir una sonrisa y se rió ligeramente...
-¿Mmmm? ¿Me estás oyendo? Ven conmigo…- Dijo aproximándose con una mano al hombro de la joven…
-Si me tocas, lo lamentarás…- Dijo la joven secamente.
Los dos seguidores se escandalizaron ante la osadía de aquella inconsciente… Abachang sonrió maliciosamente y siguió con su intento de tocar a la joven… No llegó a hacerlo.
Los seguidores vieron pasar algo entre ellos a gran velocidad, y su jefe, Abachang, recorrió varios metros arrastrándose por el suelo hasta quedar quieto en medio del camino con los ojos en blanco y la boca abierta con varios dientes rotos… Los otros dos se giraron temerosos y vieron a la joven con la pierna izquierda estirada y la planta del pie en tensión. Se fijaron mejor en las pronunciadas curvas de aquella joven… Parecía que les iba a salir humo de las orejas. Se quedaron dudando unos instantes… Hasta que la joven bajó la pierna y se encaró a ellos con la mirada seria. Estos salieron huyendo…
La joven volvió al puesto y señaló unas flores ante la aún sorprendida señora.
-Estas.
No muy lejos de allí, en una calle más ancha, llena de gente que iba arriba y abajo, iba caminando el joven viajero de la capa blanca. Su expresión era… inexpresiva.
Más adelante, oculto por el gentío, un hombre de mediana edad, con el pelo y la barba enmarañados, tenía la hoja de un cuchillo apoyada en la parte baja de la espalda de un hombre algo mayor, con gafas y casi calvo, muy asustado.
-No hagas nada raro y dame todo el dinero que lleves. Si lo haces así no te haré daño…- Le decía mientras miraba de soslayo a su alrededor.
-Por favor… Lo que llevo es para comprar un poco de comida para mi familia… He trabajado muy duro para conseguirlo…- Suplicaba aquel pobre hombre.
-No me cuentes tu historia… Si te mato nadie se enterará hasta dentro de un rato y me llevaré el dinero de todas formas…
-Por favor…- Las lágrimas comenzaban a brotarle de los ojos…
Entonces se escuchó un golpe seco. El hombre notó como el ladrón se le echaba encima y cerró mucho los ojos temiendo el final… Pero el ladrón cayó al suelo con los ojos en blanco al tiempo que el cuchillo se le escurría de la mano. Extrañado, el hombre miró a su alrededor y no vio a nadie. Ni siquiera reparó en un joven viajero con capa blanca que se alejaba y se perdía entre la multitud…
La joven llevaba varias rosas blancas envueltas. Iba caminando por una calle transitada cuando, de repente, tuvo una sensación que la hizo detenerse. Miró a su alrededor y, tras unos segundos, prosiguió su trayecto.
En la escuela de artes marciales ya estaba anocheciendo. Gavin había estado entrenando todo el día. Primero hasta la hora de comer. Entonces dio buena cuenta de las manzanas de las que había hecho acopio a la hora del desayuno. Luego se había tomado una buena siesta… Y después había estado practicando hasta aquella hora. Estaba en el suelo, agotado, sudando y jadeando. Pero estaba muy satisfecho. Había llegado la hora de cenar… manzanas.
Ante las murallas de la parte oeste de la escuela de artes marciales, se encontraba la joven. Miraba atentamente hacia la zona alta de la muralla. Cogió una piedra de más o menos el tamaño de su mano y la lanzó a la zona que había estado observando. Un pequeño soporte de madera cedió dejando caer una cuerda que llegó hasta el suelo. La joven asió la cuerda y comenzó a ascender.
Gavin había terminado de cenar y se había quedado bastante a gusto… Entonces, cuando decidió que era hora de irse a dormir, algo le llamó la atención y comenzó a oler primero a su alrededor… y luego a su camisa.
-Creo que necesito un baño…
La joven había accedido al otro lado de la muralla cuando ya era noche cerrada. Había luna llena. Caminó un poco y llegó a un lugar lleno de vegetación, más apartado de la escuela. Atravesó el follaje y ante ella apareció una fuente termal rodeada de cañas verdes de bambú. El agua estaba humeante e iluminada por la luz de la luna. Dejó la bolsa en el suelo con las flores sujetas; luego la espada. Comenzó a desvestirse.
Gavin recordó las fuentes termales que había al noroeste de la escuela. A medida que se aproximaba advertía más claramente que había mucha más vegetación que la última vez que estuvo allí…
Las fuentes estaban divididas en dos zonas: una masculina y otra femenina. Pese a que Gavin había intentado en innumerables ocasiones acceder a la zona femenina… siempre se había quedado con las ganas al haber tenido que esquivar objetos que le venían volando a velocidades peligrosas…
-“Aprovecharé ahora”- se dijo decidido.
La joven había quedado completamente desnuda. Al avanzar hacia el agua con paso grácil, se soltó el pelo quitándose la cinta que lo sujetaba y lanzándolo sobre la demás ropa, cayéndole sobre la espalda y los hombros, y levemente en los pechos.
Entonces, cuando metió el primer pie en el agua, la cortina natural de hierbas altas que separaba las dos zonas se abrió de par en par y Gavin se encontró ante la joven. Ambos se quedaron paralizados. Gavin se había quedado impactado contemplando el cuerpo desnudo de la joven. A esta le cambió la mirada… ahora de furia. Salió a toda velocidad a ponerse la blusa y, quedándole abierta y cubriéndole apenas, desenvainó la espada. Con una mano sujetándose la blusa y con la otra empuñando la espada recorrió velozmente, rodeando la fuente, la distancia que lo separaba del todavía estático Gavin… Le embistió con el hombro tirándolo al suelo de espaldas y se subió encima de él aprisionándolo con las rodillas mientras seguía sujetándose la blusa que la cubría de manera muy justa y le ponía la punta de la espada en el cuello…
Gavin se fijó mejor en la joven.
-¡Yi!
Ya solo leyendo dibujo a Gavin en mi imaginación... A por el siguiente capítulo 😉
ResponderEliminar