domingo, 27 de julio de 2014

El fugitivo

El fugitivo



El inspector de policía Ethan Wallace se encontraba en aquellos momentos apoyado de espaldas –de brazos cruzados- sobre su abarrotado escritorio, mirando pensativo hacia el exterior por la ventana que había a un par de metros de donde estaba, por la que se veía el aguacero que estaba cayendo aquella noche… Hacía un rato que se había intensificado, habiendo hecho acto de presencia varios truenos que restallaban no demasiado lejos de la comisaría del distrito…
-“No podré irme todavía a casa”- se lamentaba el recién nombrado inspector, el cual llevaba todo el día dedicado a la ingente cantidad de papeleo que le había “caído” con el nuevo cargo…
Se giró y echó un vistazo a la pantalla del monitor del ordenador de su mesa: el fondo de pantalla ya hacía un buen rato que había aparecido; aquí y allá, sobre la superficie de madera, montoncitos de papeles más o menos organizados que estaba ya hartos de manipular…
Ethan era un tipo de 35 años, de altura y constitución medias; pelo castaño y ligeramente largo, barba de varios días y ojos verdes claro -y algo tristes-; vestía con camisa gris (arremangada en aquellos instantes), pantalones tejanos negros, cinturón marrón y botas del mismo color. No dejaba de mirar su cronógrafo de pulsera, del que se sentía particularmente orgulloso…
-Sí, ya es la hora- le habló una voz femenina -que conocía muy bien- desde detrás…
Era Gina. Como de costumbre, su presencia le alteró considerablemente.
-¡Ah! Hola. ¿Qué tal?- Le decía, a su pesar, como si se encontrara a alguien por la calle…- Aquí estoy…- Decidió que había llegado el momento de cerrar la boca…
Pero Gina sonrió. Ya estaba acostumbrada a la actitud despistada (más bien ausente) de su compañero; y no le desagradaba en absoluto…
Gina Matheson era una mujer joven de la misma edad que Ethan y ya hacía unos meses que había alcanzado el rango de inspectora; de altura y constitución en la media para una mujer, tenía el pelo largo y rubio dorado; sus ojos eran azules y su piel rosada; tenía un carita aniñada, pero unas formas bastante generosas; vestía unos vaqueros ajustados azul claro, un suéter abotonado verde (con una camisa blanca debajo con varios botones sueltos) y botas marrones con un poco de tacón; sus manos eran pequeñas y delicadas y en aquellos momentos llevaba unos expedientes y una taza de café…
-¿Quieres que te acompañe a casa? Fuera está diluviando…- Se ofreció la mujer, consciente de que su compañero (por alguna extraña razón) prefería el transporte público que traerse su propio coche…
Pero Ethan no se esperaba aquello.
-Eeeh… No. Te lo agradezco. Esperaré un poco a que escampe y me iré dando un paseo…- Ethan no sabía por qué lo había hecho, pero había actuado totalmente en contra de sus deseos…
Gina se quedó un momento callada, un poco contrariada.
-Vale. Como quieras. Estoy en mi mesa por si me necesitas- dijo -claramente decepcionada-, bajando la mirada  antes de seguir hasta su escritorio sin decir una palabra más…
Ethan la miraba mientras la mujer se alejaba, siguiendo su femenino e irresistible contoneo, con unas ganas increíbles de estamparse la mano en la frente…
El joven inspector estaba a punto de venirse abajo (más aún), cuando de pronto sonó el teléfono de su extensión… Estaba sonando el segundo tono cuando agarró el auricular.
-Diga. Aquí el inspector Wallace- todavía no se acostumbraba a decir esto…
Gina, al oírle, comenzó a lanzarle miradas disimuladas…
-Hola. ¿Policía?- Hablaba una voz grave de hombre.
Ethan vio cómo un nuevo relámpago allá afuera anunciaba la caída de otro rayo…
-Sí. ¿Puedo ayudarle en algo?
Al otro lado, aquel tipo parecía pensárselo durante unos instantes; Ethan estuvo a  punto de decir algo cuando el otro se decidió a hablar.
-Verá… Tengo… tenemos… Un problema- Ethan apreció algún que otro titubeo.
Desde el otro lado de la sala, Gina, alineando con unos golpecitos contra la mesa unos documentos, tenía la vista fija en Ethan, en sus gestos y expresiones…
-¿De qué se trata?- El inspector trataba de mantener la distancia, sin dilucidar su opinión personal sobre aquel tipo que no se sabía muy bien qué quería…
Gina ya no lo aguantaba más y se levantó de su silla para acercarse.
-Muy bien. No tenemos mucho tiempo- parecía que su interlocutor había ganado aplomo.- Le llamamos desde una unidad móvil de una sección gubernamental. Podrá comprobar nuestras credenciales en el correo electrónico que le hemos enviado a usted y a su superior- Ethan iba abriendo cada vez más los ojos a medida que escuchaba.- Necesitamos de su colaboración: vamos tras la pista de un fugitivo que, creemos, merodea por su distrito… va con una gabardina gris y sombrero negro…
Aquí Ethan tuvo que interrumpirle.
-Como la mayoría en una noche como esta…- Dijo, no sin cierta suspicacia.
El inspector estaba comenzando a pensar que aquello era una broma de sus compañeros…
-Cierto. Pero verá algo inusual en este individuo: va descalzo. Y es muy alto- añadió.
Aquello sonaba cada vez más raro.
-¿Descalzo? ¿Y no habrá encontrado ya un par de zapatos por ahí?- Dijo, con sarcasmo, y no sin sentido…
El individuo del otro lado de la línea se mostraba lo suficientemente paciente y comprensivo…
-Entendemos sus reticencias. Tan solo espere las órdenes de su superior. Confío en que nos ayudará- dijo, antes de colgar.
Ethan se quedó con la palabra en la boca. Con un montón de preguntas agolpándosele en la cabeza, ya prácticamente creía a aquel tipo misterioso… Gina terminó de acercarse, llamándole la atención el semblante intrigado de su compañero…
-¿Qué ocurre?- Se interesó la inspectora.
Ethan cayó en la cuenta de que, a pesar de lo de antes, ella estaba ahí ahora.
-No estoy muy seguro- contestó, inquieto.
Ethan le explicó a su compañera la extraña llamada que había recibido y lo raro que le parecía todo aquello…
-¿Y no podría ser una broma?- Dejó caer Gina…
Ahora sí que Ethan no sabía qué pensar. Aunque a lo mejor sí que lo era y la única que no lo sabía era Gina…
Pero todo comenzó a definirse cuando Ethan vio llegar a la sala al inspector jefe, caminando con el rostro sombrío directamente hacia él. Gina también lo vio y comprendió la expresión de su compañero: ella pensaba lo mismo.
-Voy contigo- dijo firmemente la joven inspectora antes de que Ethan pudiese siquiera reaccionar…

Ambos inspectores avanzaban con el coche policial a menor velocidad de la habitual por las calles de la ciudad, bajo aquel diluvio incesante que reducía de forma considerable la visibilidad…
-¿Y dices que va descalzo? No lo entiendo…- Dijo la mujer, extrañada.
Ethan escudriñaba a través del cristal, completamente húmedo -aunque estuviera funcionando el limpiaparabrisas-…
-Pues ya somos dos- dijo.
La verdad era que -aunque tratase de disimularlo- Ethan estaba encantado con que Gina se hubiese ofrecido a acompañarlo… Apenas transcurrieron unos segundos cuando algo, inesperadamente, pasó a toda velocidad por delante del vehículo…
-¡Maldita sea!- Exclamó Ethan, frenando de golpe y desviándose de la trayectoria de impacto…
Aunque, ya había desaparecido lo que quisiera que fuese aquello… De pronto se encontraban ambos, sobresaltados, en el coche detenido…
-¿Qué era eso…?- Preguntó Gina.
Ethan trató de recobrar la calma.
-¿Estás bien?- Le preguntó, observándola para ver que no estuviese herida…
Gina asintió varias veces, restándole importancia. Entonces, aún observada por su compañero (y como si quisiera escapar a su mirada), se quitó el cinturón de seguridad y salió al exterior del coche, donde llovía a mares… Ethan no fue ajeno a esta reacción “huidiza” de su compañera; hizo lo propio y salió del auto…
Afuera, bajo la insistente lluvia, ambos buscaron en los alrededores con la mirada, en busca de…
Allí estaba. Ethan no se lo podía creer. Era exactamente como se lo había descrito el tipo de antes: calándose bajo la lluvia, había una figura, alta, aparentemente masculina, ataviada con una gabardina y un sombrero, los cuales le venían visiblemente grande… estaba de pie, quieto, dirigido hacia los dos jóvenes inspectores…
-Ethan, ¿te has fijado?- Le llamó la atención Gina, señalándolo…
Aquel comprobó que su compañera también lo había visto; pero al ver que esta insistía, se fijó mejor en lo que realmente le estaba queriendo decir…
No tenía zapatos. Iba descalzo. De hecho, por lo que se intuía, la gabardina y el sombrero debían ser su único atuendo…
-¡Alto!- Le ordenó el inspector, haciendo uso de su renovada autoridad…
Pero aquel individuo no se movía. Ethan se dio cuenta de que parecía estar resollando… era muy raro…
Entonces, un vehículo cercano pasó justo al lado de aquel tipo, iluminándole momentáneamente la cara al casi rozarle…
Ethan abrió mucho los ojos. Gina también quedó impactada. Aquel individuo… le pasaba algo a su cara…; sus ojos… no eran normales…
Durante unos momentos, ambos inspectores de policía no supieron cómo reaccionar. Entonces recordaron cuál era su deber. Salieron corriendo a por él…
-¡Deténgase!- Volvió a ordenar Ethan mientras se aproximaban a toda velocidad atravesando la cortina de lluvia…
Aquel extraño individuo reaccionó y salió huyendo, aparentemente con fuerzas renovadas…
-¡Corre demasiado!- Dijo Gina.
Efectivamente, corría de un modo fuera de lo normal… No podrían atraparle a pie.
-¡Vamos al coche!- Le dijo Ethan a su compañera.
Regresaron al vehículo, empapados, y el inspector, tras pasarse una mano por la cara para quitarse el agua que pudiera, puso en marcha el motor…

Mientras Ethan conducía -tras haber encendido las luces y la sirena-, Gina se comunicaba con la comisaría pidiendo refuerzos…
-¡¿Cómo que tardarán un rato?!- Exclamó la inspectora, indignada…
Al otro lado, Trudy, la operadora de la central, aguantaba el chaparrón como podía…
-Lo siento… Alguien ha dado un aviso y la mayor parte de los que quedaban por ahí han ido a responder por el mismo…- Trataba de excusarse, innecesariamente…
Gina intentó calmarse…
-Muy bien, Trudy… Lo siento… Trata de conseguir que acudan a ayudarnos en cuanto puedan…- Le pidió, resignándose.
Trudy le aseguró que se encargaría de ello y entonces se cortó la comunicación. Gina se quedó mirando el aparato comunicador que tenía en la mano, extrañada…
-¿Trudy…?- La llamó, sin obtener respuesta.
Sin darle más importancia, colocó el transmisor en su sitio y miró a Ethan, que estaba concentrado en la conducción…
-Parece que tendremos que encargarnos de esto nosotros solos…- Concluyó este, antes de que Gina dijera nada…
Entonces, más adelante, lo volvieron a ver; surgiendo de la oscuridad para internarse en un callejón más oscuro aún…
-¡¿Le has visto?!- Lo alertó Gina, olvidando durante un momento que su compañero estaba conduciendo con visibilidad ostensiblemente reducida…
Pero Ethan también le había visto. Mantuvo la calma a pesar del ímpetu de su compañera y pudo seguir controlando el vehículo sobre aquel asfalto húmedo y resbaladizo…
Hasta que el coche policial se caló.
-No puede ser…- Decía Ethan, incrédulo…
Trató de encender el motor varias veces… sin éxito.
-Tendremos que ir a por él desde aquí- dijo Gina.
Ethan asintió, totalmente de acuerdo…

Ambos inspectores notaban cómo se mojaban los zapatos cada vez que daban un paso sobre uno de los múltiples charcos del suelo… ya se aproximaban al callejón…
-¡Yo iré delante! ¡Tú cúbreme!- Le “ordenó” Ethan a su compañera.
Pero esta no discutió y se limitó a preparar su arma…
Ahora ya no corrían; avanzaban lentamente y con cautela… Desde su posición podían comprobar que se trataba de un callejón sin salida… Ambos trataban de divisar algo en aquella oscuridad sucia y maloliente…
De pronto, Gina vio cómo una forma, inexplicablemente, se materializaba de la nada justo al lado de su compañero…
-¡Cuidado!- Intentó avisarle…
Pero no le dio tiempo a reaccionar. Con un golpe del largo brazo de aquel tipo, el arma de Ethan voló de sus manos y este se tambaleó ligeramente; otro golpe con el otro brazo hizo que el inspector cayera al suelo salpicándolo todo de agua…
-¡No se mueva!- Ordenó Gina al desconocido…
Este la miró. Su expresión quedaba oculta bajo aquel sombrero que llevaba ligeramente ladeado… Gina le apuntaba y aquel tipo se había quedado parado…
Entonces Gina abrió los ojos de par en par: ese individuo… ¡estaba despareciendo! ¡¿Cómo era eso posible…?! La inspectora miraba alarmada a su alrededor, buscando dónde se habría metido…
De pronto, cuando Gina miraba ya hacia la salida del callejón para asegurarse de que no hubiera huido, el individuo misterioso se materializó a su espalda… A Gina no le dio tiempo a darse cuenta cuando aquel la golpeó por la espalda, provocando que la joven inspectora cayese de rodillas, perdiendo su arma en un charco cercano… Le dolía mucho la espalda… era muy fuerte… Rápidamente se giró y vio como la imponente figura de su agresor la comenzaba a envolver en la negrura…
Entonces, aprovechando que se había olvidado de él, Ethan surgió de la oscuridad salpicada de gotas de lluvia y golpeó con los dos puños entrelazados en la nuca de aquel maldito… Ambos inspectores comprobaron que este perdía el sombrero. Casi no podían distinguirle bien, pero ya veían que tenía algo diferente
Veloz, Gina recuperó su arma y apuntó de inmediato al fugitivo… Ethan estaba detrás de él, aún desarmado… Aunque no le dio tiempo de ir a recuperar su arma.
-¡Deténganse!- Exhortó una voz de hombre que Ethan tardó apenas unos segundos en reconocer.
Era el tipo que le había llamado antes. Aparecía en la entrada del callejón, escoltado por otros cinco individuos, todos vestidos de manera similar: gabardinas y sombreros, gris oscuro, pudiendo vislumbrarse el traje típico de la Agencia en todos ellos… El que había hablado dio un paso adelante.
-Nosotros nos encargamos- dijo, dirigiéndose a Ethan con una sonrisa forzada…
Aquel era un tipo casi en la cincuentena, más alto que la media y de complexión fuerte, de pelo negro y corto, ojos del mismo color y, a pesar de todo, afables, de nariz prominente y cara cuadrada. Ethan recuperó su arma.
-¿Quiénes son ustedes, exactamente? ¿Y quién es este individuo?- Quiso saber, dirigiéndose al otro, que estaba estático y cabizbajo…
El que mandaba sobre los demás se puso serio.
-Le agradecemos su colaboración, inspector Wallace. Pero hasta aquí llega su intervención y lo que puede saber sobre este asunto- le advirtió, casi como un amigo…
Pero Ethan no estaba conforme. Y Gina (que se sentía ignorada) tampoco.
-Merecemos una explicación. Lo que hemos visto…- Comenzó a protestar.
Pero enseguida se vio interrumpida.
-No han visto nada- sentenció el tipo.
Y, con un gesto de la mano, los otros cinco se dirigieron al unísono hacia el fugitivo, llevándolo hacia un furgón aparcado cerca de allí sin que este ofreciera resistencia… Ethan y Gina tuvieron que apartarse para no ser arrollados por aquellos tipos impetuosos…
-Gracias por todo- dijo aquel hombre, con una leve reverencia de la cabeza, a modo de despedida.
Mientras subían al fugitivo, Ethan y Gina se acercaron lentamente a la salida del callejón para ver mejor la escena: ya habían terminado de subirle y cuatro de los cinco tipos se habían sentado alrededor de él, ya que el quinto ocupó el puesto de conductor; el último en subir fue su líder, que se puso justo a su lado…
Entonces, Ethan vio que aquel fugitivo levantaba la vista… y lo miraba a él, suplicante. En ese momento el joven inspector le vio claramente la cara: no parecía humano. Tenía los ojos totalmente negros y almendrados; y la tez grisácea… El tipo que ordenaba que arrancaran, se cruzó la mirada con la de Ethan, comprendiendo de inmediato lo que este ahora estaría pensando… Lo último que vio el inspector de policía fueron los ojos culpables del agente antes de que se cerrara la puerta del furgón…
Ambos inspectores, impotentes, observaron como el furgón se marchaba. Entonces se dieron cuenta de que ya había dejado de llover… Gina se giró y vio la expresión de decepción de su compañero. Y no lo pudo soportar…
-Oye. ¿Tienes hambre? Te invito a unos churros con chocolate en la primera cafetería que encontremos de vuelta a la comisaría…- Se ofreció, vivaracha, la mujer.
Ethan, al oír aquello, no pudo evitar sonreír y sentirse mejor…
-Vale- aceptó.

En el interior del furgón, el jefe de aquel grupo miraba a los demás: parecían robots, fríos e impersonales. El fugitivo estaba a su lado, sin moverse y sin decir nada. El furgón se detuvo.
-¿Y por qué esta cosa va siempre descalza?- Preguntó uno de los agentes al que tenía a su lado, con tono bronco y despreciativo…
El interpelado miró al referido también de forma despectiva.
-Al parecer tiene que ver con la regulación de su temperatura corporal… parece ser que, si llevara calzado, eso pondría en riesgo su salud… ¿no es una pena?- Añadió burlonamente…
Entonces, sin mediar palabra, el agente que los lideraba, sacó su arma y comenzó a disparar uno a uno a los cuatro tipos que había en aquel reducto, que fueron pillados desprevenidos… Cuando el conductor, alertado por los disparos, abrió una ventanilla para ver qué había pasado, recibió un disparo en la frente… En medio de la humareda, el fugitivo miraba con la boca abierta los cuerpos sin vida de sus captores… El otro, sin decir una palabra, abrió las puertas de la parte trasera del furgón…
-Vete- le dijo, dirigiéndose a él.
Aquel no se lo podía creer. Sin apartar la vista de aquel hombre extraño, no se lo pensó dos veces y salió del vehículo… Se giró una última vez para cruzar la mirada con aquel humano que lo estaba ayudando antes de emprender la huída hacia no sabía dónde…
Cuando el agente comprobó que se había perdido de vista, bajó del furgón, esbozando una ligera sonrisa al pensar dónde iría a pasar su jubilación anticipada…
Entonces cogió su teléfono móvil e hizo una rellamada. Al cabo de unos segundos le respondieron.
-Señor Wallace. Creo que hay algo que debería explicarle…

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